Alfonsina Storni

La novia del Mar

Octubre de 1938. Nadie sabrá nunca por qué eligió morir en él, qué angustias o que poemas intentó compartir. Nadie sabrá nunca si en realidad, eligió vivir en él para siempre.
martes, 25 de agosto de 2015 · 13:49

La Argentina del siglo pasado fue el escenario donde circuló gran parte de los escritores nacionales que lograron mayor reconocimiento. Entre ellos, se destacó una poeta que entre palabras filosas y sensibles, supo criticar a una sociedad inundada de machismo, llorar sus desamores y honrar los cariños que le trajo la vida.

La astucia a la hora de escribir la volvió una de las pocas mujeres famosas en el ámbito literato de aquellos años. Se insertó en un lugar que, como todos los espacios de cierto nivel intelectual, estaba destinado a los hombres casi por naturaleza.

Alfonsina Storni fue siempre polémica incluso hasta el día en que decidió quitarse la vida en una playa de Mar del Plata. Sus amigos, sus admiradores y sus conocidos la despidieron con tristeza. No así a su poesía inmortal, que continúa vigente.

Alfonso Storni y Paulina Martignoni eran dos inmigrantes suizos que, al igual que tantos trabajadores del viejo mundo, decidieron probar suerte en Argentina, donde el matrimonio tuvo sus primeros dos hijos.

No lograron mucha suerte en el suelo americano por lo que decidieron regresar a Suiza. Allí, el 29 de mayo de 1892, llegó al Mundo Alfonsina Storni. Cuatro años después, la familia regresó al país y se instaló en San Juan, donde residió hasta 1900, momento en el que se mudó a Rosario.

La infancia de la niña que crecería para ser famosa, transcurrió entre idas y venidas, en medio de la ilusión y el desencanto de la pobreza. El padre, del que la futura escritora heredó su nombre, era una persona que se caracterizaba por su inestabilidad emocional y laboral, lo que muchas veces trajo problemas económicos al conjunto familiar.

Por eso, la tercera hija de los Storni comenzó a trabajar desde los once años y abandonó sus estudios a temprana edad. La situación empeoró cuando su papá falleció en 1906.

Por necesidad, la joven tuvo que aceptar distintos empleos para ayudar al sustento de sus hermanos y su madre, aunque siempre con la esperanza de retomar su instrucción académica, objetivo que cumplió tiempo más tarde. Se egresó de la escuela e incluso se recibió de maestra rural. En la entrega de premios, se recitaron tres poemas escritos por Alsonfina Storni. Además, entonó "El brindis” de "La Traviata”, de Verdi y le dedicó a la directora María Margarita Gervasoni un poema llamado "El maestro”.

Trabajó como docente en "Escuela para Niños Débiles del Parque Chacabuco”, una institución creada por Hipólito Yrigoyen que albergaba a pequeños mal alimentados o raquíticos.

En esos años, publicó sus primeros poemas en revistas locales. Cuando le faltaba poco tiempo para cumplir los veinte años, quedó embarazada y se trasladó a Buenos Aires. Nunca se conoció quién fue el padre del hijo de Alfonsina aunque los historiadores coinciden en afirmar que se trataba de un hombre mayor, casado.

Desde ese momento hasta su muerte, crió sola a Alejandro, lo cual no sólo le presentó dificultades económicas sino también la ubicó como el blanco de las miradas de una sociedad muy poco abierta de mente y prejuiciosa. "Buenos Aires es un hombre/ Que tiene grandes las piernas/ Grandes los pies y las manos/ Y pequeña la cabeza”, escribió sobre la Provincia.

En Buenos Aires, trabajó como cajera en una farmacia y luego, en una tienda. Una anécdota de esos días refleja el machismo que imperaba en la Argentina de esa época. Alfonsina se presentó en una entrevista para "Freixas Hermanos”. Siendo la única mujer entre todos los postulantes, debió insistir para que le tomen el examen al igual que al resto. Finalmente, consiguió el trabajo pero como era mujer, su sueldo fue de doscientos pesos cuando al empleado anterior le pagaban cuatrocientos.

Realizó algunas colaboraciones en la revista "Caras y Caretas”. Gracias a este empleo, conoció a escritores importantes como José Enrique Rodó, Amado Nervo, José Ingenieros; entabló amistad con otras dos personalidades: Manuel Baldomero Ugarte y Horacio Quiroga.

