Esteban Echeverría

El piropo como elemento controversial en la comunicación

Para ellos, representa un halago, un arma de seducción, pero ellas lo sienten como algo violento, e incluso invasivo. ¿Sólo piropea el varón?
jueves, 03 de marzo de 2016 · 09:40
Al buscar acepciones del verbo "piropear” aparecen varios sinónimos como requebrar, galantear, florear, lisonjear, alabar, adular, elogiar, arrullar, florear, galantear. Se trata de un cumplido que un hombre dirige a una mujer con la intención de halagarla, un recurso a la hora del cortejo que, en estos casos, resalta los valores estéticos estimulando la autoestima de la destinataria y ganando su voluntad. Es entonces cuando el piropo es elogio, confirmación, estímulo erótico y tiene una direccionalidad hacia un sujeto elegido y hacia un objetivo amoroso. Es el piropo de intercambio, es aceptado por ambos y suma en la comunicación inicial de una pareja.
Sin embargo, el piropo nos encuentra en situaciones de diferente naturaleza. Es aquel comentario que nos sorprende mientras caminamos por la vereda y surge abruptamente de un edificio en construcción, o cuando estamos por cruzar la calle y aparece detrás de la ventanilla de un auto de boca de un perfecto desconocido o nos viene de atrás, por citar algunas situaciones. En estos casos el piropo nos convierte en objeto del deseo del otro. En muchos casos pueden también resultar ofensivos y materializar la dominación simbólica masculina, incluso el acoso sexual.
Muchas veces lo vivimos como una real amenaza, nos obliga a apurar el paso o cruzarnos de vereda. En estas situaciones el "piropo” se transforma en un hecho violatorio de nuestra intimidad en el punto de que se apropia de nosotras sin nuestra menor participación. Nos encontramos con situaciones en las que el piropo se parece más a una descarga resentida de quien sabe que no tiene posibilidades de empatizar o conseguir respuesta alguna del sujeto a quien lo dirige.
Desde ya que reconocemos las diferencias entre este tipo de piropos y aquellos que proponen una gracia, una simpática apreciación positiva que generalmente se comparte ante pares y se satisface con el solo hecho de ser dicha. En estos casos la diferencia reside en el estilo de la mujer que lo recibe, bien puede disponerse al mismo, tomar una actitud desplegada para recibirlo y agradecida por ser destinataria o bien puede vivir la escena como incómoda y desagradable. Esta diferencia se basa tanto en la forma en que el piropo fue dicho como en la tolerancia y entrega al mismo de quien lo recibe.
Una de las singularidades del piropo es que es casi siempre material del varón hacia la mujer; si bien últimamente las mujeres nos permitimos esa licencia, lo esperable es que sea el varón quien piropee y la mujer quien reciba el piropo. Podemos imaginar a una mujer piropeando a un varón pero en todo caso será siempre de manera positiva aprobando sus valores y en un espacio de privacidad.
Verónica Lemi, de Acción Respeto, explicó las diferencias entre un halago, un piropo y un acto de acoso callejero: "Son tres actos de habla distintos, por los elementos que componen la situación comunicacional, desde el lenguaje corporal, el tono, los marcadores discursivos, hasta los roles de los participantes. Un halago se da entre personas, indistintamente de su género, y entre conocidos o, en caso de ser desconocidos, son ciertos marcadores discursivos que muestran al interlocutor que la intención es respetuosa. Si nos ponemos a pensar en las interacciones que tenemos con desconocidos en la calle cuando pedimos la hora, cuando queremos avisar que se les cayó un papelito o que tienen el cierre roto, cuando queremos pedir cambio, incluso a veces cuando queremos saber el precio de algo, decimos "disculpá” antes. De esa manera reconocemos al interlocutor como tal y como persona que quizás estamos interrumpiendo. Una de las cosas siempre surgen es que los varones preguntaban si no pueden entonces decirles nada de nada por la calle, y nosotros decimos que si quieren decir algo lindo a una chica al menos que digan "disculpá, ¿te puedo decir algo?” de modo de que la mujer tenga opción de aceptar o no esa interacción. Y es que ése es el código que manejamos para todo menos para los piropos.
Un informe realizado por la Universidad Abierta Interamericana, destaca que el 72,4 por ciento de las mujeres encuestadas recibieron gritos o silbidos de desconocidos. El 42,9 por ciento siente temor a caminar sola por la calle y 56 por ciento cruza de vereda si ve un grupo grande de hombres. "Hay hombres que fueron educados así y no piensan que está mal".
Algunas de las conductas que forman parte del acoso callejero son: miradas lascivas, silbidos, besos, bocinazos, jadeos, gestos obscenos, comentarios sexuales -directos o indirectos-, fotografías y grabaciones no consentidas a partes íntimas, contacto físico indebido u no consentido, persecución y arrinconamiento, masturbación y exhibicionismo.
Se presentaron tres proyectos de ley, -uno en Diputados y dos en la Legislatura porteña-, que buscan castigar con multas, tareas comunitarias o arrestos a los hombres que no respeten al sexo femenino en la vía pública, ya que también se lo considera "violencia de género".

*Testimonios Locales: encontrá testimonios de vecinos sobre este informe en la edición impresa de este domingo de El Diario

Comentarios