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Manos Solidarias

Guillermo y Gerónimo Cabrera crean prótesis para los más necesitados

Son padre e hijo y comparten una pasión en común: crear manos articuladas con ayuda de una impresora 3D para ayudar a las personas que nacieron con malformaciones o perdieron esa extremidad.

Toda acción puede ser el puntapié para ayudar al prójimo. Así lo entendieron Guillermo y Gerónimo Cabrera, padre e hijo, quienes de una inquietud adolescente como tener una impresora 3D para hacer diferentes cosas terminaron creando un proyecto solidario que ya ayudó a más de un centenar de personas de todo el país. “Te doy una mano” hoy es una realidad que cambió la vida cotidiana de grandes y chicos, desde Banfield para toda la Argentina. 

“Te doy una mano surgió a raíz de un pedido mío hacia mi papá de una impresora 3D para hacer el juguete que estuvo tan de moda el año pasado: el spinner. Pensaba hacerlo, ponerle rulemanes y venderlo, algo puramente comercial. Un día mi papa me planteó una inquietud que tenía el: qué se podía hacer con una impresora 3D y empezamos a investigar”, comenta Gerónimo, quien dedica sus tiempos libres a ensamblar estas manos ortopédicas, además de estudiar dos carreras universitarias: Martillero público y Administración de empresas.  

Fue entonces, con la inquietud de su padre, que comenzó a investigar cómo hacer prótesis con aquella impresora. “Pensé: está loco en querer hacer una mano con una impresora doméstica”, asegura Gerónimo a la vez que admite que a medida que fue saliendo la primera mano comenzó a entusiasmarse tanto como su papá.  

“Cuando me pongo a investigar veo que se puede hacer manos, que no es un invento argentino, que está en todo el mundo… Hago el primer dedo, salió bastante bien, hago el segundo dedo y la palma. Cuando empezamos a ensamblarlo nos dimos cuenta que la mano iba teniendo forma de mano. Nos dimos cuenta que no podíamos hacer manos con esa impresora que era muy chica y aprovechamos un viaje al exterior para traer dos impresoras nuevas y mejores”, relata y añade: “Entre la primera mano que hicimos y la que logramos con las nuevas impresoras hubo un millón de errores, pero como dice mi papá: ‘el no no existe”.  Llegamos a un modelo que a mi parecer es increíble, una forma que tiene el dedo gordo que posibilita hacer el efecto pinza y poder agarrar cosas es algo impresionante que ayuda a una persona que le falta una mano”. 

Las manos funcionan con el movimiento en la articulación del codo. “Ellos se la ponen por los velcros y al doblar el codo hace que la mano se cierre y da el efecto pinza que nos distingue a los seres humanos, que es imprescindible para todas las acciones de la vida. Es un movimiento simple, no hace falta hacer fuerza y la mano no pesa mucho”, detalla Gerónimo. “Les facilitamos en algunos aspectos la calidad de vida, aportamos nuestro granito de arena para que aprendan a desarrollarse de manera independiente”, culmina.  

Cada mano tiene nombre y apellido, está hecha de determinada manera para que las personas se sientan cómodas y puedan usarlas en su día a día. También las personalizan con colores y modelos dependiendo de cada usuario.  

 

Cómo se construye la mano 

El tiempo de impresión de cada mano es de entre 30 y 40 horas. “Depende el tamaño y el modelo porque hay manos para personas a quienes le faltan solamente los dedos y tienen el movimiento de la muñeca o lo que pasa en la mayoría de los casos que tienen una malformación o amputación en la zona del antebrazo y tienen el movimiento en el codo”, explica Gerónimo y añade: “Después cada mano lleva entre 3 y 4 horas de armado entre el trabajo manual de mi papa y el mío”.  

El movimiento de las articulaciones está dado por un sistema de tansas que unen los dedos con la parte superior, haciendo que cuando mueva el codo se contraigan los dedos.

 

Los momentos más emotivos  

“Hay tres entregas que a mi papá y a mí nos marcaron. La primera que fue la Miranda, una nena de Mar del plata de 5 años que fue el primer brazo entregado, una nena divina. Después está Juan, un nene que tenía hormigas en la cola, cuando vino a la entrega se puso el brazo y empezó a usarlo agarrando cualquier cosa, el vaso, la botella, todo… La entrega duró dos horas porque fue tan linda y nos quedamos jugando con los nenes. Después estuvo la entrega de Eduardo, un hermano franciscano de la ciudad de Corrientes que nos había planteado que sin una mano nunca pudo dar la comunión por sus propios medios porque no podía agarrar el cáliz y entregar la ostia” 

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