Aprovechó la pandemia para lanzar su emprendimiento y fue un éxito: "En dos semanas tenía cuatro personas trabajando"

El aislamiento social a principios de 2020 cerró todas las puertas de los comercios, y el rubro gastronómico fue uno de los más afectados. En esa coyuntura, Claudio Miño, vecino de Monte Grande, vio una oportunidad comercial para lanzar su emprendimiento, con un enfoque distinto para captar clientes.
Sanfran Burgers (@sanfranburger) podría definirse como una "hamburguesería digital". No tienen un local, sino que Claudio empezó cocinando desde su casa, haciendo envíos por delivery, y recibiendo pedidos por Instagram y WhatsApp. La fórmula funciona a la perfección, e incluso da trabajo a varias personas.
"En 2019 salía a comer siempre hamburguesas y un día de la nada le dije a mi novia que me parecía muy rentable. Fue cuando empezaron a crecer las hamburgueserías. Pero la idea quedó en el aire", explicó Claudio a El Diario Sur sobre el nacimiento de Sanfran. Y agregó: "Justo pasó lo de la pandemia y pensé 'esta es la oportunidad, es la mía'. La gente dejó de salir y necesitaba el delivery".
"Aproveché el momento de la pandemia, me sirvió para que la gente nos conozca. Le dediqué todo mi tiempo a esto para que funcione. A las dos semanas ya tenía cuatro personas trabajando en la cocina".
Lanzarse no fue fácil. De a poco construyeron su clientela y fueron mejorando y variando en sus productos. Para Sanfran, la calidad y originalidad de sus hamburguesas es una parte clave: "La mayoría delas hamburgueserías te arma el medallón vuelta y vuelta y listo, nosotros hacemos hamburguesas smasheadas. Es pura carne y de primera calidad. Y fuimos mejorando; nada que ver la hamburguesa que hacíamos hace un año que la que hacemos ahora".
Mirando en retrospectiva, Claudio Miño recuerda que empezó con el pie derecho, algo que le sirvió para armarse de confianza y no perder impulso: "El primer día dije bueno, venderé 15 hamburguesas por día. Y no, ya desde el principio salían 60 pedidos, es imposible hacerlo con poca gente y pocas herramientas. Por eso aposté y siempre pensé que me iba a ir bien".
"Me pone contento cuando la gente me dice che que buena hamburguesa, es a lo que quiero llegar. Y la idea es no estancarse, no quedarse en la zona de confort", concluyó el vecino.
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Chofer de camiones de basura y lavador de autos, un trabajador polifuncional de San Vicente

Mariano García tiene 46 años, hace más diez que por la noche maneja los camiones de recolección de basura del municipio de San Vicente y de día se dedica a dejar impecables los vehículos de sus clientes en un lavadero que montó en su casa. Es viudo y tiene tres hijos. Por ese motivo es que tiene dos trabajos.
"Arriba del camión tengo sueldo fijo, obra social, aporto para la jubilación y son pocas horas, lo que me permite seguir trabajando en el lavadero los días que puedo. No abro todos los días porque los chicos requieren tiempo, además de la casa y la comida", contó Mariano a El Diario Sur.
Entra a trabajar a las ocho de la noche y sale a las doce. De lunes a sábado e incluso los feriados, que si bien son optativos, "por lo general vamos para que no se nos junte la basura el día después". Al ser un trabajo esencial, en el camión estuvo durante toda la pandemia, respetando los protocolos de guantes, barbijos y distanciamiento. "En la cabina voy solo para que no exista riesgo de contagio", detalló Mariano, que confesó: "Antes compartíamos la bebida entre todos, ahora tenemos vasos descartables o cada uno se compra su gaseosa".
El trabajo en el camión recolector de basura lo consiguió lavando uno de los vehículos del municipio, justamente. Le preguntaron si tenía experiencia y, como ya había sido chófer en una distribuidora de bebidas, pudo incorporarse.
Al trazar todas las noches el mismo recorrido por el centro de San Vicente, Mariano García tiene anécdotas muy lindas: "Hay muchos chicos que se vuelven locos con el camión de la basura, y como saben a qué hora pasamos, todas las noches nos esperan afuera para saludarnos. Nosotros pasamos, les tocamos bocina y se ponen como locos".
Con una hidrolavadora, una esponja y un paño, Mariano García comenzó hace más de quince años lavando de autos. Abría de lunes a lunes, hasta que un día le llegó una propuesta formal de trabajo por parte de un cliente. "Fue durante la administración de Daniel Di Sabatino, que habían comprado unos camiones nuevos", recordó Mariano. "A mí ya me conocían porque les lavaba sus vehículos, y como estaban buscando a alguien responsable me preguntaron si me interesaba ser chofer", contó a El Diario Sur, en lo que sentenció: "Ni lo dudé".
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Click alimenticio: Juan Manuel y Alejandra tientan con sus recetas caseras en redes sociales

