Lomas de Zamora |

Amelia Martín: desarraigo, música y un sueño que viajó de Tucumán a Lomas

Problemas económicos la obligaron a mudarse a la región. Canalizó la tristeza a través del canto y en 30 años desarrolló una larga carrera con el apoyo de vecinos. Su anhelo de cantar en Cosquín está cada vez más cerca.

Hace 30 años, un gran valor de la música viajó desde el Norte del país hacia la Zona Sur de Buenos Aires. La ilusión, la vocación y el talento, compartieron un largo viaje junto al desarraigo, la tristeza y la incertidumbre. No era fácil dejar la tierra natal y empezar una nueva vida tan lejos. Lo que no sabía esta cantora tucumana es que Lomas de Zamora se volvería su lugar en el mundo y el puente hacia sus más grandes anhelos y proyectos musicales. Ella es Amelia Martín. Un orgullo de la región.

Tres décadas después de su llegada a Lomas, Amelia le cuenta a El Diario Sur la influencia de esta ciudad en su carrera y en su vida. “Acá los vecinos saben que yo canto. La música me dio los mejores amigos. Tengo gente que me sigue desde hace 30 años y creo que ahí está el éxito. No me considero una artista, sino una cantora, de y para el pueblo. Todo lo demás viene por añadidura, porque uno indirectamente, al brindarse, lo busca”, explica.

Amelia lleva años de gran dedicación y entrega a la hora de cantar, en medio de un panorama complicado que le puso y le pone muchas trabas. “Desde que yo comencé con esta locura, nunca pude vivir de la música. Siempre mi situación económica fue ajustada, siempre alquilamos. Yo tuve hijos grande y tuve que elegir entre la carrera y criar a mis hijos. Hay prioridades en la vida. Pero ahora mis hijos están grandes y por eso le dedico más tiempo. Mi gran sueño sería volver a grabar un disco y difundirlo, hace quince años que no grabo uno. No digo hacerme famosa ni ganar guita, pero quisiera traer un mango a mi casa”, confiesa, y a la vez detalla con mucho entusiasmo las actividades con las que subsiste día a día: “Yo doy clases gratis hace cinco años en un taller en el Teatro Cosmopolita de Llavallol. Y después hago empanadas, limpio casas y doy clases particulares de canto. Estoy arriba, estoy abajo, estoy en todos lados. Y eso me hace muy feliz, lavar un baño y subirme al escenario a cantar. Pero obvio que a mis 60 años me gustaría vivir de la música”.

Su interés por el canto no fue casualidad. Los dones musicales son una larga tradición familiar que ella palpó desde pequeña. “Mi mamá, descendiente de india y criollo, era creyente y yo también. Ella tenía una voz maravillosa y su elección fue alabar a Dios. A mi padre, descendiente de español y árabe, le gustaba el tango, lo lírico… Tenían los dos muy buenas voces. Vengo de una familia muy grande, somos doce hermanos, algunos ya partieron de este mundo, pero todos tuvimos el regalo de parte de Dios del don de la música”, le cuenta a este medio, y recuerda: “En Tucumán hacía algunas peñitas, me llevaban de acá para allá, pero mi verdadera carrera comenzó acá en Buenos Aires”.

Ahora bien, ¿cómo fue que Amelia llegó de Tucumán a Lomas? Problemas laborales y económicos fueron el detonante de ese viaje. Con 30 años, Amelia y su esposo salieron en busca de nuevas oportunidades. “Lo que me llevó a cantar acá en Buenos Aires fue el desarraigo de mi tierra. Con mi marido nos quedamos sin trabajo y tuvimos que venir acá. El desarraigo y la tristeza me llevó a canalizar en cierta forma lo que uno deja allá: su identidad, su tierra, su familia, su parentela, sus costumbres… Eso lo canalizamos cantando”, revela.

Quedaba claro que Amelia no venía a Buenos Aires de vacaciones. El viaje no era de diversión y el contexto era muy difícil. Pero dicen que no hay mal que por bien no venga… En estos 30 años, Lomas de Zamora se convirtió en su hogar, donde tuvo a sus hijos, donde moldeó su carrera y donde conoció a mucha gente que la ayudó a escalar, crecer y desarrollarse en la música, sin relegar sus quehaceres diarios.

Si bien muchos lomenses la acompañan desde hace años, otros la conocieron en el último tiempo a partir de sus participaciones en el Pre Cosquín, un certamen clasificatorio para el tradicional festival cordobés. Amelia llegó cuatro veces a la final en el rubro de Solista Vocal Femenino, con el acompañamiento de su hijo Tomás en la guitarra, y sueña con algún día subirse al escenario del Cosquín mayor. Lo cierto es que, cada vez que se inscribe para cantar, ella no piensa en la rivalidad natural con otros artistas. Participa, pero no compite.

“Muchos me dicen ‘¿cuándo vas a competir?’ Yo digo que no. Con estos años de experiencia, cambié la palabra ‘competir’ por ‘compartir’, porque la música se comparte. Generalmente hay cantantes que vienen de otra provincia con esa cosa de competir, pero no vale nada, porque en definitiva te quedás solo y los sueños no los podés cumplir solo. Necesitás amigos y gente que te ayude. Y en ese sentido yo estoy agradecida acá en Lomas, es mi vida, es mi tierra. Acá yo parí a mis tres hijos”, reflexiona la cantora.

Los primeros días de 2020 la encuentran otra vez en la puerta de ese gran logro y desafío personal. Su presencia en Cosquín está nuevamente muy cerca. “Estoy otra vez en la final, contenta, ansiosa, expectante. Tengo mucha fe, porque la tengo yo en mi vida y porque la gente me da seguridad. En los certámenes del Pre Cosquín, yo participé nueve veces, llegando cuatro veces a la final. Y el año pasado me dieron una mención. Cosquín es mi gran sueño desde que vine de Tucumán”, afirma Amelia, quien le promete a los lomenses que no dejará de intentarlo: “Muchas veces soñé con eso y Dios quiera que tenga la posibilidad de que sea realizado, pero si no tengo la posibilidad, hasta el día que me muera voy a seguir compitiendo y compartiendo la música”.

Pase lo que pase en la final del Pre Cosquín, Amelia es feliz. No pierde de vista su sueño, pero el éxito ya lo consiguió. Lomas de Zamora tuvo mucho que ver y ella lo sabe, por eso nunca se olvida de sus vecinos, amigos y compañeros de la región. Esos que desde hace 30 años, cuando llegó de Tucumán, son el sostén para pensar en grande: “Por sobre todas las cosas, quiero agradecer a estos amigos de Lomas que hace muchos años me siguen y hasta económicamente me ayudaron, así que mirá si no tengo éxito… Yo ya soy ganadora, pero ¿sabés qué? ¡Quiero ir a cantar en el Cosquín!”.

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