Opinión profesional

"La mayoría de las enfermedades cardiovasculares aumentan con el descenso de temperatura"

El reconocido cardiólogo echeverriano Omar Prieto repasó los efectos de las bajas temperaturas en el cuerpo humano y desmintió algunas creencias sobre la alimentación en invierno.

"La mayoría de las enfermedades cardiovasculares aumentan con el descenso de temperatura"
El Diario Sur

Hay un concepto generalizado sobre que en el invierno nos enfermamos más, tenemos un sostén sobre esto un tanto social o cultural y muchas veces nos contamos con las herramientas científicas suficientes como para poder avalarlo. Se hizo una revisión interesante sobre la variabilidad estacional de la enfermedad cardiovascular, como varía a lo largo del año en las diferentes estaciones y resulta llamativo e interesante que la mayoría de las enfermedades cardiovasculares se incrementan con el descenso de la temperatura, el aumento de la velocidad del viento o la presión atmosférica.

Todas esas variables influyen en el incremento de algunas entidades que duplican el ámbito cardiovascular. La trombosis venosa profunda, las arritmias –principalmente la fibrilación auricular- u otras patologías como el infarto agudo de miocardio o la angina de pecho también son más frecuentes en invierno.

El organismo es un ente muy inteligente, que sabe regularse y que trata de buscar todos los mecanismos descompensación para conseguir la mayor cantidad de calorías y así aumentar la temperatura. Una de las reacciones que produce es aumentar la concentración en sangre de noradrenalina, que es la que nos da la taquicardia, la que aumenta cuando estamos corriendo o la que nos hace sudar. Ese aumento constante conlleva al aumento de la presión arterial, de la frecuencia cardíaca, aumento por parte del consumo de oxigeno por parte del corazón. Si encontramos un corazón que tiene alguna dificultad, éste lo va a notar.

La segunda es un cambio hormonal, hay cambios en hormonas (que son como sustancias que regulan el funcionamiento del cuerpo) una de ellas es la aldosterona, que produce el aumento de la capacidad de concentrar sodio en el cuerpo y por eso aumenta la presión arterial. Y otra es el descenso de la vitamina D, que se asocia estadísticamente con la enfermedad cardiovascular.

Por otro lado, hay un punto que lo conocemos todos: en días húmedos, lluviosos y con menor presencia del sol tenemos un ánimo más decaído. Si esto se mantiene en el tiempo aparecen cuadros de depresión, por el mismo motivo: hay hormonas, neurotransmisores, que nos llevan a estar en un estado de depresión.

LOS CAMBIOS DE HÁBITO

Muchas veces caemos en la cultura popular de que hay que tenemos que consumir comidas que sean mucho más calóricas. Si bien las comidas tienen que ser diferentes que en verano, no pueden ser descontroladas. La alimentación tiene que estar guiada por el médico para explicar qué es comer bien.

Si la comida es calórica y abundante, el proceso de digestión conlleva que haya mucho gasto de sangre a nivel digestivo. Supongamos que estamos con un paciente con insuficiencia cardíaca y cambia su dieta por una que sea mucho más elevada en hidratos de carbono o calorías, lo que vamos a ver es que el corazón va a tener menos irrigación y va a dedicarse a la digestión.

Otro punto es el consumo de líquidos. Nosotros durante el verano consumimos mayor cantidad de líquidos porque nos da la sensación de sed y en invierno ese consumo baja. El hábito de consumir liquido tiene que ser constante, sobre todo con la gente que está en tratamientos crónicos, donde necesitamos mantener los dos litros de agua mínimo.

Un dato central es que las infusiones calientes no cuentan como hidratante, la cafeína y el mate nos hace orinar más. Hay que consumir agua de manera equilibrada.