NACIONALES

Una tragedia electrónica

La noticia central de la semana, la fiesta que terminó con la vida de al menos seis jóvenes –y dejó a otros tres aún en estado crítico-, obligó a todos a hablar de lo que era un secreto a voces. Fiestas electrónicas, drogas de diseño, narcotráfico, empresarios inescrupulosos y controles, cuanto menos, ineficientes.
lunes, 25 de abril de 2016 · 10:39
"A la primera fiesta electrónica que fui, me llevé dos porros en el bolsillo de la camisa por las dudas, y en la fila me los sacó un seguridad, y no pude entrar. Me quedé en la vereda mirando la fila y no lo podía creer; con todo lo que había escuchado sobre ese tipo de fiestas, no podía creer que en los cacheos a nadie más le encontraran nada. Después, en la siguiente que fui, me di cuenta porqué: adentro conseguís de todo. Porro, merca, pastillas, keta, lanza, pepas, popper…lo que quieras. Los transas se te acercan y te ofrecen, los de seguridad están más duros que la gente. Los dos porros que me había sacado aquel seguridad, o se los fumó o los vendió adentro”.
"Igual después, cuando vas más seguido, te das cuenta que los que saben, le compran a su dealer de confianza y lo meten en el calzoncillo o en el corpiño, o esperan a que se arme el malón y dejen de cachear. Pero consumen solamente lo que llevan ellos. Por un lado, porque si te manijeas comprando adentro, te quedás sin plata para comprar agua y te morís. Y aparte porque se sabe que lo que te venden adentro, en general es mierda”.
 El relato, uno de los tantos que circuló durante la semana en todos los medios de comunicación, resulta estremecedor a la luz de los hechos. También estremece el contraste; la normalización vigente hasta hace una semana atrás.

El pasado viernes, en el complejo Costa Salguero, se llevaba a cabo la primera noche del festival de música electrónica Time Warp. Lejos del aire de clandestinidad y misterio con el que se rodeó al evento después de conocida la tragedia, Time Warp es un evento de organización profesional, con publicidad en las principales radios y revistas, retransmisión en vivo, stands de empresas, presencias de celebridades pactadas de antemano y una alineación de Dj’s de todo el mundo que por tercera vez en la historia de la gira –que comenzó en Alemania hace ya dos décadas- hacían parada en Buenos Aires.  El combo para las dos noches costaba cerca de mil pesos.

Para la mayoría de los 10.900 asistentes –según los números iniciales proporcionados por los organizadores-, la primera noche del festival transcurrió sin mayores "incidentes”, es decir, sin nada fuera de lo habitual para un ambiente cuyas normas implícitas desafían lo habitual de manera constante. Cerca de las siete de la mañana del Sábado, se encendieron las luces y la enorme masa de gente que se había convocado en los pabellones del complejo Costa Salguero se retiró, muchos de ellos planeando descansar para asistir a la segunda fecha, que tendría lugar esa misma noche. Al llegar a sus casas, comenzaron las llamadas telefónicas, los mensajes por redes sociales y luego la información transmitida por radio, televisión y portales de noticias. 

Dos jóvenes habían sido hallados muertos sobre la pista por personal del SAME, un tercero había fallecido mientras era trasladado en ambulancia y otro más apenas ingresado a la Unidad de Cuidados Intensivos del hospital Fernández. A las pocas horas, en el hospital Rivadavia, fallecía otro de los asistentes que había sido internado. Mientras tanto, al menos otros seis jóvenes eran admitidos en hospitales públicos en estado crítico –tres de ellos continúan en el Fernández-, y se especulaba con la cantidad de heridos que podrían haber sido derivados directamente a sanatorios privados. Si bien al cierre de esta edición aún restaba confirmación oficial, habría otro fallecido, que permanecía internado en una clínica de medicina prepaga.

A pesar de tener un servicio de emergencias privado, con dos ambulancias, médicos, socorristas y un puesto sanitario, la gravedad de la situación exigió convocar al SAME y movilizar a todo el aparato público de emergencias sanitarias en la ciudad.

"Me dicen que mi hijo está lleno de drogas, pero yo no les creo. Él es un chico sano”, explicaba desesperado el padre de Leandro Espinoza, de 19 años, quien se encuentra bajo un coma inducido, con insuficiencia renal terminal e insuficiencia hepática. De sobrevivir al período crítico que todavía lo espera, deberá recibir un transplante de hígado, y permanecer en tratamiento con diálisis durante el resto de su vida. Similar suerte enfrentan los otros dos jóvenes que aún permanecen internados junto a él, Nicolás Laitán, de 23 años, y Micaela Polivoy, de 20. El novio de Micaela, Francisco Bertotti –de 21 años, estudiante de Ingenieria Informática en la Universidad de El Salvador- fue uno de los dos jóvenes que fueron hallados muertos. 

