El referente del rock nacional Pedro Aznar sepresentó el pasado jueves en el Club Deportivo San Vicente con un show íntimoque disfrutaron más de 300 personas. A sala llena, el ex Serú Girán se lució con su show unipersonal, en el que repasó granparte de su carrera y paseó por diferentes estilos y composiciones de otrosíconos de la música popular.
El espectáculo, que empezó a las 20 y seextendió por casi dos horas, mostró a un Aznar íntimo que hizo gala de suversatilidad con diferentes géneros, como el rock, la zamba, el tango y lasbaladas. El público, que llenó el salón de eventos del Deportivo, disfrutó deun show ameno que tuvo condimentos para todos los gustos. El ex bajista de PatMetheny se retiró ovacionado a pesar de no haber interpretado ninguna canciónde Serú Girán.
Enigmático, Aznar comenzó su presentacióndesde atrás del escenario, cantando acapellala clásica Una palabra. Ya sobre lastablas y tras recibir los aplausos correspondientes, el gran bajista del rocklocal se calzó la primera de las muchas guitarras que haría desfilar a lo largodel show. "Si no me equivoco es la primera vez que estoy acá, así que tenemosun largo camino por recorrer, saludó Aznar, a quien desde el público lerecordaron que ya había estado presente en San Vicente con Serú Girán, en algún inexacto punto de los años ´80.
Ya en el ruedo del concierto, una pantallaproyectaba imágenes que acompañaban las canciones y la magnética figura deAznar. La balada Una nube, delchileno Nano Stern ("Un abrazo trasandino para aquellos que nos robaron lacopa); la zamba Las Manos de mi madre, de Peteco Carabajal; Ideología, propiade Aznar, interpretada de forma impecable con una guitarra de doce cuerdas, sesucedían ante un público que admiraba la calidez y la profundidad de la músicadel multi-instrumentista.
En aquel punto, se vivió en el Deportivo unmomento poco usual para un recital de música popular que, sin embargo, tuvo unagran aceptación por parte de la gente. Aznar grabó durante tres minutos unabase de bajo que luego reprodujo para tocar y cantar encima la romántica Perdón, de Mil noches y un instante, su último disco.
Después aparecieron con fuerza dos cancionesque Aznar aseguró haber concebido con "dos amigos que dejaron un legadoincreíble para la música. Con aire litoraleño, surgía Río secreto compuesta junto a Teresa Parodi- y con talanterioplantense se imponía Crisis, untango estrenado en San Vicente- cuya letra pertenece al maestro HoracioFerrer. Seguía la clásica Zamba paraolvidar y el círculo tradicionalista se cerraba con la zamba La pobrecita, de Atahualpa Yupanqui,cuya imagen alumbraba a Aznar desde atrás del escenario.
El público se entusiasmaba y hasta se animabaa la difícil tarea de seguir la puntillosa voz de Aznar cuando arremetían Barro Tal Vez, de Luis Alberto Spinetta;la psicodélica Strawberry fields foreverversión eléctrica de corte indie- y la balada Julia, ambas de The Beatles. El romance con la gente se coronabacon Confesiones de invierno, ladescarnada historia setentista que Charly García relataba desde Sui Generis yque Aznar revivía en el Deportivo.
Maldigodel alto cielo, de la chilena Violeta Parra, era lapieza que Aznar elegía para cerrar la parte formal del show, que, cinco minutosdespués y tras el cálido "olé olé olé, Pedro de los sanvicentinos, comenzaríasu etapa final. La Lisa de GustavoCerati abría el encore y Quedándote o yéndote, de Spinetta, eratransmitida de forma conmovedora por Aznar que, en ese punto del show, lograbasu mayor punto de conexión con los espectadores. El recital terminaba con Todo amor que exista en esta vida yAznar era aplaudido de pie por los sanvicentinos, que se negaban a abandonar elrecinto en busca de un contacto con el protagonista.
Tras el show, Aznar, hábil, esquivó a los fansy a la prensa al salir por una puerta alternativa del Club Deportivo. Lejos delestilo sobrio que mostró durante el show pantalón y camisa de jean-, testigosaseguraron que, al retirarse, el bajista vestía un llamativo tapado deterciopelo rojo. Apurado, hizo arar su auto al salir y así se despidió de SanVicente.






