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Dos amigos jubilados de Lomas buscan unir La Quiaca y Ushuaia en bicicleta: "Es un sueño cumplido"

Marcelo Allegretti y Diego Frangi, jubilados de Lomas, partieron el 14 de septiembre desde La Quiaca. Planean llegar a Ushuaia a fines de febrero de 2027.

Marcelo Allegretti (66) y Diego Frangi (58) tienen un objetivo: unir La Quiaca con Ushuaia en bicicleta. Los dos jubilados emprendieron el viaje el 14 de septiembre y esperan llegar a destino a fines de febrero de 2027. En el camino enfrentan rutas en mal estado, vientos fuertes y jornadas de varias horas de pedaleo, pero también descubren paisajes y conocen personas que hacen de la experiencia algo más que un desafío deportivo.

Marcelo vive en Lomas de Zamora, mientras que Diego nació en el distrito y se radicó posteriormente en Tierra del Fuego. Se conocieron a través de un grupo de WhatsApp dedicado al cicloturismo y, después de encontrarse personalmente en Ushuaia en 2024, empezaron a darle forma a la idea de viajar juntos cuando ambos pudieran jubilarse.

“Cuando nos jubiláramos, cada uno individualmente pensaba hacer lo mismo, juntarnos e iniciar esto”, contó Marcelo durante una entrevista en El Diario Sur en vivo en la que ambos relataron los detalles de la travesía, en un hostel de la localidad de San Blas de los Sauces en la provincia de La Rioja.

El recorrido comenzó con una etapa de adaptación a la altura en La Quiaca. Después, el 14 de septiembre, salieron rumbo a San Antonio de los Cobres por la Ruta 40. Ese tramo fue uno de los más exigentes hasta el momento, por el estado del camino, el ripio, las subidas y la altura.

“Llegamos a pedalear a 4.195 metros de altura, con subida, viento en contra. La verdad que fue bastante extremo”, recordó Marcelo.

Las dificultades de la Ruta 40 y el desafío de pedalear con viento

El viaje requiere planificación y paciencia. Además del equipaje personal, los ciclistas llevan alrededor de 40 kilos entre sus pertenencias, los elementos para cocinar y el equipo para pasar la noche cuando no encuentran un lugar donde alojarse.

La carpa, las bolsas de dormir y una pequeña garrafa forman parte del equipamiento. La idea es utilizarlos principalmente cuando las condiciones del recorrido no les permiten llegar a un alojamiento. Todo lo que ocurre en el viaje las muestran en su cuenta de Instagram @jubileitors77.

En una de las etapas, los vientos superaron los 60 kilómetros por hora y les impidieron avanzar con normalidad. En ese contexto, caminaron junto a las bicicletas durante seis kilómetros y recurrieron a una estrategia para completar el trayecto: pedalear dos kilómetros, detenerse a descansar y volver a empezar.

“Ayer, por ejemplo, pedaleamos 98 kilómetros. Fue el récord del viaje y lo logramos en casi seis horas de pedaleo”, explicó Diego durante la entrevista.

Las condiciones climáticas también los obligaron a detenerse durante tres días en un refugio municipal en San Juan y Oros, en la zona de la Puna, donde atravesaron una tormenta de viento, lluvia y nieve.

Para ambos, saber cuándo frenar es tan importante como avanzar. El viento puede hacer que pedalear se vuelva peligroso, especialmente cuando amenaza con desviarlos hacia la ruta.

“Esto tiene que ser para disfrutar y, cuando ya sea que llegamos a una etapa con los dientes apretados o nos empecemos a sentir no cómodos, será el momento de decir: ‘Bueno, hasta acá llegamos’”, sostuvo Diego. Y aclaró que abandonar en esas condiciones no significaría un fracaso.

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Por qué decidieron viajar en bicicleta después de jubilarse

La posibilidad de realizar el viaje llegó con la jubilación, una etapa que les permite disponer del tiempo necesario para recorrer largas distancias sin una fecha inmediata de regreso.

Marcelo explicó que tenía el sueño de hacer una travesía de este tipo desde hacía mucho tiempo, pero que las obligaciones laborales y familiares se lo habían impedido. Desde 2018 comenzó a entrenar con la bicicleta, a trasladar peso y a realizar viajes cortos, de dos o tres días, con distancias de entre 120 y 140 kilómetros.

Diego, por su parte, contó que siempre estuvo vinculado con las actividades al aire libre. Practicó montañismo de altura, subió cerros y realizó canotaje, mientras que la bicicleta también le servía como entrenamiento.

“También un poco era mostrar que cuando uno se jubila la gente a veces piensa que es quedarse en un sillón y viendo el televisor, y es una etapa que, si uno se prepara un poquito para esta nueva etapa que nos toca vivir en la vida, yo creo que se pueden hacer un montón de cosas”, reflexionó Marcelo.

La travesía también implica extrañar a sus familias. Por eso, tienen previsto hacer una pausa a mediados de diciembre para pasar las fiestas con sus seres queridos. Luego volverán a reunirse durante los primeros días de enero para continuar el recorrido desde el lugar donde hayan dejado resguardadas sus pertenencias.

Dos hinchas de Los Andes y Temperley que comparten el camino

Además de la bicicleta, Marcelo y Diego tienen otra particularidad: son hinchas de dos clubes rivales de la Zona Sur. Marcelo es de Los Andes y Diego, de Temperley.

Sin embargo, aseguran que el fútbol no representa un problema en la convivencia durante el viaje. “El fútbol no nos divide, no tiene por qué dividirnos”, afirmó Marcelo.

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Los dos explicaron que las diferencias cotidianas se resuelven hablando y respetando los espacios de cada uno. Incluso tienen distintas rutinas para comenzar el día: Marcelo suele levantarse temprano, mientras que Diego prefiere dormir un poco más.

Durante las horas de pedaleo, en cambio, cada uno suele concentrarse en el camino. Se mantienen atentos a través de los espejos retrovisores y se avisan cuando se acerca un auto o un camión. Solo cuando las condiciones son tranquilas pueden ponerse a la par y conversar durante algunos segundos.

Marcelo disfruta especialmente de observar las aves y los detalles del paisaje. Para él, viajar en bicicleta permite descubrir aspectos que suelen pasar inadvertidos desde otros vehículos.

El contacto con la gente, una de las sorpresas del viaje

Aunque los paisajes forman parte de los principales atractivos de la travesía, los dos ciclistas destacan también el trato que reciben de las personas que encuentran en el camino.

Las estadías en distintos lugares les permiten compartir comidas y conversaciones con habitantes de las comunidades que visitan. Durante los tres días que permanecieron en San Juan y Oro, por ejemplo, tuvieron la oportunidad de acercarse a la vida cotidiana del lugar.

“Una de las cosas que nos estamos llevando, lo mejor de todo, es el contacto con la gente”, resumió Marcelo. También reciben saludos y gestos de aliento de otros viajeros, tanto de quienes circulan en motocicleta como de los que recorren las rutas en motorhomes. Las bocinas y los brazos que se levantan para alentarlos forman parte de la experiencia diaria.

Todavía les quedan varios meses de recorrido y etapas por delante. El objetivo es llegar a Ushuaia a fines de febrero de 2027, aunque saben que el clima y el estado de los caminos pueden modificar los planes.

Por ahora, siguen avanzando con la misma premisa con la que comenzaron: disfrutar del viaje, adaptarse a las dificultades y completar, si las condiciones lo permiten, el recorrido entre los dos extremos del país.

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