Para entrar al museo de Osvaldo y Julián Santander hay que meterse en su casa de Banfield. Y una vez ahí, cuesta encontrar un rincón que no tenga alguna referencia al fútbol: hay banderines colgados en las paredes, camisetas de distintos clubes, bufandas, pins, vasos, botellas, llaveros y hasta los carteles que identifican los baños de los estadios.
Así es el museo futbolero de Banfield que reúne 6.000 objetos: "Cuanto más raro, mucho mejor"
Osvaldo Santander empezó a coleccionar objetos de fútbol en los 90 y hoy comparte con su hijo Julián un museo privado con casi 6.000 piezas.
Todo forma parte de una colección que empezó hace 36 años y que hoy ocupa buena parte de la casa familiar. Los amigos de Osvaldo la llaman “el Bernabéu de Banfield”. Osvaldo, de 61 años, es licenciado en Publicidad y, además de su pasión por el fútbol, asegura que también disfruta de los colores, las formas y los diseños de los objetos que colecciona.
La colección tiene casi 6.000 piezas y reúne cerca de 400 camisetas, más de 400 pins y más de 80 bufandas, además de una cantidad difícil de precisar de vasos, latas, botellas, banderas, muñecos y otros recuerdos. Incluso tiene cosas únicas, como mazos de cartas con jugadores de Banfield y vasos de Independiente que mandaron a intervenir. “Este museo es muy particular porque no tiene nada de particular. Es de todo lo que represente al fútbol”, explica Osvaldo en diálogo con El Diario Sur.
No está dedicada a un solo club: aunque San Lorenzo y la Selección Argentina tienen un lugar especial, también hay objetos de Boca, River, Lanús, Huracán, Independiente, Unión, Central, Newell's y muchos otros equipos (nacionales e internacionales). "Cuanto más raro mucho mejor. A nosotros nos gustan las rarezas”, indicó Osvaldo.
Los tachos de basura de los Mundiales
Los viajes también se convirtieron en una fuente inesperada de objetos. En Qatar 2022, Osvaldo y Julián estuvieron durante buena parte del torneo y encontraron recuerdos en los tachos de basura de los estadios. “Está buenísimo porque mucha gente tira entradas, alguna tarjeta, alguna botella, algún vaso y te encontrás con cosas tremendas”, explica Osvaldo.
Julián, de 26 años, comparte la pasión y también la búsqueda. “Disfrutar el fútbol es lo primordial porque es lo que más nos gusta y aparte lo sumamos al coleccionismo”, dice. En los Mundiales, además, tiene una costumbre propia: intercambiar camisetas con hinchas de otros países. “Yo soy muy fanático de cambiar camisetas con hinchas. Tengo de Dinamarca, de Senegal, de Bélgica”, cuenta.
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Una vida atravesada por el fútbol
Julián prácticamente creció entre los objetos que hoy forman el museo. De chico, también tuvo otra pasión: Star Wars. Pero con el tiempo terminó volviendo al fútbol. “A partir de los 16, 17 años ya empecé a coleccionar solamente fútbol ayudando a mi papá a todo lo que es esta fiebre del museo que tenemos los Santander”, explica.
Ahora ambos comparten también la organización del espacio. No existe una pieza que necesariamente tenga que estar siempre en el mismo lugar. “Nuestra colección es dinámica, se va nutriendo paso a paso”, dice Osvaldo. “La semana que viene te puedo asegurar que el muñequito que está allá no está, va a estar acá porque vino otro que queda mejor o me pareció más equilibrado respecto a lo visual”.
No buscan completar una lista ni encontrar desesperadamente un objeto determinado. “No tenemos la angustia de completar una colección”, resume.
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Un museo privado que recibe visitas de todo el mundo
Aunque funciona dentro de su casa y no está abierto al público como un museo tradicional, el espacio de los Santander empezó a recibir visitantes de distintos lugares. Amigos, conocidos, coleccionistas y personas que llegan a través de las redes sociales fueron conociendo la colección y, en algunos casos, terminaron visitándola personalmente.
“Esta es mi casa y nosotros resguardamos el museo en ese amparo, pero vienen amigos, vienen conocidos y me dicen: ‘¿Puedo ir con un amigo que es fanático?’. ‘Sí, dale, no pasa nada’”, contó Osvaldo. Para recibirlos, además, suele preparar el recorrido de acuerdo con el club o la selección que sigue cada visitante. “Generalmente les muestro yo, les preparo sobre el equipo del que ellos son hinchas y todo eso”, explicó.
Las redes sociales fueron fundamentales para que el museo trascendiera el Conurbano. “Todos los días subimos en TikTok, Instagram y Facebook cada objeto con historia, con fotos, con lo que tenemos”, relata Osvaldo. “Este es mi casa, pero a la vez, al ser un museo y tan atractivo, me quedaban dos caminos: uno, cerrar la puerta, no dejar entrar a nadie y nosotros con mi hijo disfrutarlo; o mostrarlo en las redes”, cuenta.
El recuerdo de Qatar que tiene un lugar especial
Entre todos los objetos, hay uno que para Julián tiene un significado diferente: un cuadro con recuerdos de Qatar 2022. “Prácticamente todo el viaje a Qatar es nuestro mayor tesoro”, cuenta. Durante ese Mundial, padre e hijo tuvieron la posibilidad de ver los siete partidos de la Selección Argentina.
“Haber estado en la final, haber vivido toda esa emoción de Messi levantando la Copa, de la Argentina por fin ganando la tercera, es algo indescriptible”, recuerda Julián. En el cuadro guardaron fotografías y las entradas que consiguieron para aquella final. “Siempre que miramos ese cuadro nos acordamos de ese hermoso momento que vivimos con mi papá”, agrega.
Osvaldo no tiene un objeto que considere el más importante. “Es muy difícil para nosotros decidir”, explicó. Julián, sin embargo, sí tiene un deseo para el futuro: “Me gustaría tener alguna camiseta del próximo Messi que venga a la Selección Argentina”. Su padre completa la idea: “Y quizás una camiseta con las cuatro estrellas, esa sí sería un lindo objetivo”.
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