Miles de manifestantes se movilizaron este sábado en el centro de París tras varios días de protestas, con la intención de presionar al gobierno. Muchos son miembros del movimiento de los "chalecos amarillos" que protestan contra el aumento de los combustibles y la pérdida del poder adquisitivo.
Las fuerzas de seguridad francesas usaron gases lacrimógenos y un camión equipado con cañón de agua para alejar a las personas que intentaban forzar un cordón policial, para acercarse a la residencia del presidente Emmanuel Macron.

En este sentido, las autoridades intentaban evitar los desbordes producidos con un despliegue policial "a un nivel excepcional", ya que en la primera semana de movilizaciones hubo dos muertos, 620 civiles y 136 miembros de las fuerzas de seguridad heridos.

Este movimiento desligado de los sindicatos y de los partidos políticos, organizó el 17 de noviembre su "primer acto", logrando sacar a las calles a 280.000 manifestantes en toda Francia. Se manifestaban coreando consignas hostiles al jefe de Estado francés como "¡Macron dimisión!".

Las reivindicaciones de este movimiento convergen en una misma afirmación: la pérdida del poder adquisitivo. Argumentan que las principales causas se deben al combustible caro, impuestos excesivos, y pensiones y jubilaciones insuficientes.

Según los medios franceses, el presidente podría anunciar el martes nuevas medidas destinadas a las familias más modestas para evitar el riesgo de una "fractura" social.








