Nacionales

Su fuego nunca será cenizas

Hoy, se cumple un nuevo aniversario de la muerte de Evita, quien falleció el 26 de julio de 1952.
domingo, 26 de julio de 2015 · 18:40

María Eva Duarte llegó al mundo el 7 de mayo de 1919, en un pueblito de Chivilcoy llamado Los Toldos. Creció entre la tranquilidad del campo y la pobreza, cosas que dejaría al trasladarse a Buenos Aires donde comenzó una carrera como actriz. Supo ganarse el amor de Juan Domingo Perón y juntos serían una fórmula ganadora para la política y el cariño del pueblo argentino que siempre le dio su apoyo. Con la misma fuerza que asistió a los humildes, enfrentó a las clases altas. Por eso, generó amor y odio en igual medida. El cáncer se la llevó en el esplendor de su carrera, con tan sólo treinta y tres años. Para ese momento, ya había dejado de ser una simple persona para ser considerada "Eva, la milagrosa”.

María Eva fue la quinta hija de Juana Ibarguren y Juan Duarte. La relación no era legitima ya que su padre había conformado una familia con anterioridad. Era un hombre proveniente de una ideología conservadora, con un buen pasar económico, que trabajaba como administrador de campos. Pero, de a poco, se quedó sin lugares donde ejercer su labor y el grupo familiar entró en una crisis. A ello se sumo que el ocho de enero de 1926, Juan Duarte falleció en un accidente automovilístico. A partir de ahí, la situación empeoró aún más. Mientras que los hermanos mayores habían conocido una vida de lujos, la infancia y la adolescencia de los más chicos, estuvieron marcados por la pobreza. "El problema de la subsistencia se convirtió en una lucha que día a día tomaba nuevas formas”, declaró la hermana de Eva, Erminda, sobre aquellos años en los que todos los integrantes del grupo familiar tenían que rebuscárselas como podían.

Cuando era chica, Eva se destacó en obras del pueblo, como narradora de poesía y le gustaba hacer exposiciones e público. A diferencia de las jóvenes que buscaban un marido para ser amas de casa, ella no sentía ninguna de esas aficiones. Se sentía de espíritu libre, ya tenía la meta de ser actriz y decidió ir a Bueno Aires para probar suerte. Al poco tiempo, se incorporó a la Compañía Argentina de Comedias, encabezada por Eva Franco, actriz de primera línea entre los intérpretes argentinas. El 28 de marzo debutó en el Teatro Comedia con un breve papel en "La Señora de los Pérez”. El crítico Augusto Guibourg la nombró en su crónica: "muy correcta en sus breves intervenciones Eva Duarte” -Crítica, 29 marzo de 1935-. No siempre tendría la suerte de ser mencionada, pero permaneció en la Compañia hasta enero de 1936, con papeles siempre de reparto, en "Cada casa es un mundo”, "Madame Sans Gene” y en "La Dama, el Caballero y el Ladrón”. Eran años difíciles para los actores, en los que había poco trabajo y, los que lo conseguían, obtenían un salario mal pago y malas condiciones laborales. Además de ser una industria complicada, el país estaba sumido en un Gobierno oligarca. Estaba en buenas condiciones económicas pero todo el dinero se repartía entre las clases dominantes mientras que la clase baja-media no tenía un buen pasar ni tampoco le eran reconocidos sus derechos.

En mayo de 1936, realizó una gira para la Compañía de Pepita Muñoz, José Franco y Eloy Alfaro, y en diciembre se incorporó a la Compañía de Pablo Suero que estrenaba en el teatro Corrientes "Las Inocentes”. Participó en la Compañía de Armando Discépolo, uno de los mejores directores de teatro de aquellos tiempos, que estrenó el 5 de marzo, en el Teatro Politeama, "La Nueva Colonia” de L. Pirandello. En el mes de agosto, subió por primera vez a la pantalla grande. Había obtenido un pequeño contrato para intervenir en el film Segundos Afuera. Coincidentemente con el estreno es contratada por Radio Belgrano para participar en un radioteatro: Oro Blanco.

En los años siguientes se especializó en el teatro, el cine, y la radio. Como era habitual en una artista de sus características, realizó incursiones en el ámbito publicitario en medios gráficos del momento. En el cine, no tuvo papeles protagónicos hasta 1944, en "La Cabalgata del Circo”. Un año después, participó en su último film, "La Pródiga”, pero nunca fue estrenada.

En el medio radiofónico, participó de varios programas y tuvo grandes éxitos. Estuvo en Radio Mitre, Radio Prieto, Radio Argentina, El Mundo y en Radio Belgrano.

"No soy como quieren hacerme aparecer aquellos que no perdonan nunca que una mujer joven llegue a una posición destacada, una advenediza. Tengo más de cinco años entregados de lleno al culto de esta vocación firmísima que en mí es el arte. Un lustro de sinsabores, de inquietudes nobles, que conoció la incertidumbre de los momentos adversos, como supo también del halago de las horas felices”, declaró en una emisión de Radiolandia, el 7 de abril de 1945, ante las miradas pre juiciosas que se preguntaban cómo una mujer tan joven, de acento provinciano, había llegado tan lejos.

