REPORTAJE

Un “Maestro” del golf y de la vida

Con sus 94 años muy bien llevados, el reconocido golfista argentino repasó algunos puntos centrales de su carrera; anécdotas, aprendizajes y consejos.
domingo, 14 de junio de 2015 · 00:00

Con sus noventa y cuatro años, Roberto de Vicenzo es más que una leyenda viva del golf; es un ejemplo de perseverancia y honestidad. A pesar de haber dejado ya hace tiempo las canchas, sigue recurriendo de vez en cuando a ellas para pasear con algún que otro amigo golfista. No se aleja de la actualidad deportiva y sigue todas las novedades del deporte que le dio reconocimiento a nivel internacional gracias a la televisión.

Con doscientos treinta y un títulos profesionales en su poder, hay un premio que no se permite olvidar; el mismo en el que obtuvo una victoria no reconocida debido a un error personal. Fue el Master de Augusta, en el año 1968, donde una mala anotación en la tarjeta lo privó de la victoria.

Corría el 14 de abril, en su 45 aniversario Roberto festejaba jugando la última vuelta del Masters. Estaba confiado y creía que podía dar la sorpresa si su putter lo acompañaba. Sin ser necesaria la técnica, embocó su segundo golpe. Fue recién el en décimo séptimo hoyo cuando ocurrió lo inesperado. Su compañero de juego de aquel día, Tommy Aaron, se había pasado del Green, prestando poca atención al gran golpe de De Vicenzo. Allí fue, cuando de forma involuntaria anotó un par en lugar del birdie correspondiente. He aquí uno de sus mayores recuerdos.

"Fue entonces cuando convalidé por error un golpe de más en mi tarjeta en el hoyo diecisiete y perdí toda la posibilidad de ganarlo. Cuando se detectó el problema por una mala anotación de mi compañero mi respuesta fue muy simple, les dije: ‘los reglamentos hay que respetarlos’, y acepté la derrota. Si firmás tu tarjeta con un golpe de más, no se puede sacar. Si lo haces con uno de menos, estás descalificado. La regla no admite dudas. Yo la firmé con un golpe de más, el golpe se quedó en la tarjeta y no pude jugar el desempate. Siempre creí que el único tonto en ese momento había sido yo, entonces no le podía echar la culpa a otro. Hoy creo que fue esa actitud fue la que me terminó abriendo las oportunidades para viajar, me dio un reconocimiento que no habría tenido si hubiera dicho que fue trampa, terminó siendo el mejor error de mi vida”, relata con aceptación Roberto de Vicenzo, como una de las anécdotas más significativas de su carrera.

Con una mente lúcida y repleta de recuerdos, condiciones que raramente se condicen con su edad, recuerda algunas anécdotas y logros que el golf le dejó en su vida. Su cuerpo ya no lo acompaña para poder jugar una vuelta completa, pero el carro de golf está siempre disponible para pasear por el Club de Golf de Ranelag, próximo a su vivienda. "Algunos lo toman a bien y a otros seguro los molesto, pero todos me dejan jugar” asegura.

¿Cómo es su recuerdo el golf?

Yo prácticamente nací en una cancha de golf y hasta los 90, 92 años estuve dando vueltas por ella. Hay muchas cosas para recordar, las lindas y feas, como cuando firmé la tarjeta del máster con un golpe de más, que me costó uno de los torneos importantes pero hoy pienso que son cosas que pasan y que hay que saberlas asimilar.

¿Qué ha significado el golf en su vida?

Ha sido todo, todo lo que tengo lo tengo gracias al golf, hasta mi señora, que la encontré en un club de golf. Ella se adaptó sin problemas a los ritmos del golf, donde hay competiciones en todo el mundo y siempre se juegan por separado entre hombres y mujeres. Es muy difícil que una mujer pueda competir contra un hombre en el juego por las características físicas.

¿Cómo la conoció a su esposa, Delia Casax?

Mi señora nació en una cancha de golf, fue la hija de uno de los encargados del campo, jugaba y bastante bien. Ahí nos conocimos, debajo de un árbol y no te cuento más qué pasó. Compartimos más que una pasión. Me la pasaba enfrente de su ventana en las épocas en la que ella iba al colegio, nos casamos siendo muy jóvenes y desde siempre estuvimos juntos

Y usted, ¿cómo se involucró en este ámbito deportivo?

Nací cerca de una cancha de golf, en una casa con piso de polvo ladrillo, y de chico fui a trabajar para ganar un peso diez, que servía para comprar una empanada y un peso para mi vieja. Eso lo hacía desde los seis o siete años, cuando las salidas eran ser boxador, futbolista o jugar al golf. Después fui caddy de Guillermo Elizamon, de Elías Antunez, de un montón de personalidades fuera del golf.