Juan Manuel Marín es chef hace más de 20 años. Siempre se dedicó a la pastelería, hasta que un día un hizo un click. Empezó a sentirse mal con la alimentación, el cuerpo le pasaba factura por lo que comía y el malestar empezó a ser cada vez más frecuente. Conoció a una nutricionista que logró que baje 15 kilos y desde ese momento que no pudo salir del mundo saludable. Aprovechó sus conocimientos gastronómicos y junto a su esposa Alejandra Boni fundaron Casero & Saludable, desde donde reparten a domicilio lo que los clientes le piden por sus redes sociales (en Instagram, aparecen como @caseroysaludableok).
"Cuando empecé a hacer caminatas me preguntaba si toda la gente que estaba ejercitando se cuidaba de las comidas", confesó Juan a El Diario Sur. Los encuentros con la nutricionista le habían cambiado la forma de pensar. Ahora se sentía mejor y quería que todos lo imitaran. Empezó a cocinar recetas con harinas integrales, centeno, de avena, algarroba, azúcar orgánica y stevia. "Al principio los sabores nos parecían raros, nuestro paladar estaba acostumbrado a las harinas y azúcares industriales, pero de a poco nos dimos cuenta con Alejandra de que era realmente rico".
Su emprendimiento es tan artesanal y familiar que hasta su hija Guadalupe, de 10 años, trabaja envolviendo galletitas. Y que crece a medida que la gente se anima a probar. "Al principio fue muy difícil, mucha gente no tenía ganas de arriesgarse. Hoy podemos decir que el que nos prueba queda como cliente", afirmó Juan Marín. Casero & Saludable cuenta con una amplia variedad de productos, en los que se destacaban panes de molde, alfajores, budines, cookies, ensaladas y prepizzas.
Juan Marín hizo la carrera de chef en la Escuela Lycee en Belgrano y estuvo trabajando durante 11 años junto a Alejandra en un emprendimiento que llamaron "Manjares Caseros", que brindaba servicio de catering a empresas. "Cocinábamos la comida y llevábamos las vajillas y camareras, todo completo", recuerda Marín. Luego ambos tuvieron su propia casa de comidas en Luis Guillón, "La cocina de Juancho". Tras el giro que dio su vida, Juan ahora se volcó al 100% a los productos saludables. "Gracias a Dios nunca bajamos los brazos, aunque a veces nos daban ganas", reflexionó Juan, que rememora: "Me acuerdo que en plena pandemia publicábamos en las redes productos nuevos no teníamos ni un me gusta. Yo enloquecía, hasta que me di cuenta de que el problema no era conmigo, sino que el ánimo de la gente estaba pésimo".
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Casi tres décadas como canillita en el centro de Lomas de Zamora: "Cuando voy a trabajar siento que descanso"

No muchos pueden decir que trabajan en el centro de Lomas de Zamora desde hace 30 años. Quienes pasan habitualmente por la peatonal Laprida seguramente vieron a Miriam en el puesto de diarios, donde atiende desde mediados de los 90'. Su larga trayectoria y la pasión por su trabajo la convierten en una de las comerciantes más destacadas de la ciudad.
"En Lomas hace 30 años que estoy. Trabajo en el puesto hace 25 años y antes trabajé cinco años en la esquina, en la zapatillería Remolino", fueron las primeras palabras de Miriam a El Diario Sur, como introducción a su extensa estadía en el centro lomense, que ella disfruta día tras día.
"Me encanta mi trabajo, me gusta mucho. Disfruto de estar en contacto con la gente, conversar, observarlos", expresó, y enseguida destacó las virtudes de su rutina: "El trabajo siempre me sacó de mis conflictos. Yo digo que cuando voy a trabajar, en mi trabajo descanso. Estoy ocho horas y media pero estoy sola, tengo mi espacio y pueden venir a visitarme amigos, tengo para hacerme café o mate y es un lugar muy agradable".
Miriam transmite un profundo cariño por el puesto de diarios y revistas, a pesar de que no puede descansar como el resto de los comerciantes. "Nosotros tenemos pocos feriados en el año, tenemos cinco, y esperamos ansiosos siempre. El 1° de mayo nunca trabajamos, creo que nos merecemos ese descanso. Ahora cayó sábado, eso quiere decir que teníamos sábado y domingo", comentó.
Ella fue una de las pocas trabajadoras que siguió en actividad durante toda la época de Covid-19. Transitó la cuarentena estricta, la etapa de distanciamiento y las nuevas restricciones. Vio la peatonal llena, vacía y llena de nuevo. Si bien se cuidó mucho, no pudo escaparle al coronavirus. La pasó mal. Y afortunadamente, se recuperó.
"Durante este tiempo de la pandemia estuvimos trabajando cuando no había nadie y ahora que está invadido de personas, seguimos y vamos cayendo. El 28 de marzo me agarré Covid con neumonía bilateral, estuve internada en terapia intensiva. Mi compañero del otro puesto también está con Covid. No sé cómo me lo pesqué. Todas las personas que atendí siempre estuvieron con tapabocas. Pero bueno, es parte de la pandemia", le dijo a este medio.
El próximo 3 de mayo, Miriam retomará su trabajo en el puesto de diarios de Laprida, con la alegría de volver a su lugar en el mundo.
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Alejandro, el vendedor ambulante más reconocido de Almirante Brown: "La gente de acá es lo mejor que hay"

