Corría el año 1977 yla dictadura azotaba al país con unacalamidad in crescendo. Nadie se salvaba ni estaba a resguardo incluyendo a lospersonajes públicos. Una de las víctimas que se cobró este período fue elperiodista y escritor Rodolfo Walsh.
Esa madrugada era sábado 26 de marzo de 1977, dentro delmundo de calles de tierra y casas sin tendido eléctrico de uno de los barriosobreros de San Vicente. El día anterior, el periodista Rodolfo Walsh había sidoatacado por una patota de la ESMA en San Juan y Entre Ríos. Llegó muerto o casimuerto al centro clandestino.
Mientras dormía, Yolanda oyó sacudones en la puerta, y elgrito y la orden de: "¡Salgan todos con las manos levantadas!. Ella se levantóde la cama de un salto y salió con su marido a la calle, "armados con una linterna.
"Eran las cuatro dela mañana cuando en un momento vemos que empezaban a apuntarnos a nosotros,diciendo que nos quedáramos con las manos arriba explicó, que nos iban amatar a todos, entonces mi esposo y yo le preguntamos a ese señor qué buscaba,rememora ante un auditorio que la escucha atentamente.
"Señora le preguntó el presidente del Tribunal en el año 2011, alabrir la audiencia con el protocolo de todos los días, ¿tiene algún interésespecial en la causa o su objetivo es que se haga justicia? Yolanda Mastruzzo,calabresa, con el dialecto reverberando todavía detrás de cada palabra y sus 77años de edad, le soltó: "No, si estoy acá por eso; vengo por el susto que nospegamos esa madrugada, ¿vio?.
Esta mujer, que todavía es ciudadana italiana, no se acuerdasu número de documento, pero no puede olvidarse de lo que pasó. Convocada porel Tribunal Oral Federal N° 5 a cargo del juicio por los crímenes de la ESMA apedido de la querella de Patricia Walsh, escuchó las preguntas: "Justamente,queremos saber qué le pasó a usted esa noche, si todavía lo recuerda después detantos años, preguntó la abogada Myriam Bregman.
Los dichos de aquella tarde han pasado desapercibidos por laprensa y no han alcanzado a la población en absoluto. Las memorias de esamadrugada aparecen como inéditas en el conocimiento colectivo.
"Buscaban a una pareja, explicó Yolanda. "Discúlpeme ledijo en ese momento al hombre que la increpó. Nosotros somos un matrimonio, tengotres chicos adentro. Uno de los hombres fue "adentro de la pieza, los chicosestaban llorando abajo de la cama del susto que nos llevamos, y de la parte deadelante de la casa también nos apuntaban a nosotros.
En esa ocasión mencionó que cuando uno de los uniformadosentró a la pieza, intentó buscar a tientas la perilla de la luz. "¿Qué luz?,preguntó ella, porque en la casa no había luces y en el barrio la gente seiluminaba con el sol de noche. El dato que parece menor, siempre fue importantepara quienes todavía intentan reconstruir lo que pasó con la casa de Walsh,porque es una señal de que los integrantes del operativo no eran habitanteslocales.
"Esta casa no es la que usted está buscando, les dijoYolanda en ese momento, y les señaló la casa del otro lado del cerco. "Elhombre es un profesor, les dijo ella. "¡Ma qué profesor! respondieron losotros. ¡Flor de extremistas son!, recuerda que respondieron aquellosdesconocidos.
Walsh se había mudado a esta localidad en diciembre del año anteriorcon su compañera Lilia Ferreyra. Para los vecinos, era un profesor de inglésretirado al que cada tanto veían pasar con un changuito de compras y con quienalguno de ellos se paraba a conversar sobre los pájaros. En marzo de 1977,Yolanda llevaba apenas veinte días en el lugar, recién se había mudado. Dijoque a él le decían "Beto y a ella "Betty. "¿Alguna característica física? lepreguntaron. ¿Algo con su color de pelo? "De eso no puedo decir nadaaclaró. Un día lo tenía de un color, y otro día de otro.
Después del cruce, la mandaron adentro de la casa: "Vayapara adentro y escóndase le dijeron. Vamos a tirar la casa a bajo.
"Poco despuésempezaron a cargar todo lo que encontraban en la casa dijo. Todo lo quepudieron se llevaron con una camioneta y nosotros los escuchábamos desdeadentro. De la casa se llevaron la heladera, la cocina, las latas de conservay hasta el papel de los baños, dijo. Cuando todo terminó, desde adentro de sucasa escuchó la orden de "apaguen la luz; pero estaba destinada al quemanejaba el camión y era para ocultar la carga.
A esta altura, se sabe que además se llevaron losdocumentos, archivos y cuentos inéditos de Walsh. Yolanda aseguró que loshombres estaban uniformados y tenían boinas y que en la casa quedó de custodiouno de los hombres que la amenazaron al comienzo.
Así es como una noche cualquiera, un ser humano perdía suspertenencias que hacían a su idiosincrasia y dejaba una mancha más a unasociedad que tendría mucho sufrimiento por delante.







