Javier Molina tiene una energía contagiosa; siempre está muy activo y con sus manos ocupadas en algo. Hoy más que nunca se podría decir que no para un segundo: desde la primera hora de la mañana hasta bien entrada la tarde trabaja restaurando muebles en su carpintería de Monte Grande, y por la noche cocina para cientos de vecinos en las ollas populares que empezó a organizar durante la cuarentena. En el medio, con la ayuda de La Leona, su esposa, también se encarga de conseguir donaciones.
Este vecino viene de una familia de gastronómicos. Su padre fue uno de los fundadores del restaurant Piú, donde Molina aprendió el oficio de cocinero. Luego él también tuvo su propio comercio: Me cansó, fueron 25 años de hacer lo mismo. Pensé que nunca mas iba a volver a cocinar fuera de mi casa, admite Javier en diálogo con El Diario Sur.
Si bien hace ya una década que solo cocinaba para su familia, la situación crítica actual lo conmovió y decidió volver a las grandes ollas. Desde que empezó con la idea, ya repartió más de 3000 viandas.
¿CÓMO PUEDO AYUDAR?
Para enviar donaciones o colaborar con Javier Molina te podés comunicar al 11-5506-6325. Reciben alimentos no perecederos, frutas y hortalizas, y demás.
Empezamos a ver gente que estaba jodida, con el laburo parado. Yo soy una persona austera pero soy un afortunado, no me falta nada. Con mi mujer juntamos todas las donaciones y nos ponemos a cocinar. Todo lo que llega se reparte, cuenta Javier.
Como empezaron a recibir tantas donaciones, se volvió necesario que haya más de dos manos en la cocina. Por eso también lo están ayudando algunos amigos de toda la vida, y otros amigos de amigos que se contagiaron la solidaridad.

Javier recibe ayuda de Tomás Pando, cocinero, y de Marcelo "El Correntino", ambos amigos.
Un dato no menor es que Javier padece retinosis pigmentaria, una enfermedad que le causó una ceguera progresiva, y que lo alejó de la cocina un tiempo atrás. Sin embargo esto no borró el talento que tiene con las manos y que hoy despliega en la madera.
Por el crecimiento de su actividad solidaria, Javier montó una cocina en el fondo de su casa, donde también almacena todas las donaciones que recibe. La nueva estructura muestra el compromiso de este vecino con ayudar a los demás, pero también habla de que está preparado para seguir impulsando la idea el tiempo que sea necesario para que quienes no la están pasando bien puedan sobrellevar la cuarentena.






