Personajes

Susana de Santis, la escritora del pueblo

Dialogamos con Susana de Santis, la escritora sanvicentina que encabeza el Grupo Literario del Sur. Sus libros, las antologías del grupo y su pasión: la literatura.
lunes, 17 de agosto de 2015 · 14:50

Susana De Santis emana literatura. Su vocabulario cuidado, su expresión emperifollada, son los vehículos que utiliza para transmitir esa gran pasión de su vida que la llevó a publicar cuatro libros y a formar un grupo literario con diez años de trayectoria. A sus 79 años, Susana reconoce que para ella escribir es una necesidad expresiva, y en relación a su actividad como docente asegura: "Mi misión es ayudar a surgir el escritor que cada uno lleva adentro”.

Oriunda de Wilde, Susana comenzó a escribir de adolescente y, cuando empezó a estudiar medicina en la Universidad de Buenos Aires, tomó el hábito de recorrer las redacciones de las revistas de la época mostrando sus cuentos y pidiendo que se los publiquen. Así, entre 1953 y 1960, más de treinta textos de Susana aparecieron en revistas como "Damas y Damitas” o "Maribel”. Algunos de esos relatos, que solían tener como temática principal al amor y a las problemáticas sociales, recibieron sendos premios y reconocimientos.

Cuando a mediados de los años `60 Susana vino con su familia a vivir a San Vicente, las dificultades económicas la llevaron a relegar la literatura para dedicarse a la docencia y a sus hijos. Sin embargo, admite, nunca dejó de escribir.

Luego de jubilarse, Susana comenzó a dar talleres literarios en la Casa de la Cultura de San Vicente, y en 2001 formó su propio espacio: el Grupo Literario del Sur, que ya tiene diez antologías de cuentos y poemas publicadas y que, con un promedio de 15 alumnos, va por más. En esos diez años, Susana presentó cuatro libros propios: las recopilaciones de cuentos "Seño… ¿por qué llora?” y "Cuentos breves, muy breves y brevísimos” y los de poesía "Porque el sol existe” y "A solas conmigo”.

-¿Cómo fue que empezó a escribir, Susana?

-Yo comencé a escribir –bueno, me veo escribiendo desde siempre- pero comencé a los 14 años, estando en el secundario. Era muy devota de la literatura lírica, de la poesía. Porque yo soy de una generación en la que la poesía era la reina y la narrativa la secundaba. Me gustaban mucho Juana de Ibarbourou, Gabriela Mistral, Alfonsina Storni… La poesía siempre me conmovió mucho, por eso me gustaban esas autoras que expresaban puros sentimientos y eran muy románticas y evadían ciertas realidades.

-¿Y cómo fue que llegó a publicar?

-Cuando cumplí 15 mi papá me regaló una máquina de escribir Remington –para mí fue una alegría enorme-, entonces yo tipeaba mis cuentos y me iba con mi rollito por las redacciones de las revistas. Ahí pedía hablar con los jefes de redacción, y yo creo que me tenían lástima [se ríe], porque era tan chiquita. En esa época me habrán publicado treinta cuentos.

Me acuerdo que le di para leer mi poesía a un señor que sabía bastante y me dijo que todavía me faltaba mucho, y me recomendó leer a [Pablo] Neruda. Ahí me enamoré totalmente, me volví fanática. Es el día de hoy que pongo una adjetivación y me doy cuenta que es de él.

-¿Cuál es la tarea del escritor?

-El escritor tiene que ampliar su mirada y abrirse a todo lo que sucede. Sobre todo los que nos consideramos posmodernos, que estamos más comprometidos con lo social y queremos interpretar los sentimientos de distintas clases, no sociales, humanas. Esas son técnicas, se logra con ejercicios literarios, pero la construcción literaria nace después. La belleza… No hay literatura sin belleza. Se puede describir un vómito pero tiene que ser con belleza literaria. Eso es lo que tiene que lograr el escritor: transformar la realidad por medio de la palabra, pero siempre con belleza. La literatura no tiene que ser ni fría ni informativa: tiene que transformar. De eso se trata, de una continua metáfora de la realidad.

-¿Para qué le puede servir la literatura a alguien que se acerca a su grupo?

Para poder volcar sus sentimientos y sentirse más libre. Al reconocer sus sentimientos el escritor se puede reconocer a sí mismo y a su vez encontrar una forma de expresión. Hay gente que lo encuentra en la música o en la pintura, otros necesitan escribir y volcarse sobre una página en blanco para sentirse vivos, conocerse, extraer las emociones e irlas conociendo de a una. Puede haber expresiones sencillas, como una fuente de comida caliente en la mesa de una familia, que expresa amor. Pero el que tiene una necesidad más profunda evidentemente busca formas de expresión artísticas. Y de ahí tiene que surgir el escritor. Eso es lo que yo busco, el escritor que hay en cada uno: y te aseguro que no hay dos iguales. A lo largo de los años te puedo decir que son todos distintos.

-¿Qué fue lo mejor que le dio la literatura?

Formas de expresar amor… En la vida hay dos emociones que son las raíces de todo: el miedo, que es la raíz del odio, el rencor, la mentira; y el amor. Entonces tenemos que elegir. A mí la literatura me dio una forma maravillosa de expresar y recibir amor. Encontré mi forma de amar en la literatura.

 

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