SOCIEDAD

Historias de la China

Adorada de igual modo por la elite cultural y por los sectores populares, fue una primera figura del cine, el teatro y la televisión. Actriz, directora, comediante, su fama se extendió por Latinoamérica y España a lo largo de más de 60 años de trayectoria. La persona que supo crear un personaje a su imagen y semejanza.
domingo, 20 de septiembre de 2015 · 15:40
Concepción Zorrilla de San Martín Muñoz nació en Montevideo el 14 de marzo de 1922. Hija del notable escultor José Luis Zorrilla de San Martín (1891-1975) y de la argentina Guma Muñoz del Campo, nació en el seno de una familia patricia uruguaya. Su abuelo paterno fue el poeta de la patria, Juan Zorrilla de San Martín (1855-1931). Fue la segunda de cinco hermanas por vía materna y fue pariente del prócer nacional uruguayo José Gervasio Artigas y del poeta argentino Estanislao del Campo.
Su abuelo le decía que ella le iba a dar el gusto que ninguno de sus 16 hijos le dio: ser actriz. El aplauso le llenaba el corazón. Amaba el teatro como nada y se sentía la más afortunada por poder dedicarle su vida. "Un día miré a mi papá -el escultor José Luis Zorrilla de San Martín- y le dije que debía ser muy feliz por poder realizarse como escultor en la más completa soledad. Sabés lo que me contestó: "Pero a ti te aplauden". No me voy a olvidar nunca. Y encima nos pagan. Es una profesión única en el mundo", dijo en una ocasión.
Su debut en los escenarios se produjo en 1943, en el teatro independiente uruguayo, con La anunciación a María, de Paul Claudel, pero no iba a estar mucho tiempo en su país, ya que en 1946 obtuvo una beca del British Council para estudiar en la Royal Academy of Dramatic Art de Londres, donde tomó cursos con figuras de la talla de Katina Patxinou, la gran trágica griega. Luego volvió a su ciudad natal y participó en más de 80 obras de teatro como primera actriz de la Comedia Nacional Uruguaya en el Teatro Solís de Montevideo. Tuvo la oportunidad de trabajar con Margarita Xirgu, que la dirigió en Bodas de sangre y Romeo y Julieta. En el teatro de repertorio se impuso como actriz dramática y como brillante comediante primero en la Comedia Nacional, el Teatro de la Ciudad de Montevideo y luego en el teatro El Galpón, con obras de los más importantes dramaturgos internacionales.
En 1961 fundó el Teatro de la Ciudad de Montevideo, junto con Antonio Larreta y Enrique Guarnero, con cuyo elenco viajaría a Buenos Aires, París y Madrid. Produjo, tradujo, adaptó y dirigió diferentes obras de teatro y óperas. Entre otras múltiples actividades, se desempeñó como corresponsal del diario El País cubriendo el Festival de Cannes y otros eventos internacionales y como periodista y animadora de televisión en Uruguay.
A mediados de la década del sesenta hizo un paréntesis en su actividad teatral para establecerse durante cuatro años en Nueva York, donde trabajó como profesora de francés y secretaria de una agencia teatral.
En 1971 viajó a Buenos Aires para filmar su primera película, Un guapo del 900, dirigida por Lautaro Murúa, y luego La maffia, de Leopoldo Torre Nilsson. Al actuar en teatro con tres monólogos: Hola hola, 1, 2, 3 y Canciones para mirar, decidió instalarse definitivamente en Buenos Aires, donde desplegó una intensa carrera en cine, teatro y televisión, medio que le dio inmensa popularidad gracias a su participación en teleteatros con la autoría de Alberto Migré, especialmente Rolando Rivas, taxista, Piel naranja y Pobre diabla. Su estadía en Buenos Aires coincidió con el advenimiento de la dictadura militar uruguaya, donde fue proscripta por las autoridades de facto. Entre sus últimos trabajos televisivos cabe mencionar Son amores, Los Roldán, Mujeres asesinas y Vidas robadas.

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