El hombre que no puede explicarse a sí mismo

Es exitoso sin saber por qué, es filósofo sin la Universidad, le gusta escribir pero escribe poco, ama la radio pero no tanto, no se acuerda de sus comienzos.
lunes, 29 de junio de 2015 · 15:20

Al entrar en la casa de Alejandro Dolina, lo primero que llama la atención es una biblioteca enorme y un piano de cola, ubicados en el comedor. Lo obvio salta a la vista, allí vive alguien que disfruta de la cultura como un hobbie que forma parte de su cotidianeidad, de su estilo de vida. Es alto pero no como cualquiera. Bueno, Dolina nunca podría ser como cualquiera. A diferencia de todos los hombres altos, lleva su estatura con estilo y buen porte. Son esos buenos modales para dirigirse los que también sobresalen en su forma de hablar.

-¿Qué opinás del periodismo en la actualidad?

-Los medios de comunicación libran en este momento una lucha inédita. Toman parte los medios de un conflicto político, son parte integrante de ese conflicto y operan en consecuencia sin el menor escrúpulo. Eso es lo que yo opino. Eso no ha ocurrido nunca que yo recuerde con esta intensidad, con este desenfado y dudo que haya ocurrido en otro lugar aunque hay, digamos, historias paralelas de medios hegemónicos que están operando especialmente en países latinoamericanos como Brasil por ejemplo. Y eso es muy descorazonador, especialmente cuando el conflicto hace perder cualquier clase de escrúpulo profesional y directamente están así las cosas. Yo creo que hay un decoro inédito y ante eso, a uno se le van las ganas de pertenecer a ese foro.

-Por eso, vos no participás

-En lo personal, yo hasta incluso trato de no participar de lo que podríamos llamar el debate, que no lo es, porque si el precio es tener que empezar a chicanear, a gritar, a mentir y a enojarse o, peor, a enojarse y utilizar la puteada como elemento cotidiano, no sé si tengo ganas de eso. Hay periodistas que se han convertido en insultadores profesionales. Yo tengo mucho que decir al respecto, cuando el lenguaje de las malas palabras se convierte en una andana intimidatoria que clausura cualquier tipo de intercambio de ideas, eso es lo contrario al debate. Eso es un ruido que no tiene nada que ver con las ideas. Es un ruido de clausura, de intimidación, un ruido que viene a reemplazar la argumentación por una clausura de agresividad tan fuerte que a veces uno por temor incluso, repliega los argumentos porque no hay un argumento que pueda sobreponerse a la clausura de un insulto a la cara. Es un juego que a mí no me gustaría jugar y ojalá que dejemos de jugarlo pronto en Argentina porque es horrible ver a personas soeces, consolidadas como las personas más creíbles de la Argentina, como si ser creíble fuera alguna clase de virtud. La virtud es ser veraz, no ser creíble.

-¿Qué pensás del periodismo militante?

-Está bien, en la medida en que se reconozca como tal. Lo peor es cuando uno esconde bajo una máscara de independencia, un periodismo militante. Entonces, resulta un poco confusa la cosa. Pero, en cualquier caso, la militancia debe ser desinteresada, es preferible que uno milite porque tiene esas ideas y no porque le pagan aunque bueno, el capitalismo consiste en eso, en hacer cosas a cambio de dinero.

-¿Cómo iniciaste tu carrera?

-No tengo la menor idea, qué sé yo. No sabría decirte eso, eso sucedió de un modo muy desordenado. Hay personas que recuerdan exactamente cómo comenzaron y tienen una idea de sus comienzos muy ordenada, como si el destino les hubiera escrito su historia. Yo no tengo semejante percepción, no sé cuándo empecé, mis comienzos deben haber sido tan fantasmales que uno a veces duda en considerarlos tales. ¿Cuál fue el verdadero comienzo? Y yo qué sé. No tiene el menor interés. Son trabajos que hice de un modo posiblemente casual. Ninguno es un trabajo muy bueno. No estoy muy orgulloso de esos primeros trabajos y tampoco lo estaba en el momento en que los hacía de manera que ni me descubrió nadie ni sentí que me cambiaba la vida.

-¿Y qué cosa te cambió la vida?

