Esteban Echeverría

Quinta La María Elena, de gueto mafioso a casa de Justicia

El caudillo de Avellaneda, Alberto Barceló, le dio al edificio una mística de tradición de la Buenos Aires de 1930. Juego, trata y negocios. Hoy, a casi 100 años de que se construyera fue remodelada y dio lugar al Polo Judicial local.

Quinta La María Elena, de gueto mafioso a casa de Justicia
El Diario Sur

A principios del siglo XX, en Esteban Echeverría se instalaba un personaje icónico de nuestra historia, por sus misterios, por sus controversias, y porque dejó uno de los patrimonios edilicios más arraigados en la memoria de los vecinos. Estamos hablando de Alberto Barceló, un jefe comunal de la ciudad de Avellaneda vinculado con todo tipo de negocios oscuros, trata de personas, prostitución y juego ilegal.  

Donde desde hace ya más de 5 años funciona el Polo Judicial descentralizado de Esteban Echeverría alguna vez existió una quinta bautizada La María Elena, atractiva no solamente por su inmensa estructura, sino también por los misterios que ocultó durante los primeros años de vida. Ubicada en la esquina de Enrique Santamarina y Recondo, al final de la década de 1920 fue que Barceló se instaló por recomendación del médico de una de sus hijas, María Elena Barceló, que padecía tuberculosis por lo cual le habían recomendado pasar sus días en las afueras del conurbano, disfrutando del aire fresco que caracterizaba la ciudad de Monte Grande de entonces.  

Alberto Barceló fue intendente de Avellaneda por el Partido Conservador y tuvo un mandato cargado de violencia y clientelismo. Terminó su último mandato en 1940, sobre el final de la denominada, más tarde en la historia, Década Infame. Avellaneda, punto neurálgico de las principales industrias y frigoríficos crecía implacablemente aunque muy desordenada. Además, su figura estuvo siempre vinculada a la de negocios con el juego ilegal, la trata de personas, y una estructura mafiosa con relaciones estrictas con la policía.  

Por un camino distinto al de la enfermedad de la hija de Barceló corre la versión de que el objetivo final de instalarse en la Monte Grande de 1930 era tener un lugar alejado de Avellaneda donde celebrar grandes festejos, reuniones de política y negocios. A partir de esta teoría es que se fundaron los rumores de uno de los misterios más grandes de Monte Grande: los túneles de la quinta de Barceló.  

No está comprobado empíricamente la red de túneles haya existido. En 2013, un grupo conformado por arqueólogos e historiadores, fueron en busca de los famosos “túneles de Barceló”, al mando del arqueólogo urbano, Dr. Marcelo Weissel y el ex Director del Museo “La Campana” y actual de Cultura, Lic. Leonardo Rodríguez Parise (UMSA), dieron con un único túnel. Las leyendas hablaban de múltiples túneles que llegaban desde debajo de la quinta a otras propiedades del barrio. Quienes sostienes que toda esa red de túneles efectivamente existió, explican que fueron tapados muchos años después de la muerte de Barceló, en 1946.  

Cuando el caudillo de Avellaneda falleció la quinta quedó en manos de Salomón Salum, y llegó a ser sede de dos bancos: el banco de La Plata, y el Banco de Intercambio Regional. La bóvedas de estos dos bancos estaban en el subsuelo de la quinta, y se cree que las paredes de hormigón de esas enormes cajas de seguridad conducirían a los túneles, tapados por obvias razones de seguridad.  

Luego de que estos bancos abandonaran la propiedad, pasó décadas y décadas de abandono. Una casona llena de mística y cuentos urbanos. Jóvenes adolescentes incluso ingresaron durante años a modo de transgresión vandálica, alcanzando niveles de tradición.  

En el año 2008, en presencia del entonces gobernador de Buenos Aires, Daniel Scioli, el intendente de Esteban Echeverría Fernando Gray anunció que el edificio sería expropiado a manos del municipio para convertirlo en lo que hoy es el Polo Judicial descentralizado, con Fiscalías, Juzgado de Garantías y una Defensorías, descentralizadas del departamento judicial de Lomas de Zamora.