San Vicente

Los personajes tienen miedos que atraviesan a toda la gente

El psicoanalista y escritor argentino, Gabriel Rolón, traerá a la Sociedad Italiana de San Vicente, este sábado a las 21:30hs, su obra “historias de diván”; obra de la cual también es el actor protagónico.

Los personajes tienen miedos que atraviesan a toda la gente
El Diario Sur

  Del diván, al papel y, del papel, al escenario. Gabriel Rolón, en diálogo con Radio Extremo, reveló que su obra es muy dura, pero "sin golpes bajos”. El autor explicó que los miedos por los que los personajes atraviesan son los mismos que los que tiene toda la gente para generar así empatía con el público; y resaltó que todos los casos tienen algo de "extraordinario”.    ¿Conoces San Vicente?-Nunca fui a San Vicente a trabajar, por lo que va a ser la primera vez que presente una obra ahí. Tengo mucha adrenalina, a mí conocer un lugar nuevo de mi patria me encanta; porque no se ama lo que no se conoce. Tengo muchas ganas y muchas expectativas de encontrarme con el público de San Vicente.-Tu obra se trata un poco de encontrar emociones que la gente no experimenta tan seguido ¿Puede ser?  -Es como vos decís. Secretos de diván es una obra que apunta a la emoción. Una obra muy fuerte, muy dura; pero sin golpes bajos. Trata de ser veraz. Está basa en hechos reales pero, a la vez, es muy cuidadosa con respecto a las personas que me dejaron contar sus historias en los escenarios; pero sin por eso quitarle la potencia emocional que genera un relato de un paciente en un consultorio. Buscamos que el público pueda conectarse con los personajes y con nosotros mismos, que solemos terminar todas las funciones emocionados.-Y, con respecto al libro en el que está basado, ¿cómo surge la idea?-La editorial me viene a buscar para escribir un libro y yo, en vez de escribir uno sobre divulgación teórica del psicoanálisis, me pareció que la mejor forma de divulgar lo que hacemos es contar directamente, en un relato, lo que pasa adentro del consultorio. Así, le propuse a la editorial un libro de casos clínicos, basado en historia reales. Hablé con los pacientes, pedí autorizaciones y así surgió. Creo que la manera más contundente, si vos querés  por ejemplo saber cómo cantaba Cerati, no es  que decirle qué registro, o que voz tiene; no. Ponele un disco de Cerati y la gente se va emocionar por ese cantante extraordinario. Yo sentí lo mismo con secretos de diván.-Sos super multifacético porque sos psicoanalista; escribiste un libro; y ahora, encima, te subís al escenario y sos el protagonista ¿Dónde te sentís más cómodo?-Son momentos diferentes, muy intensos. El consultorio es otra cosa, porque tenés la historia de ese paciente que se está desgarrando en el diván, las intervenciones para sacarlos de ese nivel de angustia. Tiene un compromiso muy fuerte. El libro, si querés,  es lo más relajado en apariencia porque lo haces en tu casa. Lo podes releer, tachar, corregir; pero, también, es muy fuerte porque podes trascender con él. También, el teatro tiene una cosa muy maravillosa que es que estás en vivo. Recibís el impacto del público, su emoción. Los tres ámbitos son muy movilizantes.-Los casos que relatas, ¿son casos extremos o algo que le puede pasar a cualquier persona?, ¿o una mezcla de los dos?-Es una mezcla de los dos porque todos son los suficientemente potentes. Cuando escribís un caso, tiene que tener algo extraordinario para que al lector le llame la atención pero, al mismo tiempo, atravesado por emociones que sentimos  todos hoy en días,  para generar empatía con la gente. Los miedos que los personajes atraviesan son el miedo de la perdida, a la sexualidad, a los traumas infantiles y la lucha entre la pulsión de vida y la muerte. Son temas que atraviesan a toda la gente.-¿Cómo fue el momento en el que les hiciste la propuesta a tus pacientes de utilizar su historia para contarlas? -Primero la leyeron. Nosotros mismos no pensábamos que iba tener el impacto que tuvo. Debe ser el libro más vendido de los últimos años desde que salió. Entonces no imaginábamos semejante repercusión. Todos leyeron su historia, la respetaron y la aprobaron. Yo elegí a los pacientes a los que no les podía hacer ningún mal que yo escribiera sobre eso y con los que tenía la suficiente confianza como para trabajar este aspecto. Les di la historia, y estuvo todo perfecto. Y, después, han venido a verla, incluso en más de una ocasión.-