Nahir Galarza, la joven de 20 años que cumple una cadena perpetua en la cárcel de mujeres de Paraná por haber asesinado a su novio de dos disparos el pasado 27 de de diciembre de 2017 en Gualeguaychú, Entre Ríos, dio la primera entrevista televisada y aseguró que le gustaría "pedirle perdón a Fernando Pastorizzo".
Los detalles de su sentencia, que la empezó a cumplir el 3 de julio del 2018, fueron seguidos por miles de personas de todo el país y, este primer diálogo frente a las cámaras, que tuvo en el día de ayer con Mariana Fabbiani, captó la atención de mucha gente que quería escuchar sus nuevas declaraciones.
Durante la conversación, Galarza mencionó que le gustaría disculparse con su ex novio y confirmó que tomó "conciencia tres meses después de que Fernando había fallecido". Fabbiani, que se mostró impactada por sus respuestas en muchas ocasiones, explicó que "La escuché pronunciar palabras que nunca pensé que podía decir".

"No nos tendríamos que haber visto ese día, (...) la historia hubiese sido lo contrario. Me siento culpable porque más allá de todo lo que pasó conmigo, él era una persona y tenía casi mi misma edad", explicó. Pero resaltó: "¿Sí me sentí responsable de lo que pasó? Te diría que no".
Galarza también dio detalles de cómo fueron las horas posteriores al asesinato de su ex pareja y mencionó que atravesó momentos de muchos nervios, que no le permitieron descansar en toda la noche. "Solo entré a mi habitación y me quedé quieta".
Este crimen fue muy particular por el tiempo que llevó encontrar todas las pruebas necesarias para realizar la sentencia. Sin embargo, los cambios rotundos en las declaraciones que la joven dio durante todos esos meses fueron útiles para atar los cabos sueltos.

En primer lugar aseguró que no había visto a su novio desde la noche anterior en la que apareció su cuerpo sin vida, pero luego de se diera a conocer un vídeo donde ella se encontraba próxima al lugar donde estaba Pastorizzo, confesó lo sucedido ante la justicia.
Otro de los cambios que hubo en el caso sucedió cuando ella habló de violencia de género y aseguró que los disparos habían sido accidentales. En ese momento, se confirmó que el arma homicida había sido una pistola nueve milímetros que era propiedad de su padre policía.
Finalmente la justicia determinó que Galarza no había sufrido ningún tipo de violencia de género y que el joven fallecido era su novio, por eso, se convirtió en la mujer más joven condenada en el país a prisión perpetua por "homicidio agravado".






