Adriana "La Gata" Varela

Ella canta con las manos y la piel

Un estilo diferente, un carácter apasionado que transmite lo que ninguna otra mujer ha conseguido. Su voz y su cuerpo al servicio de la canción. Es actriz, sobre todo. Es vehemente, sensual, sugerente, distinta.
viernes, 23 de octubre de 2015 · 17:00

Ni del barrio ni de cuna tanguera, Adriana "La Gata” Varela creció escuchando a los emblemas del rock and roll. Pero,la música quedó atrás cuando aquella adolescente revolucionaria se dio cuenta que sus ídolos comenzaron a ser comerciales, a venderse al mercado. Entonces, se dio cuenta que tenía un vacío y había algo que faltaba: el tango. Casi por casualidad se subió al escenario de una famosa confitería del 2 x 4, la Homero Manzi. Entre los espectadores, se encontraba una de las grandes figuras que tuvo este género en Argentina, el Polaco Goyeneche. Él la escucho atento, le gustó su voz y la apadrinó. De ahí en más, es historia conocida: Adriana Varela se convirtió en una de las cantantes más reconocidas del tango argentino.

¿Cómo nació tu pasión por la música?

Creo que es algo que nació conmigo. que lo llevo por herencia, por una cuestión de genes, porque mi madre escuchó música toda la vida, es profesora de piano; mi padre escuchaba jazz y blues y mi abuelo tocaba la guitarra, por eso creo que lo llevo en la sangre.

¿El tango lo llevás por herencia también?

No, en mi casa no se escuchaba tango. En casa se escuchaba lo cool y también lo grasa de aquella época: mi vieja era más de Édith Piaf, de la música clásica o los boleros. Para mi hermano y para mí, que éramos de los Rolling Stones, Led Zeppelin y todo el rock, que los sábados nos despertaran con Olga Guillot era una tortura.

¿Cuál fue el punto de inflexión? ¿Cuándo te encontraste con el tango?

Yo era rockera militante; por eso, cuando sentí que el rock se subía al mercado y transaba, me quedé huérfana. Fue una crisis estética y conceptual que me permitió llegar al tango. Me alquilé la película Sur, lo ví al Polaco Goyeneche y dije: "Esto es rock and roll”. Entonces, fui al café Homero y ahí empezó la historia conocida. Encontré a esos grandes hombres que me abrieron las puertas de su vida y que me eligieron: el Polaco, que fue mi padrino; Leopoldo Federico, Horacio Salgán, Osvaldo Tarantino, que era el pianista de Piazzola. Yo iba sólo a escuchar pero, un día, Néstor Marconi me pidió que preparase unos tangos porque él sabía que yo había tocado en algunos lugares por hobby. Me subí al escenario y cuando me escuchó el Polaco dijo: "Es ella”, y ahí empezó mi relación con él. Mi carrera artística.

¿Qué opinás de la canción que escribió Cacho Castaña sobre vos?

Es una radiografía extraordinaria, me siento absolutamente identificada con lo que dice, cada vez más.

¿Por qué?

Él dice que soy "una gata herida’, que soy vulnerable, parezco muy fuerte, me levanto todo pero nada que ver. Cuando Cacho la canta o cuando me la piden, veo que a las minas les encanta ser así. Hoy las mujeres tenemos esa necesidad de laburar, de ser fuertes y hacer un montón de cosas. Pero, finalmente, nos quebramos, lloramos. Es una descripción que me identifica a mí y al género. Creo que todas somos así. Vulnerables y fuertes.

¿Desde que empezaste hasta ahora, qué cosas cambiaron?

Son otros tiempos, más modernos, más sueltos. Hay más permisos culturales, más aire. Si escuchás tango no te van a decir "qué limada”, como me decían a mí cuando empecé. En los ’90 nadie escuchaba tango, ni de mi generación ni de la de los pibes. Hoy está presente, está en el aire. También algunos son muy snob con la movida del tango. En mi caso, por suerte, lo agarré cuando no estaba permitido y no me considero ninguna snob.

¿Por qué pensás que el tango le gusta tanto a los extranjeros?

El tango está pasando por el mismo fenómeno por el que pasó hace añares el jazz. El mundo se apropió del tango, hoy es universal, ya no nos pertenece. Y el fenómeno se dio con más pulenta todavía que el del jazz. Además, el tango responde a esta necesidad imperiosa de estar con otro, esto que es tan complejo hoy en día, estar acompañado.

En plena era digital, en la que todos están con su celular, el tango acerca…

Claro. El sistema nos vendió espejitos de colores y nos dejó solos con una computadora, por decirlo primariamente. Y el tango es esa tijera que separa el mundo individualista o hedonista del mundo acompañado, el de un chabón cazando a una mina de la cintura, o a un tipo, no importa. Hay algo fuerte que se produce en el rito de la danza. El tango es pulsional, no pasa por lo intelectual, tiene que ver con el eros. Los grandes filósofos hablan del tango como fenómeno erótico. Eso es lo que ven los extranjeros y nosotros no, porque lo tenemos tan cerca. Sólo nos sorprendemos cuando vemos la fiebre que despierta el tango en el mundo, ahí no lo podemos creer.

¿Qué música escuchás además del tango?

Y tengo un repertorio amplio. Me quedaron las bases el rock pero también fue incorporando música más nueva. Entonces, escucho esde Prince hasta Led Zeppelin, pasando por Joaquín Sabina, Jaime Roos, Jorge Drexler, Chico Buarque, Caetano, Björk. Un poco de todo.

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