Con este último, se sospecha que tuvo un amorío aunque nunca fue confirmado de manera oficial. En 1916, publicó su primer libro, "La inquietud del rosal”. La publicación consistía en poesías que expresaban sus deseos como mujer y describían su condición de madre soltera sin ningún tipo de complejo.

En un encuentro que tuvo con el poeta Félix Visillac le leyó los versos; al terminar, este le propuso acompañarla a la imprenta de Miguel Calvello, quien aceptó imprimir el libro a cambio de quinientos pesos por quinientos ejemplares. Alfonsina aceptó pero nunca pagó la cuenta porque no logró reunir el dinero.

La crítica no recibió bien el primer libro de la escritora pero eso no la detuvo en su afición por las letras y mucho menos en la ardua labor de despertar a una comunidad retrograda. Al tiempo, le asignaron una sección fija en la revista "La Nota” y en el diario "La Nación”.

Ambas columnas eran un espacio en el que bregaba por los derechos de las mujeres, entre ellos, el voto femenino y criticaba a aquellas que elegían una vida superficial. "Llegará un día en que las mujeres se atrevan a revelar su interior; este día la moral sufrirá un vuelco; las costumbres cambiarán”, escribió desde su rol como periodista.

En 1918, publicó "El dulce daño”. El 18 de abril de ese año se le ofreció una comida en el restaurante Génova, de la calle Paraná y Corrientes, donde se reunía mensualmente el grupo de "Nosotros”, y en esa oportunidad se celebró la aparición de "El dulce daño”.

Los oradores fueron Roberto Giusti y José Ingenieros, su  amigo, protector e incluso su médico. En ese momento, la escritora se reponía de una tensión nerviosa, la cual la había obligado a ausentarse por un tiempo de sus actividades, no demasiado ya que necesitaba un ingreso para mantenerse a ella y su hijo Alejandro.

Ese mismo año,  Alfonsina recibió una medalla de miembro del "Comité Argentino Pro Hogar de los Huérfanos Belgas”, donde también se homenajeó a Alicia Moreau de Justo y Enrique del Valle Iberlucea por haber aparecido como concurrente a un acto en defensa de Bélgica, con motivo de la ocupación alemana.

La poeta tenía muchos amigos uruguayos, entre ellos, Juana de Ibarbourou, quien la describió: "Era joven y parecía alegre; por lo menos su conversación era chispeante, a veces muy aguda, a veces también sarcástica. Levantó una ola de admiración y simpatía. Un núcleo de lo más granado de la sociedad y de la gente intelectual la rodeó siguiéndola por todos lados. Alfonsina, en ese momento, pudo sentirse un poco reina”.

Siguieron dos poemarios: "Irremediablemente” y "Languidez”, este último ganó el Primer Premio Municipal de Poesía y obtuvo el Segundo Premio Nacional de Literatura.  

En todos sus escritos, sobresalían las palabras de una escritora que no se dejaba inhibir por la Argentina patriarcal. Su forma de pensar era demasiado moderna para la época no sólo porque reclamaba mayor importancia para el género femenino sino también porque reprochaba todos los resquebrajos de una sociedad machista y fundada en valores tradicionalistas.

"Tú me quieres alba/ me quieres de espumas/ me quieres de nácar/ Que sea azucena/ Sobre todas, casta/ De perfume tenue/ Corola cerrada”, escribió en su poema "Tú me quiere blanca”, en el que criticaba la posición del hombre promedio, que buscaba casarse con el estereotipo de "mujer perfecta” cuando él no contaba con las mismas exigencias.

Además, escribía sobre el amor. En esos años, las escritoras debían ajustarse a las formas tradicionales sin sobrepasar los límites de lo "moralmente correcto” y sobre todo sin hablar de deseo.  

Sus primeros poemas nacieron de temas humanos, experiencias vividas: eran sinceros y autobiográficos. Por ejemplo, en "La loba”, hizo alusión directa a su maternidad soltera, considerada inaceptable.

Rompió con muchos de los chichés, lo cual generó más de un enojo, al hablar de cuestiones como el deseo femenino que le valieron los más duros comentarios por parte de la crítica tradicional, la doble moral a la que está sometida la virginidad de la mujer, la igualdad erótica entre los sexos y el derecho de independencia de ellas, la posición subordinada y el legado de silencio heredado por las mujeres y su alusión a la muerte.