"Están vendiendo una pastilla rosa que es berreta, no la tomen”, decía un mensaje de WhatsApp que comenzó a circular cerca de las 5:30 de la mañana. Según el informe de los testigos, confirmado luego por el resultado de las autopsias, todos los afectados comenzaron a mostrar síntomas entre las 6:00 y las 6:30 de la mañana. Ninguno de ellos se conocía entre sí, y todos estaban en sitios diferentes cuando se desvanecieron.

"En general, cuando te ofrecen, con un ‘no, gracias’ alcanza, pero esa noche estaban muy insistentes. Había demasiada oferta y ahí es donde muchos caen en la trampa. Se nota que lo que sea que estaban vendiendo, lo querían probar con nosotros. Era muy barata y los que no tienen experiencia y no saben compran, piensan qué es una oferta y es lo peor. Yo no compro dentro de una fiesta y no acepto nada de cualquiera”, afirmó uno de los asistentes a la fiesta.

La pastilla rosa en cuestión, que según testigos se ofrecía a un valor entre los $130 y los $200 pesos, sería una variante de la droga conocida como "Superman”; un derivado del éxtasis que obtuvo renombre en los últimos meses por haber causado varias muertes en Europa y en otros países de Latinoamérica. 

"Se ve que había una que estaba mala, que era la rosa. Yo me tomé una verde y mi amiga una naranja, y aunque pega mucho, no nos hizo mal. A los chicos se ve que les tocó la Superman rosa, que era la que venían avisando que no había que tomarla”, relató otro de los testigos.

"Fue como pasar la noche en una hoguera", fue el comentario unánime, inclusive antes de que se conociera el saldo trágico de la fiesta. Si bien en todo el mundo el festival Time Warp es característicamente indoor –en un espacio cerrado-, muchos de los asistentes se quejaban de la falta de aire. Si bien la pesquisa inicial consignó que se habían vendido 10.900 tickets –por debajo de la capacidad del predio, que es de 13.000-, tras la incautación de los teléfonos celulares de los organizadores aparecieron nuevos números. Según comentaban en una conversación de WhatsApp, estimaban que no había menos de 20.000 personas dentro.

La mayoría de las "drogas de diseño”, más allá de su composición química particular, son esencia ‘simpaticomiméticos’. Es decir, son sustancias que imitan la respuesta del sistema nervioso simpático, que se activa ante situaciones de stress o peligro inminente. Aumenta el diámetro de las pupilas, se acelera la frecuencia cardíaca y respiratoria, la presión arterial se eleva y el flujo de sangre se redistribuye hacia los músculos, que aumentan su actividad, generando calor. Además, se interrumpe la regulación de la temperatura y la función renal y digestiva. 

Al cabo de un tiempo, sumado al calor, la agitación produce una sed intensa, hecho que es bien conocido tanto por quienes asisten habitualmente a las fiestas electrónicas y son consumidores, como por quienes organizan el evento. En Costa Salguero, como es habitual, el suministro de agua en los baños se interrumpió cerca de las dos de la mañana.

"Cuando entramos, vendían cada botellita a $40 pesos, pero aun así era imposible llegar hasta la barra. Cuando me pude acercar, compre varios tickets para no tener que hacer la cola de nuevo, pero cuando quise ir a retirar más tarde me dijeron que no tenían. Me ofrecían energizante, decían que no tenían más agua, y atrás del tipo de la barra se veían los packs enteros. Al rato, empezaron a venderla en la pista, a $100 la botella. Y a las 5, directamente era imposible conseguir agua”, relata uno de los asistentes.

El consumo de ese tipo de drogas, sumado al calor, el hacinamiento y la falta de agua, es un cóctel mortal, que en esta ocasión superó la capacidad de contención que ofrecía el evento. 

"Vi a un chico desvanecerse al lado mío, traté de agarrarle la mano y de tranquilizarlo, pero en un momento se dejó de mover. Había un chabón de seguridad parado en una tarima a un par de metros. No hacía nada, lo llamábamos y el tipo se rascaba un huevo”, contó por televisión un joven, que aparentemente fue testigo del fallecimiento de uno de los dos chicos que no llegaron siquiera a recibir atención médica.
 
"Cuando me di cuenta que se había muerto alguien al lado mío y que nadie hacía nada, que no paraban la fiesta, no quise saber más nada. Había un pibe muerto en el piso y nadie hacía nada”, completó.

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