En todo este tiempo he ganado doscientos y algo de torneos a lo largo del mundo, en Europa, Estados Unidos…he tenido una actuación destacada cuando el golf no era tan practicado, los profesores de golf eran solo profesores, no eran jugadores, algo que cambió con el tiempo porque ahora son los jugadores los mismos profesores, lo que lo hace más competitivo y difícil.

También planteó en el golf una exigencia y entrenamiento que no era usual por aquél entonces

Para mí era esencial. Vivía en y del golf, por lo que no tenía otra cosa que hacer que ir a entrenarme y practicar, era prácticamente un entretenimiento y una obligación al mismo tiempo.

¿Cómo evalúa al mundo del golf en la actualidad?

Hay grandes figuras, grandes jugadores, que realmente hacen fruncir a la pelota de golf, le dan con todo. Han cambiado los equipos, han cambiado las pelotas, prácticamente todo. La tecnología hizo que hasta las máquinas que cortan el pasto de las canchas sean mejores, ha cambiado todo.

¿Quién es un ejemplo de esas grandes figuras para usted?

Tiguer Woods es uno de los buenos, pero con él hay muchos otros, es difícil decidirse por uno. Hay tanta plata en juego, que se reparten entre ellos, y un día gana uno y otro día es otro.

¿En el pasado era también una cuestión de dinero?

No, para nada. No había dinero de por medio, era muy poco, apenas si te alcanzaba para una cena, era una cuestión de orgullo, de sentir el juego, pasión. Siempre he tenido reconocimientos en todo el mundo. Siempre andaba con una bolsa de golf y me seguía gente aplaudiéndome y alagándome. Ese es mi mayor recuerdo y premio.

¿Cuál cree que es su legado?

La buena conducta, la buena educación que he tenido para respetar los reglamentos, tanto del juego como los reglamentos de vida. He sido un hombre que nunca he estado abusando de cosas que no me pertenecían.

¿Es usual que se hagan trampas en este tipo de juego?

En general el golf es un juego que no admite trampas, el que hace trampas está penado muy fuertemente y realmente es muy difícil porque se juega de a tres personas juntas y es muy complicado, entre dos es más posible pero no suele haber posibilidades de no jugar de manera correcta.

¿Qué tiene que tener un buen golfista?

Una cosa es hacer un deporte como si fuera un trabajo y otra por diversión y para bajar la barriga, una cosa es hacerlo para bajar y otra para llenar. Una persona para ser golfista tiene que tener tiempo, tiene que tener pasión, algunas condiciones como sensibilidad, buena vista, caminar; porque son más de diez kilómetros si jugas bien y si jugas mal son más de treinta para hacer una vuelta de golf.

Más que un deporte, el golf es un juego que le abre las puertas a todas las personas sin distinción de edad, se puede disfrutar en familia, con hijos, nietos, incluso personas no videntes, no se compite contra un rival sino que se compite contra la cancha, contra uno mismo.

¿Consideró en algún momento de su carrera otra profesión u oficio?

Nunca lo pensé. Era muy difícil porque mi educación fue solo hasta sexto grado y cuando uno empieza a ser grande las exigencias son mayores y para alguien que solo había terminado la secundaria era difícil buscar otra cosa.

¿Cómo es su relación con el deporte actualmente?

Estoy fuera del mundo del golf pero sigo conectado. Lo sigo por la televisión y a veces me da por caminar unos hoyos con alguna gente amiga, sigo conectado con el juego, es algo que no se deja. Profesionalmente se terminó todo, uno se va retirando sin darse cuenta. Llegó un momento en que pensaba en si ir a jugar al golf y yo mismo no tenía ganas, no tenía fuerzas. La retirada no es premeditada, es prácticamente obligada.

¿Le queda algo pendiente a nivel personal o deportivo?

Yo creo que no. El golf me dio grandes satisfacciones, grandes premios, me dio también medios de vida. Ha sido todo una especie de trabajo, placentero sin dudas.

¿Qué concejo le daría a los golfistas actuales?

Si uno quiere ganarse la vida va a tener que transpirar mucho las manos y sacarse muchos cayos, si sólo quieren divertirse tienen que centrarse en pasarlo bien, jugar con sus amigos o mujeres. Hay muchas formas, quienes tienen condiciones naturales o quiénes no. Es algo que no se aprende a través de profesores sino a través de sensaciones, y uno puede llegar a vivir de lo que le gusta.

 

Situado entre los grandes del deporte, a la altura de Diego Maradona, Carlos Monzón, Guillermo Vilas o Juan Manuel Fangio, fue reconocido a niveles internacionales como uno de los más grandes golfistas. Con sus noventa y cuatro años, es una leyenda viviente, que comparte a diario anécdotas y recuerdos de su vida en el golf.

Con una carrera irrepetible de doscientos treinta y un torneos ganados, ya sus piernas no le permiten jugar seguido. No obstante, una estatua de tamaño natural lo recuerda en el municipio bonaerense de Berzategui, reconocimiento de sus logros y su esfuerzo.

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