-No sé si decir cambió la vida…

-Bueno, un cambio grande digamos

-Pude registrar un cambio cuando comencé a hacer este programa que todavía estoy haciendo en la radio. No eran mis comienzos. Yo ya había hecho algunas cosas, había escrito en la revista Humor, trabajado yo mismo con mi propio material para ver qué podía hacer con eso. O sea, ya era un mozo bastante crecido pero ahí sí me cambio la vida. Pude establecer desde allí un foro diario de ejercitación, de contacto con la gente, contacto con distintos compañeros, relacionarme mucho mejor con mis colegas y con el medio y ahí si yo puedo establecer una especie de comienzo de otra época, distinta a la anterior, mucho más seria.

-¿Y en lo personal cómo lo sentías?

-En lo personal también me cambió la vida porque me permitió entregarme definitivamente a los trabajos artísticos. Hasta ese momento, alternaba algunas actividades que podríamos llamar creativas o artísticas o relacionadas con el pensamiento, con tareas profesionales tales como la publicidad. Y yo no estaba tampoco seguro de poder encaminarme a construir un discurso artístico adecuado hasta que la radio me ayudó, aunque más no sea por la obligación diaria de una indagación casi cotidiana en asuntos relacionados con la historia, con el pensamiento, con la filosofía, con la poesía. Todo ese régimen de estudio no lo tenía ni cuando estudiaba en la facultad y yo creo que me sirvió. Si bien yo creo que la radio no es la cosa de las que hago que más me gusta sino una tarea diaria, no tan gratificante en cuanto a su resultado artístico, de no haber sido por la radio, todas las otras actividades que son casi exclusivamente la narrativa y un poco la música, no se hubieran desarrollado.

-¿Qué es lo que más te gusta hacer?

-Como gustarme, me gusta la radio. Me gusta hacerlo pero si tuviera que elegir una sola actividad, elegiría escribir desde luego. Pero no es porque me guste, no es tan grato escribir pero haber escrito es mejor que haber hecho programas de radio.

-¿Por qué?

-Porque es una actividad mucho más compleja y mucho más interesante.

-Muchos dicen que hay antecedentes borgeanos en tu forma de escribir. ¿Qué pensás sobre eso?

-Tengo antecedentes borgeanos principalmente como lector. No me esfuerzo en desmentirlos de manera que si bien yo no soy un imitador de Borges, hay algunas cuerdas que suenan por simpatía aunque uno no las pulse y revelan que uno ha transitado por esas meditaciones con resultados bien distintos, desde luego, pero esforzarse en no escribir como Borges es al menos superfluo. Digo, no sé para qué se esfuerzan tanto algunos. Lo difícil seria escribir como Borges, no, no escribir como Borges, de manera que no hace falta hacer ningún esfuerzo en ese sentido. Yo creo que es cierto pero hasta donde puede uno ser un imitador de Borges sin que resulte patético. Las imitaciones son irrisorias cuanto peor le salen a uno.

-También sos catalogado como un filósofo

-Son, también, aficiones. Yo no soy filósofo ni siquiera un tipo que escribe sobre filosofía, pero sí en la radio, así como divulgador, muchas veces he comentado algunas cosas que han dicho o han hecho los filósofos pero solo por haber leído, o por curiosidad, comento esas cosas. No porque yo haya resuelto dedicarme a la filosofía como profesión. Aportar a la caja de filósofos como hacen algunos. Bueno, yo no hago eso.

-Incurrís en cosas sin querer.

-Es casi inevitable. Lo de la filosofía también. Son cosas que a uno le han interesado que eventualmente se relacionan con alguna clase de pensamiento y salen a la luz. Pero yo no soy un filósofo profesional ni aficionado ni nada. Algunos dicen "este muchacho es un filósofo” queriendo decir que digo cosas a la noche, tarde. Eso quieren decir.

-¿Por qué creés que el programa de radio sigue tan vigente?

