GUSTAVO CERATI

"Si hubiese pasado acá, quizás el desenlace era otro"

Leandro Sandoval, médico del servicio de Neurocirugía del HIGA Vicente López, conversó con El Diario respecto al tratamiento que recibió el ídolo del rock, a casi un año de su fallecimiento.
miércoles, 12 de agosto de 2015 · 18:26

"Gustavo apareció a último momento y se paró atrás de Taverna. El primer disparo de la cámara salió sin flash, así que Samalea pidió que nadie se moviera y se volvió a subir a la silla para reprogramarla. Taverna se dio vuelta para decirle algo a Gustavo y lo vio pálido, con los ojos desorbitados".

"'¿Te sentís bien?', le preguntó. Gustavo abrió la boca para contestarle, pero no acertó a decirle nada. Fue como si los músculos de su mandíbula no encontraran las palabras. Entonces la cámara disparó su flash y todo el equipo quedó registrado en la última foto de la gira. A su alrededor el grupo se empezó dispersar y Gustavo caminó confundido hacia su camarín".

La noche del 15 de Mayo de 2010, la gira Fuerza Natural – que llevó a Gustavo Cerati por Latinoamérica y los Estados Unidos – llegaba a su fin en Caracas. Después del show, el músico argentino sufriría un accidente cerebro-vascular que tras cuatro años de internación se cobraría su vida, el pasado 4 de Setiembre.
"Cerati: La Biografía”, escrita por el periodista Juan Morris y editado por Sudamericana, se adentra en su décimo capítulo -titulado "Limbo” – en aquellas horas previas, y en el manejo posterior del infarto cerebral que lo atacó aquella fatídica noche. El relato, despojado de atenuantes, dibuja una imagen brutal que deja en evidencia no sólo la severidad del cuadro, sino el pobre manejo del mismo de parte de los servicios de salud venezolanos.

Cuando entraron, Gustavo estaba tirado en el sillón, con el saco a un costado, la camisa desabrochada y la boca entreabierta. Pensaron que tenía un pico de presión o que tal vez le había dado un infarto. Bernaudo corrió a buscar a los paramédicos y al ratito volvió con dos chicos que no tendrían más de viente años y que al ver a Gustavo Cerati descompensado no supieron qué hacer. (…) Gustavo se podía mover pero estaba como abrumado, lento, y no podía hablar".

"Pasó casi una hora hasta que lograron desalojar completamente el lugar: no querían que la descompensación se convirtiera en noticia. Un rato más tarde, dentro de la ambulancia, mientras atravesaban los suburbios residenciales de Caracas a la medianoche, Gustavo todavía parecía estar experimentando cómo el software de su conciencia se enrarecía: estaba acostado en la camilla con los ojos abiertos, pero con la mirada perdida. Dejaron atrás una zona industrial con fábricas, concesionarias de autos y un bingo abandonado antes de llegar al Centro Médico Docente La Trinidad. Cuando bajaron la camilla en la entrada del sector de Emergencias, se encontraron con que los pasillos estaban a oscuras: se había cortado la luz. Mientras avanzaban se cruzaron con una enfermera que les dijo que el grupo electrógeno del hospital sólo funcionaba para la terapia intensiva y los quirófanos, así que volvieron a cargarlo en la ambulancia y lo llevaron hasta otro centro de estudios de la ciudad para que lo atendieran".

La demora en la atención que experimentó el fundador de Soda Stereo, puede haber sido determinante. El Dr. Leandro Sandoval, del servicio de Neurocirugía del HIGA Vicente López, explica que "existe una ventana de 3 o 4 horas, desde que comienza el cuadro, en los cuales todavía se puede intentar reperfundir la zona del cerebro que se quedó sin riego sanguíneo, en caso de que haya sido un trombo lo que obstruyó la arteria. Por la clínica que se describe, da toda la sensación de que Cerati sufrió un infarto maligno de la Arteria Cerebral Media del lado izquierdo. Usando a tiempo y en forma correcta la reperfusión, a muchos pacientes con cuadros cerebrales no sólo se les salvó la vida, sino que las secuelas han sido mucho menos severas.”

"Lo primero que se tendría que haber brindado, y que imagino que se hizo, es la atención básica de cualquier emergencia. Deben haber revisado los signos vitales, y quizás como Gustavo todavía estaba lúcido, el cuadro se subestimó – continúa Sandoval -. De cualquier manera, tratándose de una figura pública con todos los medios económicos a su disposición, se debería haber realizado una angioresonancia de urgencia, o como mínimo una tomografía de cerebro apenas ingresó al servicio.”

El relato de Morris se transforma entonces en la crónica de una odisea donde se da a entender que se acumuló un error médico detrás del otro. Según explica el libro, Gustavo Cerati volvió una hora después al mismo centro, que ya había recuperado el suministro eléctrico. Allí, explica Morris, dejaron al músico en observación en guardia para luego trasladarlo – aún sin un diagnóstico - a la suite presidencial. La clínica les comunicó al músico y sus acompañantes que un cardiólogo lo vería al otro día. "Un caso como el que describen, que había pasado ya de una hemiparesia y empezaba a mostrar signos de afasia, es una urgencia con elevado riesgo de vida. Se lo tendría que haber internado en una sala de terapia neurointensiva, con un equipo formado como mínimo por un especialista en terapia intensiva, un neurólogo y un neurocirujano. El cardiólogo puede sumar, pero en estos casos, no es el especialista indicado.”

Todo un día y una noche debieron pasar para que se arribara finalmente al diagnóstico de ACV con aumento de la presión intracraneana, y se procediera a realizar la craneotomía descompresiva de urgencia. Las secuelas del accidente dejaron al músico en estado de coma durante cuatro años, y finalmente le costaron la vida. "En casos como estos, de verdadera urgencia, el accionar de los servicios de salud en los primeros momentos del cuadro, son cruciales para determinar su desarrollo. Cada minuto vale – explica el Dr. Sandoval -. Estoy seguro que si esto hubiese pasado en la Capital Federal o en la Provincia de Buenos Aires al menos, el manejo hubiese sido distinto, y quizás también el resultado.”

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