El quince de enero de 1944, una tragedia conmovió al país. Un terremoto destruyó el noventa por ciento de la ciudad de San Juan. Murieron siete mil personas y doce mil quedaron heridas. Perón, desde la Secretaría de Trabajo y Previsión, organizó una movilización nacional para ayudar a los damnificados e invitó a personalidades destacadas para que ayuden en la tarea. Una de los artistas que fueron a asistir era Eva Duarte. Así, se conocieron dos personas que, hasta ese momento, no tenían nada en común. Comenzaron una relación que legitimaron socialmente meses después, durante la función de gala del Teatro Colón, el nueve de Julio.

Tras la renuncia de Ramírez a su cargo como Vicepresidente de la Nación Argentina, Perón fue designado para su cargo. Su anterior ocupación en el Gobierno le había dado popularidad entre la gente y los hombres poderosos. Sin embargo, su figura empezó a molestar tanto a los opositores como a los aliados de su partido. Tenía un gran vínculo con las masas y eso le otorgaba un poder que asustaba al resto de los funcionarios. Asimismo, estaba de novio con una actriz más joven que él, que ya empezaba a tomar parte en actividades sociales y que, en lugar de acompañarlo de forma lejana como hacía el resto de las damas, se mantenía firme a su lado y tenía incidencia en sus asuntos.

El trece de octubre de 1945, un sector de la oficialidad logró imponer que Perón renunciara a todos sus cargos. Fue detenido y trasladado a la Isla Martín García. Durante su gestión, el General había logrado una serie de beneficios y mejoras para los trabajadores que antes no tenían. Si era destituido de su cargo, todo eso iba a quedar en la nada y, otra vez, iban a ser la población censurada, que era obligada a trabajar por un salario que apenas le alcanzaba para vivir y no tenía forma de quejarse o cambiar el curso de la historia. No lo iban a permitir. El diecisiete de octubre se produjo un hecho histórico. Por primera vez en la historia argentina, una multitud se acercó a Plaza de Mayo y exigió la presencia de Perón. Llegaron obreros de todas partes y se estacionaron en la ciudad porteña. "Si bien nos sentíamos impotentes, podíamos hacer algo: sacar a Perón de las garras de la oligarquía y colocarlo en el lugar que correspondía para que sea permanente una auténtica justicia. Es decir, ese idealismo que teníamos nunca lo habíamos vivido en el país”, fragmento extraído del recuerdo de un obrero que estuvo en esa oportunidad. Ese mismo día, el Coronel fue liberado, dio un discurso para calmar los corazones de su pueblo y llamó a elecciones electorales.

Perón y Eva se casaron, primero por Civil y luego en la Iglesia. Luego, él asumió la Presidencia de la Nación. Tras la asunción de Perón, Evita se instaló en el cuarto piso del palacio de Correos y Telecomunicaciones para atender a las delegaciones obreras que le planteaban sus problemas. Más tarde, se trasladó a la Secretaría de Trabajo, donde ejerció el mismo rol. Entre sus primeras medidas, se destacan: un plan de turismo infantil, partiendo el primer contingente de hijos de obreros el 6 de enero de 1947 hacia las sierras de Córdoba; entregó subsidios para ayudaren la construcción de policlínicos destinados a obreros curtidores, textiles y del vidrio, distribuyó subsidios a más de 500 familias sin recursos; distribuyó ropa, comidas entre los necesitados. Los obreros y la gente comenzaron a visitarla personalmente. Como explicó ella, la tarea se volvió "extraordinaria”. Venían a verla de todos lados, personas son toda clase de inconvenientes. Eva empezaba su jornada bien temprano y pasaba casi todo el día escuchando a los humildes, tratando de ayudarlos. Por un lado, implementaba la "ayuda social directa”, recibía a la gente, hablaba con ellos y les brindaba asistencia. Por el otro lado, gestionó una multiplicidad de obras públicas, viviendas, escuelas, hospitales, fábricas, entre otros. Al mismo tiempo, participaba de la mayoría de las reuniones que tenía Perón con obreros, gremialistas, empresarios y políticos.

Con el pueblo, forjó una relación que ningún político había entablado antes. Se dirigía a ellos de forma cariñosa y protectora. Los llamaba "mis descamisados” o "cabecitas negras” para resignificar frases que para otros eran motivo de prejuicio. Evita era igual que ellos, de cuna humilde y, por eso, tenía una complicidad que nadie más podía entender. "Yo no me dejé arrancar el alma que traje de la calle, por eso no me deslumbró jamás la grandeza del poder y pude ver sus miserias. Por eso nunca me olvidé de las miserias de mi pueblo y pude ver sus grandezas”.