-No lo sé. Yo de lo que estoy seguro es que se trata de otra gente. Nuestra audiencia es siempre una audiencia juvenil, incluso por el horario y creo también por los contenidos que son contenidos muy relacionados con los cursos lectivos de los colegios secundarios, de las universidades. Hay una temática de estudiantina que está ahí y entonces parece que fueran siempre los mismos porque son personas jóvenes, en edad estudiantil, en edad universitaria y que vienen todas las noches pero son otros no son los mismos y se ha ido renovando, y el programa también, aun sin darnos cuenta nosotros o sin haberlo intentado. Es distinto porque nosotros tampoco somos los mismos, todos los que hacemos el programa, especialmente yo. Hemos aprendido algunas cosas, nos hemos arrepentido de otras, nos han aburrido algunos chistes, otros nos han entusiasmado más. Yo creo que el programa ahora es quizás menos gracioso pero más complejo. Yo he tenido formaciones mejores que la que tengo ahora y peores. Depende mucho también la dotación con la que uno trabaje. Cuando uno tiene por ejemplo a Gillespi, tiene algunas posibilidades que ausente Gillespi no están más. ¿Lo conocen a Gillespi ustedes que son de Monte Grande?

-Sí. Lo conocemos.

- Bueno, Gillespi…Y todos los compañeros que he tenido, que son muy buenos y muy queridos, tienen distintas habilidades, distintas destrezas. Algunos cantan, otros no. Algunos tocan la trompeta, otros no. Algunos actúan e inventan muy bien y otros no. Entonces, también esa es una variable. Eso hace cambiar el programa. Pero más que nada es el tiempo y las cosas que abandonamos, las ideas que abandonamos y las que recibimos como una novedad. Como una novia nueva.

-¿Cómo es tu relación con la gente?

-Mi relación con el público es la relación que tiene un artista con el público.

-¿Es lo mismo el público que la gente?

-Sí. A mí me tratan como si yo fuera cantor de boleros, qué sé yo. Les interesa o no les interesa. En general, no les interesa. Algunos, vaya a saber por qué milagro cósmico, se interesan en las cosas que digo y hablan sobre esas. En general, a mí la gente me trata bien, no está muy interesada en lo que yo hago porque lo que yo hago no es una cosa de actualidad, no es que yo estoy viviendo una polémica con fulano o con mengano. Por ahí estoy hablando de cosas relacionadas con el pensamiento, con el arte, la ficción, con la filosofía, con todas estas cosas que hemos estado mencionando, así que, a la gente eso no le produce enojo pero tampoco le produce un gran entusiasmo.

- Sin embargo, sos una persona muy reconocida

-Puede ser. A lo mejor, no tanto como yo hubiera deseado o no tanto como hubiera sido dable esperar, o más, no lo sé, si eso ha sucedido, si ha sucedido en el nivel que yo esperaba, si puede llegar a suceder, si podría suceder si yo cambiara algún tornillo o algún resorte de mi forma de comunicar. No lo sé y es mejor que no lo sepa. Lo mejor es escribir los libros, deseando que se vendan mucho que es lo que en general ocurre, eso sí ocurre. Pero no escribiéndolos para que se vendan mucho. Uno debe escribir lo que escribe y lo que le sale bien, después si se venden mejor, nos ponemos todos muy contentos. Pero, ya lo otro, pensar esto le va a gustar a la gente y no te gusta a vos, es terrible eso.

-¿Hay algo que sientas que te falta hacer?

-Casi todo. Qué sé yo. No está muy ordenado todo esto. Algunas cosas se han hecho. Otras se han hecho mal, otras se han hecho por la mitad. Y ni siquiera te puedo contestar eso porque por ahí hay cosas que me parece que me faltan y no me faltan y las que me faltan son otras. Es muy probable que yo esté ahora esforzándome en cosas que son inútiles y en cambio, despreocupándome de otras que debería vigilar. Yo no tengo muy claro en qué momento de mi carrera estoy. Tal vez es mejor así para que no me convierta en el tipo que decía recién, ese que está mirando primero en qué es lo que desea el mercado para después hacerlo. Hacer lo que puedo no siempre es mucho. No todos mis proyectos los puedo concretar en un modo estrictamente profesional. No tengo eso. Esa virtud no la tengo. Me tiene que gustar un poco, me tengo que entusiasmar, tiene que asistirme un poco de suerte para llevar adelante un libro, o una modificación o un espectáculo. Por eso he hecho tan pocos. No son tantos los que yo escribí ni son tantos los espectáculos que hice. Por suerte, la mayoría me han salido bien pero son pocos.

-¿Te cuesta alcanzar una satisfacción personal?

