La cuarentena aisló en sus casas a todos los argentinos y muchos jubilados quedaron lejos de sus allegados, que muchas veces son quienes los asisten y asesoran. Aprovechando esta distancia, los delincuentes aprovecharon para retomar los secuestros virtuales estafando a decenas de familias.
De acuerdo un relevamiento realizado por la ONG Defendamos Buenos Aires, en colaboración con el Estudio Miglino y Abogados, alertó que se produjeron más de 330 casos en el conurbano y en la Ciudad de Buenos Aires en el poco más de un mes que llevamos de cuarentena.
"Todo ocurre a partir de un disparador común: la gente está en su casa y no siempre tiene contacto directo con hijos y nietos y justamente los delincuentes aprovechan esas lagunas de información para mentir sobre la situación de sus seres queridos y afirmar que están secuestrados y de ese modo se hacen de un abultado botín sin correr riesgos", explicaron desde la ONG en un informe.
Esta semana, un hombre de 86 años de Tres de Febrero fue víctima de este tipo de estafas. Entre amenazas a sus familiares, lograron llevarse 50.000 pesos y 200 euros que tenía ahorrados. Le habían asegurado que tenían secuestrado a su hijo y que para recuperarlo debía dejar todos sus ahorros en una bolsa en la vereda de su casa. El hombre hizo lo que le dijeron y el dinero fue retirado, aunque cuando logró comunicarse con su hijo supo que nunca había sido secuestrado.
En este sentido, los especialistas de Defendamos Buenos Aires aseguran que "las bandas criminales están ávidas de hacerse del dinero de la gente y saben que durante la cuarentena hay hijos y nietos que viven lejos o incluso en otra provincia y con el método de prueba y error, llaman a cualquier teléfono fijo o celular.
Las llamadas suelen darse de madrugada, siendo las principales víctimas adultos mayores que terminan cayendo en el engaño. Es por ello que recomiendan no dar nombres ni datos específicos, cortar de inmediato e intentar comunicarse con la policía y/o los familiares en cuestión.
"Utilizan herramientas básicas como un teléfono celular y una guía telefónica. Con malicia, llaman a teléfonos de línea a la madrugada, cuando las víctimas están durmiendo y de ese modo el sobresalto por la llamada deja paso a los gritos del otro lado de la línea e incluso el llanto. De ese modo los criminales manifiestan que el hijo o la hija de la víctima se haya secuestrada. El azar y la desesperación hacen el resto", añaden desde Miglino Asociados.