El diecinueve de junio de 1948. Se constituyó la Fundación Eva Perón. Realizó un amplio espectro de actividades sociales, desde la construcción de hospitales, asilos, escuelas, colonias de vacaciones, hasta el otorgamiento de becas para estudiantes, ayudas para la vivienda y promoción de la mujer en diversas facetas. Emprendió los famosos Juegos Infantiles Evita y Juegos Juveniles Juan Perón, en los que participaban cientos de miles de niños y jóvenes de sectores humildes, que a la vez que promovía el deporte permitió también realizar masivos controles médicos. También, entregaba masivamente, cada fin de año, sidra y pan dulce a las familias más carenciadas. A pesar de que la Organización desarrolló un sinfín de actividades, recibió muchas críticas por parte de las clases altas y las Damas de Beneficencia que estaban acostumbradas a realizar donaciones esporádicas que no eran políticas de Estado ni producían un cambio de envergadura.

Uno de los mayores logros del Gobierno peronista, impulsado por Evita, fue el sufragio femenino. La Ley Saenz Peña había instaurado que el voto argentino sea universal, secreto y obligatorio. Sin embargo, era una mentira, sólo votaban los hombres. A partir de allí, muchas mujeres, como Alicia Moreau de Justo, lucharon porque se extienda el derecho al género femenino sin llegar a un cambio. Evita comenzó a bogar por esta campaña en el año 1946, desde distintos lugares: con los legisladores, las delegaciones que la visitaban, las mujeres nucleadas en los centros cívicos, a través de la radio y de la prensa. "Estoy bregando por el voto de la mujer, y no cejaré en mi lucha hasta conseguir que ello sea una realidad.” Finalmente, el 23 de septiembre, en medio de un gigantesco acto cívico en Plaza de Mayo, se promulgó la ley. Las pioneras mujeres feministas se levantaron contra la ley sancionada, interpretando que se consagraba de antemano a un partido y no a la defensa de la causa de todas las mujeres en bloque. Entonces el lema fue "Ahora no queremos votar”. Pero en 1951 todas votaron.

"Todo, absolutamente todo en este mundo contemporáneo”-escribía Eva Perón a mediados del siglo XX-"ha sido hecho según la medida del hombre. Nosotras estamos ausentes en los gobiernos. Estamos ausentes en los Parlamentos. En las Organizaciones Internacionales. No estamos ni en el Vaticano ni en el Kremlin. Ni en los Estados mayores de los imperialismos. Ni en las "comisiones de la energía atómica”. Ni en los grandes consorcios. Ni en la masonería, ni en las sociedades secretas. No estamos en ninguno de los grandes centros que constituyen un poder en el mundo”, declaró más tarde en "La Razón de mi vida”. Pero, las mujeres no estuvieron ausentes en el peronismo.

Mientras tanto, se preparaban también para las elecciones electorales. El 2 de agosto de 1951 la CGT le pidió a Perón su reelección con el acompañamiento de su mujer. Pero Evita ya estaba gravemente enferma y no tenía fuerzas para afrontar una candidatura y, muchos menos, un rol tan importante como el que le pedían. El 31 de agosto, por la cadena nacional de radiodifusión, Evita anunciaba "su decisión irrevocable y definitiva de renunciar al honor con que los trabajadores y el pueblo” quisieron honrarla. Finalmente, la fórmula Perón-Quijano se impuso en las elecciones del once de noviembre de 1951. Votaron 3, 816,654 mujeres. El 63,9% lo hizo por el Partido Peronista, el 30,8% por la Unión Cívica Radical. A su vez, el Partido Peronista fue el único que llevó mujeres en sus listas. En 1952, 23 diputadas y seis senadoras ocuparon sus bancas. Evita ya estaba muy grave. Votó desde su cama.

Perón y los médicos hicieron todo lo que estuvo a su alcance. Evita fue sometida a quimioterapia y operaciones. El pueblo se sumía en la tristeza, sabiendo que el final estaba cerca, mientras que la oligarquía festejaba a destajo. "Viva el cáncer”, habían escrito en una de las paredes de Buenos Aires en el mismo momento en que la enfermedad se llevaba la vida de Evita. El 26 de julio de 1952, el cuerpo de Evita abandonó este mundo para siempre pero no así su legado. Su velorio fue en la Secretaría de Trabajo y Previsión. Fue público. La velaron durante días debido a la gran cantidad de personas que quiso despedirla.

Su cuerpo fue mutilado y profanado y finalmente enviado clandestinamente a Italia. Estuvo enterrada, bajo un nombre falso, María Maggi de Magistris, durante catorce años, en el cementerio Maggiore, de Milán. En 1971, el cuerpo le fue devuelto a Juan Domingo Perón en Madrid, que lo tuvo en su residencia. Llegó a la Argentina en 1974 y durante dos años permaneció en la Quinta presidencial. Finalmente, desde 1976, descansa en paz en la tumba familiar, en Recoleta. A diario, argentinos y turistas visitan su tumba. Su mausoleo, discreto en apariencia no logra pasar desapercibido. Es el único en el cual siempre hay fila y está cargado de flores.

 

 

Comentarios