Hace treinta y dos años abría Sancho Panza y se ubicaba en una de las esquinas más transitadas de Monte Grande. Allí en Ameghino y General Rodríguez se forjó la historia de este local que supo proveer de mercadería a cientos de vecinos.
Luis Zicavo, también conocido como Sancho, fue el encargado de convertir en histórico al comercio. Arrancó vendiendo productos típicos de almacén y tras el rápido asesoramiento de un vecino almacenero de Lomas de Zamora donde vivió toda su vida, aprendió a deshuesar las patas de jamón que vendía en la semana.
Otro de los atractivos de Sancho Panza (bautizado así luego de una charla entre Luis y su sobrino), eran los inmensos pollos al spiedo de dos kilos y medio con los que las familias montegrandenses llenaban sus mesas.
Pero no fue hasta diecisiete años más tarde que el negocio incorporó a su menú las tradicionales pizzas y empanadas de la casa de comidas Noi, otro histórico referente gastronómico de la zona que cerró luego de la crisis de 2001.
Otro de los atractivos que invitaban a los vecinos a quedarse largas horas en la puerta del local eran las mesas al aire libre. Hoy, algo sumamente común, en ese entonces era una cualidad que no todos los negocios tenían. Poder compartir una coca o una cerveza entre amigos al aire libre, se volvían irresistibles.
Hace dos años, cuando el diario lo entrevistaba, Luis decía Tengo mis clientes habituales. Soy como los de antes y le sigo fiando a quienes no llegan a fin de mes porque me compran desde la época en la que tenía pelo.
La situación, hoy, es distinta. El precio del alquileres y los servicios, además de la competencia en la zona hicieron que Luis tenga que tomar la peor decisión: la de cerrar el local. Vinieron 45 mil pesos de alquiler más otros gastos, es insostenible. Aparecieron muchos locales que venden pizzas a menos de $100 y también se vuelve difícil de competir. No tenemos manera de seguir costeando el local.
El viernes fue el último día que el local abrió sus persianas. Las anécdotas, los chistes y las historias quedaron enterrados detrás de los carteles que advierten que el comercio está en alquiler.






