SOCIEDAD

Adrian Rojas, el vecino de Monte Grande que alimenta a los más necesitados durante la crisis en España

Cerró su local hace tres semanas y todos los días reparte un plato de comida para los que menos tienen. El avance del coronavirus y las falencias del gobierno dejaron desamparadas a miles de personas con bajos recursos.
miércoles, 25 de marzo de 2020 · 13:05

Todos los mediodías, Adrián Rojas abre las puertas de la carnicería que tiene en Madrid y reparte gratuitamente un centenar de platos de comida a los vecinos más postergados de la ciudad, en medio de la crisis sanitaria mundial por el coronavirus. Él nació en Monte Grande, y desde hace una década vive en el corazón de la capital española, un lugar que hoy describe como “una película de terror”.

Si efectivamente esta pandemia fuera una ficción, Rojas podría ser el héroe, pero no lo es. Él no se siente así. Adrián es un cocinero que, en soledad, todos los días sale a hacerle frente a la ausencia del Estado en España, ante una crisis que se ha subestimado y que hoy ya cosecha miles de muertos y enfermos en todo el país.

El comercio de Adrián está ubicado en el barrio de Malasaña, el equivalente a San Telmo en la Ciudad de Buenos Aires. Hace casi tres semanas que decidió cerrar por el avance del Covid-19, pero en sus ollas no se dejó de cocinar.

Todos los días prepara platos e improvisa una suerte de tobogán con dos tablas de madera, sobre la que desliza ida y vuelta las viandas para todas las personas que se acercan a buscar algo para comer.

¿Por qué pasa esto? Con la llegada del coronavirus en Madrid se cerraron los centros sociales, y quienes están en situación de indigencia no tienen a dónde ir. Solamente se les está entregando una ración de Telepizza, la versión fast-food de esta comida en España. Así las cosas, Adrián tomó la decisión de hacer algo al respecto con los recursos que tiene.

Todo el equipo de Casa 28 está compuesto por vecinos de Monte Grande.

“La cuarentena es fácil si tenés una casita, estás con tu mujer y tu hijo, con internet y la heladera llena. Yo me podría quedar encerrado con mi hijo, pero no me sale, no puedo si está pasando esto. El gobierno le dice a la gente por Instagram que son héroes lavándose las manos cuatro veces al día, ¿y el que no tiene casa ni agua? Vos decime que esta gente va a comer bien, y ahí yo me quedo en casa”, reflexiona Adrián, en diálogo con El Diario Sur desde el otro lado del Atlántico.

El montegrandense sabe que se está exponiendo, aunque toma todos los recaudos sanitarios para cocinar y repartir la comida, pero cree en la idea de que la población podría hacer algo mejor que solamente permanecer en casa para combatir el virus: “Aquel que se queda mirando Netflix está igual de bien que el que sale a repartir comida, no quiero juzgar a nadie. Pero acá hay gente que quiere ayudar y no sabe cómo, por eso tendrían que poner listas de voluntarios, brigadas ciudadanas”, dice, apuntando hacia otra falencia de la gestión gubernamental española sobre la pandemia. 

Adrián sigue con un ojo puesto en Argentina, y sobre todo en Monte Grande, donde vive su familia: “Alberto Fernández me parece muy claro con lo que dice, se ve que transmite tranquilidad con las medidas que toma”, opina, a la vez que desea que nuestro país no corra la misma suerte que España.

Un hombre espera a recibir su almuerzo en la carnicería de Adrián. Foto: Somos Malasaña.

El cocinero de 34 años dejó Monte Grande hace poco más de una década. Fue alumno del colegio Grilli Monte Grande -su casa era el actual jardín de esta institución- y siempre se dedicó al mismo trabajo, en restaurantes como Piú. Primero se mudó a Brasil, donde conoció a su esposa, y más tarde emigraría hacia España. Hace nueve meses fue papá.

En Malasaña abrió el año pasado su primer emprendimiento propio, Casa 28. El lugar es “un mix de carnicería y barra de degustación”, y lo más particular: todos los que trabajan ahí fueron vecinos de Monte Grande. Ellos son Patricio y Joaquín Molina, Agustín Barraza y Victoria Starke.

Antes de terminar la entrevista con El Diario Sur, Rojas cuenta: “El día que yo ponga la hoya y no venga nadie, ahí voy a estar contento”. Detrás de lo utópico de la frase está la fortaleza y el empeño por ayudar a esas personas invisibles, “que no están en Instagram ni usan hashtags”, como describe Adrián. “Ahora es momento de unirse y prepararse para lo que viene”, concluye el vecino de Monte Grande.

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