Hace un año, un médico británico contrajo una bacteria infecciosa mortal, luego de que su perro, Harvey, le lamiera una pequeña herida de su brazo. A causa de esta enfermedad el hombre terminó perdiendo gran parte de su cuerpo.
Jaco Nel contó que tras sufrir esa pequeña herida desinfectó su brazo y continuó con su rutina, sin embargo dos semanas después comenzó a sentir síntomas de gripe; se sentía confundido y cansado.
Fue su pareja quien lo encontró inconsciente en su casa, lo ingresó al hospital y allí detectaron que tenía septicemia. Debido a que no fue tratado a tiempo estuvo en coma inducido durante cinco días y al despertar tenía gran parte de su cuerpo negro, debido al daño causado en los tejidos por la coagulación anormal de la sangre.
Sus riñones fallaron y tuvo que someterse a diálisis durante dos meses. Terminó perdiendo sus dos piernas desde las rodillas para abajo, los dedos de sus manos, la punta de su nariz y sus labios quedaron con cicatrices.
Tras tres meses de terapia y con ayuda de prótesis, Nel logró volver a caminar y hacer su vida de forma relativamente normal. Por otro lado, se vio obligado a sacrificar a su perro, ya que era portador de la bacteria y un peligro para aquellos que tuvieran contacto con él.
De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS) la septicemia se produce cuando el sistema inmunológico se sobrecarga. Puede contraerse de diferentes maneras, desde la herida de un dedo hasta una infección urinaria, sin embargo, hasta el momento no hay claridad sobre qué es lo que la desencadena.
Según varios estudios, el 80% de los casos de esta enfermedad pueden tratarse favorablemente si se diagnostica en la primera hora, pero con cada hora que pasa sin tratamiento se incrementa el riesgo de muerte.







