Los choferes Lihuel Ciucio y Diego Álvarez comparten varias cualidades. Ambos trabajan en la Empresa Monte Grande desde hace siete años, y lo hacen el mismo ramal: el 394 Aeropuerto. En las últimas semanas, también, atravesaron la misma incertidumbre de ser considerados "casos sospechosos" de Coronavirus.
Ciucio fue agredido y escupido en el rostro por un hombre recién llegado de Brasil, mientras que Álvarez presentó dos síntomas de la enfermedad y fue sometido al test e internado.
"Fueron los peores 14 días de mi vida", cuenta Ciucio. Ya con la cuarentena declarada, este chofer había levantado a un pasajero con valijas en mano del aeropuerto: "Al principio pensé que había perdido el vuelo, pero después él mismo me dijo que había llegado de Brasil hace dos horas. Así que paré en la subcomisaría 25 de Mayo para preguntar si el pasajero tenía que estar aislado o podía estar en el transporte público", explicó el chofer.
Esa situación se tornó en pura tensión, y el hombre recién bajado del avión, enojado, escupió en la cara al chofer: "Me quedé totalmente paralizado", contó. Tanto él como los ocho pasajeros que estaban a bordo fueron trasladados inmediatamente al Hospital Santamarina para que se active el protocolo y entren en cuarentena.
Así, Ciucio fue aislado en su casa, donde solamente se le acercaba un familiar para acercarle comida: "Tenía terror. Se junta el miedo y la ignorancia de no saber que puede pasar o si podés contagiar a un ser querido, no se lo deseo a nadie", confesó en diálogo con El Diario Sur. Finalmente pudo terminar su cuarentena y se descartó el contagio.
El segundo caso sospechoso fue el de Diego Álvarez. Este conductor empezó con molestias en la garganta, y después a ese dolor se le sumó la fiebre; dos síntomas enmarcados dentro de la enfermedad del Covid-19. "Cuando le dije a la prepaga que entraba con el colectivo al aeropuerto activaron el protocolo inmediatamente. Me internaron en la Clínica Modelo de Lanús y me hicieron el test", explicó Álvarez.
Entre el colapso de casos a analizar que tenía el Instituto Malbrán y un feriado en el medio, el chofer pasó siete días esperando el resultado del hisopado, que finalmente fue negativo: "Fue un momento de incertidumbre y miedo; no me tranquilicé del todo hasta que vinieron con el alta en la mano porque no sabía lo que me esperaba ni cuánto iba a durar". Tras confirmarse que no tenía Coronavirus, pudo volver a su casa.
Otra cuestión en la que también coinciden estos compañeros de línea es su opinión sobre el rol de la Empresa Monte Grande en su dura experiencia: "No se olvidaron de mí ni un solo día, estuvieron ahí con todo lo que necesitaba y también tienen todos los cuidados con los colectivos", explicó Álvarez.
"La empresa nos aseguró alcohol en gel, barbijos, la desinfección de los coches. Se portaron de diez con todos. Hay otras empresas que no tienen nada de esto", agregó Ciucio.
Ahora, ya con la tranquilidad de no haber sido contagiados, los conductores han vuelto a sus puestos de trabajo con las medidas de seguridad necesarias. Detrás del volante y al frente de los colectivos, seguirán firmes en su labor para garantizarle el servicio a todos los que necesitan tomarse el transporte público para moverse en la ciudad.






