Diego Peretti y Guillermo Francella interpretan en su película El Robo del Siglo a Fernando Araujo y Mario Vitette respectivamente, ambos artífices del meticuloso asalto a la sede del banco Río de Acassuso en enero del 2006. Ocho años después de esto la historia se repetiría, esta vez en Monte Grande, pero a centímetros de alcanzar el botín los presuntos delincuentes fueron atrapados por la policía. El recuerdo del robo del siglo que no fue, y el misterioso Ladrón de las Orquídeas que nunca apareció.
Por entonces, los locales comerciales que se utilizaron para ejecutar el plan, ubicados en Cardeza 45, en pleno centro, eran solo uno más de los muchos sectores prometedores para iniciar un emprendimiento. Allí se montó en octubre de 2013, sin levantar sospecha alguna, un modesto vivero.
La fachada resultó la cortina perfecta: los delincuentes se movieron con la mayor tranquilidad durante días, en los que no dejaron de sacar volquetes y volquetes de tierra. Nadie que haya visto esa escena pensó que aquellos trabajadores estaban cavando su camino hacia millones de dólares enterrados en la bóveda de la sucursal.

Pero si la cortina del plan funcionaba a la perfección, incluso con el riesgo de estar robando un banco a 30 metros de la principal comisaría del distrito, ¿qué falló? Se podría decir que lo que le cortó la cabeza al plan fue una traición, o la falta de confianza. Pero, así y todo, los verdaderos culpables supieron retirarse a tiempo.
Una persona que sabía del plan se cree que fue un hombre al que dejaron afuera del robo, pero nunca se pudo comprobar levantó el teléfono, dio aviso a la policía y, sin más, cortó.
La investigación duró menos de 24 horas. Efectivos de la Policía Bonaerense montaron una guardia encubierta y detectaron movimientos en el vivero durante horarios no comerciales. Allanaron el local y se encontraron con el túnel.
En el momento del allanamiento se detuvo a cinco personas, de las cuales tres eran albañiles que de casualidad pasaban por el lugar y fueron liberados rápidamente. Los otros dos, el dueño del local y un pintor, terminaron tras las rejas. De este último nunca trascendió la identidad, pero el comerciante resultó ser Alejandro De Maio, dueño de la pizzería El Grillo. Lo liberaron cuatro días después de su detención.
Al poco tiempo hubo otro llamado, que causó más desconcierto aún. Se trata del autodenominado Ladrón de las Orquídeas, quien sería el cerebro del plan. Sobre él se encargará la segunda entrega de esta historia.







