PRIMAVERA, AMOR Y ALERGIAS

¿Qué nos pasa en primavera?

Es la época de las flores, la pasión y el amor adolescente; también de las alergias estacionales. Analizamos que nos pasa cuando vuelve el sol.
martes, 06 de octubre de 2015 · 06:35

El pasado 23 de Septiembre, a las 08:20 horas, el movimiento de traslación de nuestro planeta alrededor del Sol completó otro ciclo más, y nuevamente la posición relativa del astro mayor respecto al ecuador pasó del norte al sur. El fenómeno se conoce en nuestro hemisferio con el nombre deEquinoccio de Primavera, y con él comenzó la estación homónima – si bien por convención, se toma el día 21 todos los años -, amanece más temprano y oscurece más tarde gracias a que los rayos del sol abandonaron el hemisferio septentrional para favorecernos. Y nosotros, los australes, somos víctimas sonrientes de una revolución emocional que nos hace sentir que no sólo se aclara el día, sino que verdaderamente, el amor está en el aire.

"Quiero hacerte lo que la primavera hace con los cerezos”, decía Pablo Neruda en su poema 14. Quizás con menor riqueza metafórica, pero con el mismo espíritu poético de fondo, la ciencia busca explicar que hace con nosotros la primavera.

En la época en la que florecen los cerezos, queremos vernos bien, nos detenemos a oler las flores, vemos con otros ojos a las aves, que también parecen volverse locas. La primavera es una de las más intensas manifestaciones de la vida. Y, desde una perspectiva neurobiológica, el deseo de sentarse a contemplar las estrellas durante mil noches y el instinto de reproducción que nos insta a preservar la especie, podrían tener detrás a los mismos responsables.

Dos moléculas jugarían un papel central detrás de la revolución bioquímica que implica la primavera: la oxitocina y la dopamina.

La primera es una hormona producida por los núcleos supraóptico y ventricular del hipotálamo y libreada al torrente sanguineo por la porción anterior de la hipófisis, una glándula que se encuentra en la base del cerebro. Descubierta a principios del siglo pasado y desarrollada sintéticamente en 1953, su primera función conocida fue la de estimular las fibras musculares del útero, permitiendo las contracciones que desencadenan el trabajo de parto. De hecho, en obstetricia, desde los años setenta que la administración de oxitocina sintética por vía endovenosa es ampliamente utilizada para "controlar” la intensidad de las contracciones durante el manejo hospitalario del parto natural.

Pero además de sus funciones como hormona, - que incluyen también el favorecer la contracción del músculo liso de los conductos galactóforos de la mama, permitiendo que la leche salga por el pezón -, la oxitocina juega también un papel como neurotransmisor, participando en las conexiones entre neuronas que hacen funcionar a nuestro cerebro y determinan que hacemos, pensamos y sentimos.

Su papel como neurotransmisor le ha valido el apodo de "hormona del amor”, y el incremento en sus niveles que empieza a apreciarse durante la primavera estaría implicado en los comportamientos relacionados con la confianza, el altruismo, la generosidad, la formación de vínculos, los comportamientos de cuidado, la empatía o la compasión. Además, tiene un papel fundamental en el comportamiento maternal y sexual. Tanto la succión del bebé sobre el pecho de la madre, como las caricias de un amante, estimulan la liberación de oxitocina.

Las palmas sudorosas, las mejillas rozagantes y la sensación de que el corazón se nos sale del pecho, son para la ciencia fenómenos definidos y estudiables. Hiperhidrosis, vasodilatación periférica y taquicardia serían entonces "síntomas” inequívocos del enamoramiento, y como base bioquímica estaría la otra molécula que hace que, como dice el refrán, "en primavera la sangre se altera”.

La dopamina es un neurotransmisor implicado en muchísimos procesos neurales como el control de los movimientos voluntarios, la memoria, el procesamiento emocional y el control de la secreción de prolactina, hormona que estimula la producción materna de leche. Uno de sus roles principales tiene lugar en el llamado "circuito de recompensas”, cuya desregulación sería una de las posibles explicaciones para las adicciones. A la dopamina se la ha llamado también la "Hormona del Placer”, y su actividad sobre el circuito de recompensas nos permite distinguir el placer del displacer, lo apetitivo de lo aversivo. La liberación de dopamina nos hace sentir con más energía, mejor adaptados, motivados y con ganas de asumir nuevos riesgos. La cocaína, por ejemplo, basa su efecto narcótico en su capacidad para liberar cantidades masivas de dopamina, y por esto es adictiva.