-En algún punto hay que conformarse. Yo a veces escucho esos tipos que dicen "Uno nunca está conforme”. Pero eso es creer que uno es omnipotente, si uno nunca está conforme, quiere decir que siempre, cualquier cosa que hagas, la podés superar. Bueno, date por contento con algo. A mí me pasa por ejemplo que algún libro, por ejemplo, "Bar del infierno”, me dicen, "¿Está conforme con este libro?”. Sí, ¿Por qué no voy a estar conforme? Me parece que está bien, ¿Podría estar mejor? Si, si lo escribiera otro, podría estar mejor. Si yo lo volvería a escribir, probablemente lo escribiría peor. Si yo veo que he llegado casi al máximo de lo que yo puedo dar, esa es una gran satisfacción. Ahora, otros no. Otros libros por ahí me dejan la sensación de que por ahí yo no los volvería a escribir. Pero, también ha pasado el tiempo. Son libros que yo he escrito cuando tenía treinta años, yo qué sé. Y claro que no me gusta, y claro que no lo escribirá así pero claro que no tengo treinta años tampoco.

-¿Es muy complejo escribir un libro? ¿Tenés una rutina de trabajo?

-Me resulta dificultoso, yo no soy rápido para escribir. Tengo algunos amigos que escriben muy rápidamente. Dos o tres libros por año. Pero claro, son otras metodologías, se sientan y empiezan a contar lo que les pasó el último verano y bueno. Yo no digo que del modo que yo uso salgan mejores cosas. Posiblemente no. Pero, una manera de escribir lento es ser uno, un lector exigente. Cuando uno es mejor lector que escritor, resulta muy difícil de avanzar.

-Como dice Borges, "Uno no es por lo que escribe, sino por lo que ha leído”

- Y bueno, tenías razón, soy borgeano. Pero cuando uno aprendió a leer y no sé si a escribir, los propios escritos aparecen bajo un ojo muy atento al desatino. Uno desarrolla un cinismo como lector que después no puede eludir como escritor. Entonces, nada te gusta del todo. En ese sentido, ahí sí hay una gran insatisfacción en el sentido de no tanto en leer un libro que ya escribiste, sino en el frase a frase. Y esto, ¿Lo dejo pasar o no sirve para nada?

-Una vez dijiste que la mujer es una musa de inspiración. ¿Qué lugar ocupa la mujer en tu vida?

-Para mi vida, es un rol principalísimo. A mí me parece que los episodios de amor son mucho más importantes que cualquier episodio profesional que me toque vivir. Mucho más. Los vivo yo con una gran intensidad y me asombra que sucedan cosas tan milagrosas como esas, la de enamorarse uno, la de desear uno, la de desesperarse uno. Pero también soy casi un militante de los derechos de la mujer por pura contigüidad, por llevarme yo siempre mucho mejor con las mujeres que con los hombres. A mí la verdad que la amistad masculina, esa que nos conduce a mesas de ocho hombres en los bodegones que hablan a los gritos y se ríen, no me seduce mucho. No me gusta. Algunas amistades individuales y un poco más reflexivas y tranquilas, por ahí sí. Más cercanas al afecto familiar que al bullicio de las pizzerías. Y en cambio, me divierte mucho más el intercambio con las mujeres, será porque además me gustan pero bueno, está bien. Digo, de esa contigüidad ha salido una empatía con las postergaciones que sufren las mujeres que son las que todos conocemos: ganar menos por iguales tareas, ser consideradas como una propiedad del hombre, etcétera, etcétera. No hace falta que yo diga todas estas cosas. Pero muy buena parte del día estoy pensando, en un sentido o en otro, en mujeres que ocupan distintos lugares en mi vida. Lugares de deseo, de reflexión, de preocupación, de amenaza.

-¿Cuáles han sido las mujeres importantes?

-Unas que andan por ahí. Qué sé yo. He tenido algunas mujeres importantes en mi vida. Por ahí parecen muchas pero no es así sino que soy ya tan viejo que he tenido muchas historias de amor, de amistad y de aventura. Y he tenido yo mucha más suerte de la que realmente merezco así que yo estoy mucho más agradecido a las mujeres que han tomado algún tipo de contacto conmigo que a mis amigos. He tenido muchas mejores novias que amigos. Así que les estoy agradecido porque han construido como una cordillera de felicidades, eso no lo han construido ni por casualidad, ninguno de mis amigos.

-Ninguno de tus amigos

-Ninguno.

Y ahí se quedó, su casa, su piano, sus pensamientos, sus libros, sus éxitos que no reconoce, el programa de radio de esa noche, que quizás le guste.

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