Cultura

Quedó una sonrisa con flequillo y frac

Quedó un vacío en el humor político argentino. Quedó su verborragia incontenible, quedó su modo de dirigirse a los poderosos, quedó su público. Tato Bores, un hombre multifacético que supo hacer reír a los argentinos.
sábado, 10 de octubre de 2015 · 00:00
Una parte de la historia política argentina fue narrada desde su impronta enmarcada en una sutil crítica desde la pantalla chica. Humor y política fueron las palabras que Tato Bores, supo unir y hacer inseparables. Hizo reír a los argentinos con sus monólogos, condimentando la realidad con relatos y frases cómicas. Fue un hombre multifacético, que formó parte de la programación de la radio, participó en el cine, integró escenarios teatrales y se consagró con un frac, una peluca, anteojos de marco grueso y un habano, en la televisión. Sucede que al volver a ver los monólogos de Tato Bores no quedan dudas de que gran parte de la historia política de la Argentina fue narrada de una manera admirable por este mito de la televisión nacional. Mediante un libreto que reunió características de comicidad, crítica a la sociedad, y realidades innegables, aquel hombre ataviado con un frac, una peluca, un par de anteojos de marco grueso y un habano, supo conquistar el corazón de los argentinos, quienes se volvieron seguidores incondicionales de sus shows televisivos, donde los monólogos sabían encontrar la risa de los televidentes. Lo cierto es que no fue un cómico más.

Nació el 27 de abril de 1927 en Buenos Aires, bajo el nombre de Mauricio Rajmín Borensztein, en el seno de una familia judía de clase media, que por aquella época no sólo se debía enfrentar a la crisis económica mundial, sino también a la discriminación que constantemente los golpeaba en el corazón. En este contexto creció el pequeño Mauricio, que a pesar de la disciplina que le imponían sus padres siempre demostró un escaso interés por los estudios, lo que lo llevó durante la primaria a ser expulsado de la Escuela Julio A. Roca. Es que su verdadera vocación había comenzado a rondar en su mente, y sabía que lo suyo era el arte.

"Me ha ido bien en la vida, algo que no siempre disfruto como debiera. A veces me asalta un estado de culpa cuando veo los contrastes entre mi vida y la de otra gente. No sé si es culpa exactamente, pero sí un sentimiento de desasosiego. Quizá me venga de mi vieja, que era una mujer de trabajo, una típica inmigrante de cincuenta años atrás. Le daba pudor cualquier forma de ostentación. Y no porque tuviéramos demasiado, al contrario.
Vivíamos en dos piezas, en Córdoba y Libertad. Las cosas no eran como ahora. Hacíamos los deberes del colegio sobre una mesa cualquiera, y cuando era la hora de cenar levantábamos los cuadernos y comíamos ahí mismo. Éramos pibes criados en la calle. No había otra, salvo aburrirse en casa mirando el techo. Entonces salíamos a la calle, a jugar a la pelota en la cortada del Teatro Colón o a la bolita en Plaza Lavalle. De pronto, cuando anochecía las madres empezaban a llamar a los gritos a sus hijos desperdigados. Parecíamos una gran familia italiana: todo bullicio, griterío. Fue una buena infancia”

Con sólo 15 años decidió abandonar para siempre los estudios y dedicarse al trabajo, iniciándose como asistente de la orquesta de Luis Rolero y René Cóspito, lo que lo llevó a aprender música, tomando clases de clarinete. Pero la música no era realmente lo que le importaba. Él sabía que había nacido para otra cosa y, no dudó en perseguir su sueño. Casualmente, su debut como cómico estuvo lejos de lo que sería Tato Bores en el futuro, pero en realidad fue el puntapié inicial para decidir su camino en la vida.Todo ocurrió durante la despedida de soltero del músico Santos Lipesker, durante la cual Mauricio se paró frente al público y ofició de cómico, haciendo reír a los presentes con sus ocurrentes chistes. En la fiesta estaban presentes el guionista Julio Porter y el cómico Pepe Iglesias "El Zorro”, quienes al observar el excelente desenvolvimiento del joven decidieron convocarlo para trabajar en Radio Splendid.
A partir de aquel momento nació Tato Bores, con el seudónimo creado por Julio Porter, que lo convertiría en uno de los grandes cómicos de la Argentina. Varias fueron las oportunidades que siguieron al debut, las cuales lentamente permitieron generar un interés cada vez mayor del público hacia el querido Tato.
 
Desde finales de la década del cuarenta, brilló en el teatro de revistas con su humor político inyectado de sutilezas y alejado de la chabacanería de algún colega, y a mediados de los 80 cumplió con excelencia el rol de esposo del personaje de Carlos Perciavalle en la primera versión de La jaula de las locas. En 1946, habría creado su personaje Igor, dentro de "La escuela humorística” que luego tuvo programa radial propio, Las aventuras de Igor. 

Su máxima consagración llegó de la mano de la televisión, Tato había debutado en la estación pionera con el micro Tato y sus Monólogos dentro del ciclo "Caras y morisquetas” (1957), cuyo protagonista era el enorme Dringue Farías y tenía libretos de Landrú. El frac, la peluca de cabellos hirsutos y el habano nacieron durante una seria crisis en el gobierno de Arturo Frondizi, cuando el comediante apareció en la pequeña pantalla ofreciéndose para ocupar cualquier puesto de ministro. 

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