En 1925 publicó Ocre, que marcó un cambio decisivo en su poesía. Se mostró más introspectiva; el sufrimiento identificado en estos versos apareció menos estridente y sus autorretratos, irónicos. A eso siguió su primera obra de teatro, "El amo del mundo”, estrenada en 1927. Este trabajo no logró éxito y fue duramente criticada debido, entre otras cosas, a la mala interpretación que se hizo de las ideas feministas expuestas en ella.

A los tres días se suspendieron las presentaciones y los cronistas la despedazaron; uno de ellos escribió "Alfonsina Storni denigra al hombre”. Ella, dolida e indignada, se defendió en un artículo titulado "Entretelones de un estreno”. Por otro lado, desde algunos años atrás, Alfonsina también recibía la crítica de la nueva estética argentina, es decir, los ultraístas en torno a la revista "Martín Fierro”, liderados por el joven Jorge Luis Borges.

El Ultraísmo, que abogaba por un lenguaje metafórico donde la imagen era la protagonista absoluta, no podía tener afinidad con el estilo de Alfonsina, más inclinado a la confesión, hijo de la resaca modernista. Los "martinfierristas” la tildaron de cursi y se burlaron de ella en su famosa sección "Parnaso satírico”. Su fracaso teatral y los dardos de la nueva generación de escritores fueron sin duda tragos amargos para Alfonsina.

En 1930 y 1932, viajó por Europa y conoció la "Generación del 27”. Encontró una nueva forma de escribir y lo reflejó en "Mundo de siete pozos” donde adoptó una forma más visual de representar las emociones: juegos de imágenes dentro de un mundo precario e inestable; la angustia metafísica se convirtió en la espina dorsal de los poemas. Sobresalía una angustia que llega hasta nosotros por medio de representaciones de mariposas ebrias y mejillas musgosas.

En 1931, el intendente municipal José Guerrico nombró a Alfonsina jurado: era la primera vez que ese nombramiento recaía en el género femenino. La poeta se alegró de que comenzaran a ser reconocidas las virtudes de la mujer y afirmó en un diario refiriéndose a su designación: "La civilización borra cada vez más las diferencias de sexo, porque levanta a hombre y mujer a seres pensantes y mezcla en aquel ápice lo que parecieran características propias de cada sexo y que no eran más que estados de insuficiencia mental. Como afirmación de esta limpia verdad, la Intendencia de Buenos Aires declara, en su ciudad, noble la condición femenina”.

El 23 de mayo de 1936, en el acto de inauguración del Obelisco de Buenos Aires, dio varias conferencias y en una de ellas señaló que la ciudad no tiene ni su poeta, ni su novelista, ni su dramaturgo pero sí su cantante de tango y señaló el barrio Sur como el baluarte de esa canción porteña. La conferencia se tituló "Desovillando la raíz porteña” y fue transmitida por radio.

La aficionada de las letras logró insertarse dentro del mundillo de literatos ya que forjó amistades con las personalidades destacadas, escribió en diarios y revistas al igual que publicó libros con cierta constancia, recibió galardones y fue jurado en certámenes reconocidos, siempre tuvo cierta angustia.

Hay muchas referencias en correspondencias que hacen alusión a preocupaciones, malos ratos y apuros, a falta de voluntad y a estados variables de salud. Sentía la sensación de que otras personas estaban molestas con ella y se sentía insegura al no poder devolver los favores a quienes se lo hicieran.

El 20 de mayo de 1935, Alfonsina fue operada del cáncer de mama en el sanatorio Arenales. Se pensaba que era un tumor benigno, pero en realidad tenía ramificaciones. La mastectomía le dejó grandes cicatrices físicas y emocionales. Siempre había sufrido de depresión, paranoia y ataques de nervios, pero ahora los síntomas de enfermedad mental se recrudecieron. Se volvió recluida y evitaba a sus amistades.

La tristeza que fue apareciendo sobre el final de su carrera como escritora, quedó remarcada en su última publicación. Un mes antes de su muerte se dio a conocer "Mascarilla y trébol”, lleno de imágenes oscuras y desoladas. Fue una alerta: Alfonsina se moría. Finalmente, el 25 de octubre de 1938 se suicidó en la playa "La Perla” de Mar del Plata. Mucho tiempo después de aquel episodio, Mercedes Sosa le puso música a la canción "Alfonsina y el Mar”.

Tal y como sentencia la popular obra, "su pequeña huella no vuelve más”. Sin embargo,  queda su legado para escuchar sus pensamientos y luchas:  tras su muerte, obtuvo reconocimientos y sus escritos fueron leídos por varias generaciones.

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