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Un colectivo volador y un submarino de cartón: el particular arte de un vecino de Banfield

Rubén Puppo, diseñador gráfico jubilado, crea maquetas a mano con cartón y piezas recicladas en su taller. Sus trabajos en redes ya reúnen miles de seguidores.

Hay una botella de agua que puede terminar convertida en cualquier cosa. O, mejor dicho, en parte de cualquier cosa. Para Rubén Puppo, vecino de Banfield, un pedazo de cartón puede ser el comienzo de una maqueta, igual que una tapa, un botón, una pieza de plástico o cualquier objeto que encuentre.

No trabaja con moldes ni sigue una línea de producción. Tampoco tiene una temática fija. Un día puede ser un colectivo; otro, un avión, un barco o un submarino. La idea aparece mientras trabaja, cuando mira algo en una góndola, cuando encuentra una pieza que encaja con otra o incluso cuando está acostado pensando cómo resolver una parte de la maqueta que tiene entre manos.

“Cada uno tiene un don y lo tiene que manejar”, explicó, en diálogo con El Diario Sur. En su caso, ese don apareció desde chico, cuando ya disfrutaba dibujar y hacer trabajos de plástica. Con los años se convirtió en diseñador gráfico y acumuló conocimientos, revistas, imágenes e intereses que hoy terminan apareciendo, de alguna manera, en sus creaciones.

La escena se repite: una pieza cualquiera deja de ser una pieza cualquiera. Puede ser la parte superior de un viejo modelo de Telecentro. Rubén la mira y encuentra allí la base para un submarino. A partir de esa forma empieza a sumar el resto. Lo que para otro sería un objeto descartado, para él puede ser el primer paso de una maqueta.

También busca materiales de manera deliberada. Va a comprar y, mientras recorre los negocios, mira las bases y los objetos que podrían servirle para algún proyecto futuro.

Construir desde adentro

No hay aerógrafo ni una maquinaria especial detrás del resultado. Es trabajo manual. Cortar, medir, pegar, pintar y esperar. Y hasta el clima puede meterse en el medio: durante los días de humedad sabe que hay materiales que no van a pegar correctamente y que la pintura puede tardar más en secarse.

Por eso tampoco acumula varios proyectos abiertos. Prefiere trabajar en uno solo. A veces puede dedicarle seis horas en un día; otras, apenas una. Además de las maquetas, trabaja como diseñador gráfico y realiza una revista digital, entre otras actividades. La maqueta se acomoda dentro de esa rutina, no al revés.

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Un colectivo que pasa a 100 metros de su casa

Entre tantos aviones, barcos y naves aparece también un colectivo. Es el 239, una línea que pasa cerca de su casa, en la localidad de Banfield. La cercanía fue justamente lo que hizo que ese trabajo tuviera algo distinto.

“El 239 pasa acá a 100 metros de casa, por eso me gusta, porque es conocido”. Lo ve pasar habitualmente y forma parte de su paisaje cotidiano. Pero incluso ese colectivo terminó convertido en otra cosa: decidió hacerlo volador. “Lo hice volar porque, la verdad, cada vez que tengo que esperarlo, viste, es imposible”, explicó entre risas.

Un padre, una hija y las maquetas que empezaron a circular

Las maquetas también encontraron una nueva forma de llegar a otras personas cuando Paula, su hija, empezó a acompañarlo en las publicaciones. Lo que comenzó de manera natural terminó generando una repercusión que Rubén todavía mira con cierta sorpresa.

El cambio fue grande. “De 300 seguidores que tenía, hoy estoy en 20.000”, contó, en diálogo con este medio. “Me parece que es más por la interacción”, sostiene. Y recuerda una de las primeras reacciones de su hija frente a lo que estaba ocurriendo: “Ella misma me decía el segundo día: ‘Papá, me lo duele en los ojos’, porque es impresionante la cantidad de gente que estaba respondiendo a lo que habíamos publicado”.

“Yo soy tan analógico, no sé si me llevo tan bien con las redes”, reconoció Rubén. Pero también aceptó que son parte del presente y que tendrá que aprender a convivir con ellas.

La relación entre ambos también aparece cuando hablan del tiempo que le dedican al proyecto. Rubén no quiere que las redes interfieran con el trabajo de su hija ni que sus propias maquetas terminen ocupando toda su vida. “Tenemos nuestros tiempos”, explicó. Paula tiene su trabajo y él, aunque está jubilado, también mantiene otras actividades. “No es que le dedico el ciento por ciento del día a hacer cosas”.

Por eso, los videos no funcionan solamente como una vidriera para sus maquetas. También son una actividad que comparten. Entre una publicación y otra, Paula lo ayuda a mostrar un universo que durante mucho tiempo existió principalmente alrededor de su mesa de trabajo.

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