Luego de un mes de manifestaciones, los "chalecos amarillos" volvieron a salir las calles de París este sábado, en un contexto de tensión pese a las concesiones y los llamados a la calma del presidente francés, Emmanuel Macron.
Las autoridades francesas están en alerta después de que el pasado fin de semana el reclamo haya culminado con un número récord de arrestos, casi 2.000, y más de 320 heridos.
Esta mañana hubo corridas y la policía lanzó gases lacrimógenos, por lo que ya hay al menos 95 detenidos. De acuerdo a los medios de ese país, se están movilizando alrededor de 3.000 personas en París.

Para contrarrestar la protesta social, el gobierno francés planificó un operativo reforzado de 8.000 efectivos de las fuerzas de seguridad y 14 vehículos blindados.
La subida de 100 euros mensuales en el salario mínimo o la anulación de un impuesto a los combustibles no lograron convencer a los "chalecos amarillos".

Sin embargo, algunos miembros del colectivo empiezan a pedir calma. Algunos decidieron desvincularse del llamado "canal histórico", que juzgan demasiado radical, y pidieron una "tregua" porque "ha llegado la hora del diálogo".







