Espectáculos

La Nona se comió a San Vicente

El clásico del teatro argentino se presentó en la Sociedad Italiana e hizo reír a 160 personas. Dialogamos con los protagonistas: Pepe Soriano y Hugo Arana. Anatomía de un relato universal sobre el poder.
lunes, 29 de junio de 2015 · 19:35

"La Nona”, de "Tito” Cossa, es un clásico universal, una lectura obligatoria en todos los secundarios del país y, en su representación teatral, una pieza irreverente que viene haciendo reír al público desde su estreno en 1975. Su puesta en escena en San Vicente, de la mano del inoxidable Pepe Soriano, cautivó a una audiencia de 160 personas que respondió con aplausos y carcajadas por más de una hora y media.

La historia que la obra cuenta es sencilla: la Nona (Pepe Soriano) es una viejita italiana de esas que llegaron al país creyendo que arribaban al granero del mundo y que, finalmente, acechadas por la realidad, vieron pasar las crisis, los gobiernos y las inflaciones. Su familia es –como en cualquier sainete- colorida y variopinta: Chicho (Hugo Arana) es un músico frustrado que, con la excusa de componer un tango, no trabaja y vive a costas de su hermano Carmelo (Miguel Habud), quien no es más que el prototipo de trabajador sacrificado que empeña su vida en pos del bienestar de su familia. También están Don Francisco (Miguel Jordán), un vecino que, presentado como una salvación, pasará a ser una carga para la familia, y las mujeres: Anyula (Mónica Villa), Martita (Sabrina Carballo) y María (Patricia Durán). Todo este crisol de personajes convive con esta siniestra abuela que , presa de un hambre imposible de apaciguar, reclama comida a montones. La anciana pide y pide cada vez más cosas para "mangiare” al punto tal de llegar a convertirse en una carga insostenible para la endeble economía familiar. La plata se va terminando y, entonces, el grupo decide tácitamente deshacerse de la Nona, pero, en el intento, terminarán siendo devorados por la invencible vieja de Soriano.

La universalidad de esta obra, que en su superficie se muestra adornada por los hilarantes clichés de la familia italiana, se da por su eje estructural: el poder. La Nona no es otra cosa que la representación del poder que oprime y succiona a los más débiles y los obliga a trabajar por su insaciable causa. "La Nona es aquella cosa que a cada uno lo devora”, definió alguna vez, preciso, Carlos Gorostiza, primer director de la obra.

En diálogo con El Diario San Vicente, Pepe Soriano, a medida de quien fue hecho el personaje por "Tito” Cossa, aseguró que la vigencia de la pieza se da "porque está hablando del poder… Cuando se habla del poder es algo universal. El poder no desaparece. ¿Dónde está el poder? No sabemos, no tiene cara”. ¿Qué representa el mítico personaje para Soriano? "Esa nona representa, por ejemplo, a los fondos buitre, o a los ingleses quedándose con las Malvinas. Ellos son la Nona porque nos quieren comer. Todos los que se quieren comer a la Argentina son la Nona. Y es evidente que dentro de la Argentina tienen algunos socios, porque si no sería imposible. Si la puerta está cerrada no es fácil abrirla: alguien tiene que dejarla entreabierta para poder meter el pie y pasar”.

En sintonía, el impecable Hugo Arana, tras despacharse con una humorada ("Buenas noches, mi nombre es Carmen Barbieri”), explicó por qué eligió La Nona: "La elijo porque es un clásico extraordinario, un símbolo universal. Esta obra se estrenó en el año `77 y "Tito” Cossa quiso contar el poder del fascismo; por eso a la Nona nunca la interpretó una actriz, siempre un hombre. Esto quiere decir que no hay una identificación con una abuelita. Pero como el fascismo, esa abuela seduce y se alimenta de las víctimas. Y hoy esta obra no pierde vigencia”.

Consultado por las dificultades a la hora de encarnar un personaje tan demandante como la Nona, Soriano, que ya había interpretado al personaje en su versión cinematográfica en 1979, aseguró: "Lo complejo es que tengo que estar con el temblequeo permanente, con la utilización del dialecto y también tengo que trabajar con la cara arrugada, no hay otra alternativa”. "De todas maneras a mí no me costó porque de alguna manera yo lo había inventado, no exactamente este personaje pero sí había hecho muchos viejos”, afirmó el joven Soriano, de 85 años.

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