CLUBES O EMPRESAS

Futbol Argentino Sociedad Anónima

La reestructuración de los clubes de fútbol, uno de los más antiguos anhelos de Mauricio Macri, volvió a estar en agenda. Con el ex presidente de Boca en el sillón de Rivadavia y sin Julio Grondona, principal detractor, la idea avanza despertando avales y resistencias.
domingo, 01 de mayo de 2016 · 17:46

En declaraciones a los medios, el presidente volvió a instalar un tema histórico en su agenda, que se remonta a sus inicios cómo mandamás de Boca Juniors. En aquel entonces, su propuesta de permitir el ingreso de capitales privados dentro de los clubes de fútbol se topó con la voluntad inquebrantable de Julio Grondona. "Mi propuesta perdió por paliza, 38 a 1, el único voto a favor fue el mío”, recordaba el presidente. "Fue mi mayor fracaso político”.

"Si el mundo aceptó la figura de las Sociedades Anónimas, el fútbol argentino la tiene que aceptar". Con el viejo -y débil- argumento que sostiene que el camino a seguir siempre es el que toma la mayoría, el presidente Mauricio Macri defendió la semana pasada su idea de permitir el ingreso de capitales privados a los clubes, una propuesta que intenta impulsar desde sus tiempos de dirigente de Boca. "Cuando uno ve el futbol en distintos paises se ve algo bien organizado, dinámico, que crece", argumentó el mandatario.

Detrás del proyecto de Macri descansa la idea de que, tal como están organizados actualmente -bajo la figura de "entidades sin fines de lucro"-, los clubes están condenados a la quiebra. Y que la única manera de ordenar sus economías, que ya exceden largamente la del original ‘club de barrio’, es a través de una administración empresaria.

Para quienes comulgan con esta idea, el rojo financiero que afecta a prácticamente todos los clubes no es una cuestión de los desmanejos de los dirigentes individuales, sino de la propia estructura bajo la que están constituidos los clubes, que es incapaz de manejar economías del tamaño que actualmente manejan.

Uno de los pocos que explicitó su apoyo al proyecto fue el titular de Fútbol Para Todos, y ex gerenciador de Racing Club a través de Blanquiceleste S.A., Fernando Marín.

"Lo mejor es la asociación civil sin fines de lucro, lo que conocemos como el club, pero si el club no puede funcionar y autosustentarse, los socios se pueden autoconvocar en una asamblea y decidir, la concesión, mal llamada gerenciamiento, por un tiempo determinado a inversores, o transformarlo en sociedades comerciales como son en infinidades partes del mundo”, explicaba Marín en declaraciones radiales.
"El gran cinismo es que hay una cantidad enorme de jugadores que es el principal activo de los clubes en manos de grupos empresarios. ¿No es mejor transparentar esto?. Esos dirigentes en algún momento se van a tener que ir porque alguna vez se va a destapar”, alertó Marín, quien agregó: "Es un secreto a voces que el fútbol estaba privado por abajo de la mesa”.

Las palabras de Marín cobran especial dimensión dada que él fue la cara visible de Blanquiceleste S.A, la gerenciadora que compró los derechos societarios de Racing Club en el año 2000, evitando así la desaparición de la entidad, declarada en quiebra. Más allá de eso, y del título que en 2001 cortó 35 años de sequía, los hinchas recuerdan los años del gerenciamiento como los más grises de su historia. Jugadores malvendidos (instalaciones abandonadas, nuevas deudas, empleados impagos y un largo etcétera fueron el legado que dejó la empresa cuando se fue, a mediados de 2008, del club de Avellaneda, que desde entonces recuperó su vida institucional, logró reacomodarse y tras quedar a minutos del descenso, hoy obtuvo un nuevo título local y pelea la Copa Libertadores.

Muchas más fueron las voces que se levantaron en contra de la idea de la privatización, que hoy sólo parece encarnada dentro de AFA en la figura de Daniel Angelici.

"Las sociedades anónimas no garantizan que vayan a cumplir bien el papel social que tenemos los clubes. En River, por ejemplo, tenemos un montón de actividades deportivas que son deficitarias económicamente y que se mantienen gracias al fútbol y son actividades que sacan grandes deportistas y ayudan a chicos a salir de las drogas, a estudiar, a crecer... Hay chicos con capacidades diferentes que vienen al club. Las sociedades anónimas no se van a ocupar de esas cosas", argumentó el presidente deRiver Plate, Rodolfo D’onofrio. La defensa del rol social que ocupan los clubes es, quizás, el bastión innegociable al que la mayoría de los dirigentes se aferra al defender a los clubes como asociaciones civiles, más que como empresas de entretenimiento deportivo. "Huracán es de los socios y así va a ser por la eternidad”, opinó tajante el presidente del Globo. Idénticas palabras usó Tinelli al referirse a San Lorenzo.

El líder de Cambiemos afirmó que su intención es avanzar hacia un sistema mixto, en el que convivan clubes como asociaciones sin fines de lucro con sociedades anónimas. "No puede ser que tengamos dirigentes irresponsables que van, desfalcan el club, se hacen ricos ellos y no tienen consecuencias, eso no se puede aguantar más”, opinó.

El presidente de Estudiantes, Juan Sebastián Verón –de amplia trayectoria en la Premier League, donde todos los clubes son privados-, si bien descartó de plano la posibilidad de las Sociedades Anónimas, se mostró de acuerdo respecto a la necesidad de generar nuevos tipos de financiamiento.”Deben buscarse sistemas mixtos, por ejemplo, un gerenciamiento, algún tipo de fideicomiso, fondos de inversión... Figuras para que el fútbol sea solvente sin descuidar la parte social que, para mí, hoy cumple un rol fundamental en el país”.

Es que, a pesar de las declaraciones de Marín sobre que"nadie dejó de ser hincha de Milán porque haya pasado de ser una asociación civil deficitaria a una sociedad comercial anónima deportiva”, todo el espectro del fútbol parece estar claramente de acuerdo en que un club de fútbol no es lo mismo que una compañía cualquiera.

Además de su valor cultural y de identidad, los clubes son  espacios de contención y de desarrollo de disciplinas deportivas que en muchos casos quedan por fuera de la lógica de mercado de una sociedad comercial.

Además, claro está, el capital privado no es inmune al fracaso. Y la situación es particularmente compleja: mientras que el quiebre de una empresa genera un perjuicio económico a sus accionistas y sus empleados, la quiebra y la desaparición de un club de fútbol significa también una herida irreparable en la identidad cultural de un barrio, una ciudad o una provincia. Estos son los valores que, se estima, apuestan a defender los dirigentes cuando se oponen al avance de los capitales privados sobre las instituciones que dirigen.

 

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