La situación se dio en el barrio porteño de Palermo. La alarma de uno de los autos estacionados en la calle no dejaba de sonar y con el paso de las horas terminó por acabar con la paciencia de uno de los vecinos que, cansado del ruido, destrozó a golpes el auto en cuestión.
La sorpresa se la llevó el dueño del coche al regresar a su vehículo desde una fiesta celebrada a unas pocas cuadras. El joven de 29 años había estacionado su auto alrededor de las 8 de la noche, y durante las cuatro horas que siguieron, en las que él estuvo alejado de su vehículo, la alarma no dejó de sonar.
Varias personas se quejaron por el ruido y una patrulla se terminó acercando al lugar. Sin embargo el auto se encontraba bien estacionado y no figuraba como robado, por lo que los efectivos no podían hacer nada al respecto a pesar de que la alarma no dejara de sonar. El patrullero se fue y sorpresivamente la alarma dejó de sonar. Alguien volvió a llamar a las autoridades, pero esta vez no por la alarma, sino para informar que la ventanilla del coche se encontraba rota.

Según contó el dueño del auto, la ventanilla no fue el único desperfecto con el que se encontró: me rompieron la fusilera del auto, sacaron todos los fusibles y los tiraron a la calle. El hombre contó que también le destruyeron la parrilla y una óptica, presuntamente al intentar desconectar la batería. Y por si eso no fuera poco, con algún objeto punzante le rayaron toda la pintura de la parte trasera del vehículo.
El policía amablemente se quedó a cuidar el auto para que no aprovechen a robarle cosas y me explicó lo sucedido, terminó contando Cuccaro.
El hecho ocurrió la semana pasada, en la calle Godoy Cruz al 2000, entre Costa Rica y Nicaragua.