A los 17 años, Alejandro Parfeñuk llegó a Buenos Aires desde su Chaco natal en busca de una mejor vida. Desde joven siempre supo rebuscárselas para poder trabajar y que nunca le falte nada a su familia. Hoy, a poco de cumplir los 71, recorre las calles de Rafael Calzada vendiendo verduras de forma ambulante.
Vecino de la región desde hace 50 años, comenzó siendo albañil, y tras retirarse por su edad decidió cambiar de rubro y abrió una panadería muy reconocida en Brown. Sin embargo, la crisis del 2001 lo obligó a cambiar nuevamente.
"Cuando se paró todo dije qué hago, algo hay que hacer y salí a la calle", cuenta. Durante más de 10 años se dedicó a recorrer su barrio con un carro para vender lo que fuera necesario, lo que hizo que se convierta en un personaje muy conocido y querido por todos.
Para Alejandro, es un "orgullo" que los vecinos -grandes y chicos- lo reconozcan. "Te compren o no, te saludan todos. En la calle cuando voy a comprar unas cuadras, todos me preguntan dónde está el carro, y tardo una hora en volver porque me quedo charlando con todos. La gente de acá es lo mejor que hay", expresó con felicidad.
Pese a su edad y la pandemia, Alejandro decidió retomar este año su actividad recorriendo las calles como verdulero ambulante. Por día camina unas 100 cuadras, aunque aseguró que lo hace no solo por una cuestión económica, sino también por su salud mental porque se siente "bien y aliviado".
"Tenía que hacer algo porque el encierro me mataba", explicó, aunque se cuida para evitar contagiarse del virus utilizando barbijo, mascarilla y alcohol cada vez que atiende a una persona. "La gente se cuida y yo me cuido, esa es la base principal. El encierro mata, pero tampoco vas a salir a la calle para matarte ahí", aseguró.
Alejandro se convirtió en un ejemplo de esfuerzo para todos los que lo conocen, y sostiene que el trabajo "es lo más grande que hay". "Es la base principal de cualquier persona. Aunque nos digan a los de abajo que somos pobre y vagos, eso no es cierto", señaló.
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La pelea de un camarero venezolano de Lanús, que trabaja de forma intermitente por las restricciones

Daniel Ortega es venezonalo y vive en Lanús desde que llego al país hace 8 años. Al comienzo de su estadía vendía lo que podía, entre juguetes, ropa y comida; luego encontró su oficio en la gastronomía como camarero. Hace cuatro años trabaja en Kick Off y desde que comenzó la pandemia vio afectada su economía.
El verano de 2020 parecía terminar como cualquier otro, pero a mitad de marzo los rumores de una cuarentena estricta por la llegada del coronavirus al país se hacían notar en el bar y el miedo crecía por perder el puesto de trabajo.
Así lo expresó Daniel: "Durante seis meses, en la fase uno, el bar estuvo totalmente cerrado, tuvimos que hacer maniobras para que alcance la plata, incluso buscar otro trabajo como delivery de una pizzería y en Pedidos Ya".
"En agosto cuando volvimos a abrir con muy poca capacidad, los turnos eran rotativos porque somos varios y eso tampoco servía, y además la propina era muy poca. Luego fue aumentando la capacidad de gente que podía consumir y desde octubre la situación repuntó, hasta poder tener un verano relativamente bueno", continuó el camarero.
Daniel no se contagió de Covid-19 pero contó que algunos compañeros suyos sí: "Yo no tuve coronavirus pero siempre estaba con la incertidumbre de que tenía que salir a buscar la plata junto con mi hermano, y tenía miedo de contagiarme. Teníamos que salir sí o sí porque si eso no pasaba, no comíamos. Nos toca ir a la calle a pelearla, somos los más vulnerables porque si no salimos no comemos y hay que hacerlo todos los días".
Las nuevas restricciones perjudicaron aún más el salario de Daniel, quien hoy se encuentra otra vez frente a la situación de encontrar un trabajo hasta poder volver a su oficio como camarero. Como muchas personas, se tuvo que endeudar para poder pagar el alquiler de su casa.
"Ahora está mucho más difícil que antes, si bien nos dan uno o dos días en el bar, no alcanza. Por eso estoy cortando el pelo a domicilio, por suerte estudie peluquería, pero tampoco llego a fin de mes. Ya me esta costando física y mentalmente continuar", relató Daniel.
En cuanto a la situación del Covid-19 y el aumento de casos, el trabajador gastronómico finalizó: "Lo único que espero es que la gente tenga más conciencia de lo que estamos pasando. Esta cepa está atacando a muchas personas, en algún momento nos va tocar a todos, pero mientras tanto hay que cuidarse."






