SOCIEDAD

La historia del vecino que vende comida en Alem para poder ir a la facultad

Se llama Alex Tronchin y comenzó la carrera de licenciatura en Historia en la UBA. Se las ingenia con trabajos informales mientras busca un empleo fijo.
martes, 27 de agosto de 2019 · 18:52

Alex Tronchin es vecino de Luis Guillón, Esteban Echeverría, tiene 18 años y está a pocos meses de terminar el secundario. Al mismo tiempo adelanta materias del CBC en UBA XXI, lo que son sus primeros pasos en la carrera de licenciatura en Historia, pero al comenzar se encontró con que no podía solventar los gastos de los estudios extra y por eso salió a vender pan casero, tortas fritas y otros bocados que ofrece todas las tardes en la principal calle comercial del distrito. 

En el recipiente donde lleva sus productos Alex colocó un cartel que indica a los clientes para qué destina el dinero que gana trabajando: "Con su compra me ayuda a pagar las fotocopias de la facultad", anuncia el humilde letrero, escrito con fibra sobre una hoja rayada de carpeta escolar. Al ver esto, una clienta le tomó una foto, la subió a su Facebook y a las pocas horas se volvió viral. 

"La chica que me sacó la foto me dijo que me iba a hacer viral; justo fue la primera vez que vine a vender a la mañana en Monte Grande. A veces vengo en ese horario porque no me queda otra, tengo que faltar a la escuela pero se vende mucho más que a la tarde", cuenta Alex a El Diario Sur desde Alem, con su delantal puesto y atento a los pedidos de los clientes. 

A pesar de su corta edad, Tronchin nunca se quedó de brazos cruzados y buscó salidas en diferentes trabajos. Vendió junto a su novia de forma independiente ropa, zapatillas, bijouterie, trabajó en un supermercado chino y ahora está asociado con otro vecino para vender comida. Anteriormente lo hizo en plazas de Guillón, pero desde las últimas semanas comenzó a hacerlo en el centro de Monte Grande. 

Si bien Alex está contento por lograr mantenerse gracias a la venta ambulante, no deja de insistir con entregar su currículum en locales, comercios y empresas de la zona, esperanzado con un trabajo fijo y en blanco. Además de su pasión por la historia y su predisposición para adaptarse a cualquier labor, el joven tiene experiencia como modelo: realizó varios desfiles y producciones fotográficas. 

En cuanto a lo académico, su vínculo con las ciencias sociales fue un suceso casual: "Cuando estaba en segundo de secundaria me llevé historia y geografía, y estudiando me di cuenta de que la materia era buena, me empezaron a gustar los contenidos, pero me atrapó sobre todo la Guerra de Malvinas. Entonces decidí estudiar eso, y desde hace dos años sé que quiero ser profesor", explicó. 

Entre respuesta y respuesta, Alex va vendiendo rápidamente los productos que lleva en su canasta. Todos miran tentados a las especiales donas de chocolate, el snack más codiciado por los chicos que recién salen del colegio. Un vecino lo mira fijo, piensa, y le grita al paso: "¡Te felicito! Saliste en todos lados", mientras Alex agradece y se gira para concluir con una reflexión acerca de su experiencia en la calle y en el aula: "A mi me parece que nunca hay que dejar de estudiar, menos si es para hacer lo que te gusta". 

 

 

 

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