AUCKLAND, NUEVA ZELANDA

Valentina Leoz es de Monte Grande y llegó a Nueva Zelanda el 23 de febrero, cuando el coronavirus parecía un problema lejano. Proyectó pasar al menos un año allí, pero la coyuntura hace que la vida en este país se le esté dando más cuesta arriba de lo que esperaba: Llevo un mes acá y por ahora no consigo trabajo por más que me postulo. La realidad es que antes del coronavirus había trabajo por todos lados, así que tarde o temprano se me va a complicar porque no tengo trabajo y tengo que vivir, explica Valentina en diálogo con El Diario Sur.
Es que la mayoría de los extranjeros jóvenes que llegan a Nueva Zelanda se insertan en el mercado laboral a través de uno de los fuertes de ese país: el turismo. Pero la industria quedó paralizada con el cierre de fronteras y el pánico por el Covid-19.
Nueva Zelanda registra 11 casos positivos, y si bien ya se están tomando medidas preventivas, la vida social todavía se mantiene en pie: Acá sigue todo abierto: cines, teatros, eventos, bares. Recién ahora está habiendo un poco más de tensión y nos piden que nos cuidemos entre todos. Por lo general la gente acá es bastante responsable, cuenta Valentina, y concluye: Si se complica más esto yo no puedo volver a Argentina y eso es algo que a veces da un poco de inseguridad.
MADRID, ESPAÑA

Tomás Procopio no tiene otra alternativa que salir a trabajar todos los días. Es empleado de un laboratorio médico en la capital española desde noviembre, cuando se instaló en el país europeo con su novia, y a pesar de que uno de sus compañeros de trabajo se contagió con el virus pandémico le mantuvieron sus horarios laborales de forma presencial.
No se vive con miedo, pero sí tomamos precauciones. En cada lugar que entramos o salimos nos lavamos bien las manos, se sale con barbijo y guantes Por la calle no se puede andar mucho porque te paran y te hacen una multa. Yo salgo con un certificado de empleo que dice que tengo que salir a trabajar, explica Tomás desde Madrid en conversación con este diario.
FUJIÁN, CHINA

Luchi Zheng es vecina, comerciante de El Jagüel y mamá de Erik, Valentín y Emma. Los cuatro llegaron a China para visitar a su familia el 1 de enero, justo el día en el que se anunció el brote del coronavirus. Tenían programado volver de sus vacaciones el 12 de marzo, pero cancelaron su vuelo y finalmente regresarán el 28.
Luchi llegó a estar más de 30 días sin salir ni una sola vez a la calle, al igual que sus hijos, para prevenirse de un posible contagio. Estamos encerrados en la casa pero tenemos comida. Se puede ir al centro, pero si no es necesario nadie sale de su casa. Además está todo cerrado, la calle es un desierto, no pasa ni un auto. Lo único que está abierto son los bancos, hospitales y mercados, contó Luchi a El Diario Sur a fines de febrero, mientras sufría la entonces epidemia del otro lado del mundo, a solo 700 kilómetros de distancia de Wuhan, la provincia epicentro del Covid-19.
Ya fuera de peligro y con la enfermedad controlada en su país natal, Luchi y su familia cuentan los días para regresar a su hogar de El Jagüel, donde familiares, amigos y vecinos los esperan con los brazos abiertos luego de la claustrofóbica odisea que les tocó atravesar.
BARCELONA, ESPAÑA

El 8 de marzo, en España, unas 120 mil personas se reunieron para manifestarse por el Día de la Mujer, en una marcha histórica que fue alentada por el gobierno y sus representantes. En paralelo, la cifra de contagiados por coronavirus en ese país tocaba ese día los 400 casos.
Ahí está Yanina Ramos. Ella es periodista y vivió en Luis Guillón hasta mayo del año pasado, cuando se mudó a Barcelona. En noviembre se quedó sin trabajo y hasta hoy sigue desempleada, ya que la mayoría de las industrias españolas se congelaron con la llegada del virus. Sin esta atadura laboral, Yanina permanece en aislamiento desde hace días.
No se puede salir a la calle. Incluso si la policía te ve, te para y te pregunta a dónde vas, cuenta Yanina desde España.
Sobre cómo se está viviendo la pandemia, cuenta: Yo no veo nerviosismo en la gente. La verdad que la cuarentena se está cumpliendo, en la medida de lo posible, ya que hay algunos que siguen yendo a trabajar. Preocupación puede ser que haya, pero no queda otra que esperar.