Durante la primavera, la mayor exposición a horas de luz, los olores, la vestimenta ligera que nos permite ver más piel, funcionan todos como estímulos que hacen que nuestro cerebro libere más dopamina. A partir de Septiembre, con el aumento de todos estos estímulos, no sólo estamos más susceptibles al enamoramiento sino que verdaderamente, somos adictos al amor.

La dopamina es también la base a partir de la que sintetizan la adrenalina y la noradrenalina, hormonas que controlan el comportamiento sexual, y de la síntesis de feromonas. Según una perspectiva biológica, existentres estados en el enamoramiento, y cada uno está controlado por diferentes hormonas: el estado de lujuria, dominado por la testosterona y los estrógenos(la testosterona es muy importante, no sólo la tienen y expresan los hombres y estimula "buscar”), el estado de atracción, dominado por la dopamina, la noradrenalina y la serotonina que permiten enamorarse profundamente y conlleva hasta dejar de dormir y de comer, y el estado de vinculación, dominado por la oxitocina y la hormona antidiurética, y que permiten seguir la relación sin morir de hambre y sueño e incluso trabajar y recobrar la concentración para hacer otras cosas. Este ciclo se dispara y se acelera en primavera.

Sin embargo, existe toda otra constelación de cambios fisiológicos que acompañan al equinoccio de primavera. La Vitamina D, hormona sintetizada por el cuerpo ante el estímulo de la luz del sol, mejora sus niveles con los días más largos, y con ella sube nuestro estado de ánimo. La luz también favorece la producción de serotonina, un neurotransmisor que ha cobrado relevancia por su papel en el tratamiento de la depresión, que ha hecho que algunos la llamen la "Hormona de la Felicidad”. El entorno también aporta, aumentando la cantidad de estímulos visuales, sonoros y olfativos.

Si bien puede parecer banal el querer hablar de amor en términos de hormonas y neurotransmisores, la perspectiva biológica detrás de estos procesos de ninguna manera le resta a su sentido poético, que es lo que lo vuelve una de las manifestaciones centrales de nuestra condición humana. Por el contrario, contribuye a entender al menos uno de los aspectos del misterio más grande, el entender porque aún en contra de nuestras intenciones y a veces incluso de nuestro "sano juicio”, nos enamoramos. Y a entender, un poco al menos, porque tenía razón Gustav Bècquer , cuando declaraba que "mientras haya primavera, habrá poesía”.

 

 Primavera, Amor y Alergias


 

La primavera es, para la mayoría de la gente, la época del amor, la pasión y la poesía. Pero para al menos un 15% de los argentinos, también es la época de las alergias. No sólo el amor está en el aire, sino también millones de partículas de pólen que en individuos predispuestos desencadenan síntomas de alergia que en su conjunto se conocen como "rinitis estacional” o "fiebre del heno”.

Irritación en los ojos, nariz y garganta; estornudos, fatiga, lagrimeo y conjuntivitis, entre otros, forman parte de este conjunto de síntomas que puede confundirse con un resfriado, pero que en general se repite todas las primaveras y por más tiempo que un resfrío común.

El grano de pólen es la estructura por la que se transporta el material genético de los gametos masculinos, que es transportado por las corrientes de aire y las patas de los insectos hacia los gametos femeninos presentes en la flor, permitiendo la reproducción de las plantas. Los árboles frutales, entre otros, liberan polen durante la primavera, causando las alergias. La alergia es, básicamente, una respuesta exagerada del sistema inmune ante un estímulo que de por si no es dañino, y tiene una fuerte base genética que determina que ciertos individuos estén más predispuestos a sufrirla en respuesta a distintos desencadenantes.

La principal conducta a adoptar para reducir los síntomas de la fiebre del heno consiste en disminuir al mínimo posible la exposición. Cerrar las ventanillas cuando se viaja en auto, minimizar las actividades al aire libre en los días ventosos, mantener en buen estado los filtros del aire acondicionado o cerrar las ventanas al dormir pueden protegernos de la tormenta polínica que empieza en Septiembre. Farmacológicamente, existen fármacos como los antihístaminicos o los broncodilatadores que permiten controlar los síntomas, si bien el único tratamiento definitivo es la "desensibilización”; una terapia que consiste en administrar dosis crecientes del alérgeno en cuestión para generar tolerancia, y que el sistema inmune se acostumbre a su presencia sin desencadenar la crisis alérgica.

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