Rugby juvenil

La M16 de Porteño aplastó a Las Heras

El equipo de menores de 16 años del club sanvicentino se impuso el último sábado como local por 34 a 7 y hubo una fiesta de tries y buen rugby. La proyección de un equipo que promete y que ya sueña con la Primera.
lunes, 19 de octubre de 2015 · 02:06

El equipo de menores de 16 años de Porteño le ganó el último sábado como local a Las Heras Rugby Club por 34 a 7. El partido, que desde un principio se presentaba como un duelo parejo, fue dominado de punta a punta por los sanvicentinos, que sacaron una gran ventaja en el score a partir del segundo tiempo.

Teño, que mostró su mejor faceta en el sector ofensivo, sumó sus excelsos 34 puntos gracias a los dos tries de Valentín Cáceres, los dos de Jonathan Hermosilla y a los de Facundo Ramos y Miguel Garcés. Franco Rodríguez, por su parte, sumó las conversiones. Y desde el lado de Las Heras, sólo hubo un try, con su respectiva conversión.

La cómoda victoria ante un rival duro, por el torneo oficial de la URBA, no hace más que confirmar a la M16 de Porteño como el equipo prometedor y aguerrido, que, según confían en el club ubicado en la zona rural de San Vicente, tiene grandes proyecciones de cara al futuro. El entrenador, Jodi Noceda, asegura: "Cuando estos chicos suban a Primera, van a ser los encargados de darnos el ascenso al grupo III. Son buenísimos”.

Ya en la parte final del campeonato –sin chances matemáticas, pero con la tranquilidad de haber mostrado a lo largo del certamen un rugby de primer nivel- los chicos de Teño se preparan para afrontar los próximos partidos y después, luego de un descanso, "ponernos con todo con la pretemporada para dar el batazo el año que viene”.

El partido

En la antesala del encuentro, Las Heras se presentaba como un desafío complicado, para nada accesible, que Porteño sólo podría sortear favorablemente con un juego parejo y equilibrado. Y eso fue lo que ocurrió. En el arranque, durante los primeros minutos, los sanvicentinos se toparon con un rival duro y agresivo, que buscaba atacar sin complejos, aunque mostraba grandes deficiencias para llegar al try.

Los locales, en tanto escatimaban en la búsqueda del tackle, eran más decididos en la ofensiva y, con variantes, abrían el marcador, dominando el juego. Con una importante tenencia de pelota y una atractiva lucha cuerpo a cuerpo, los de San Vicente prevalecían en todos los sectores de la cancha, pero, apelotonados en el juego central, no lograban marcar tries y despegar en el marcador.

Así, con Porteño arriba y sin tantos en contra, terminaba la primera parte, aunque nada aseguraba que el desarrollo del partido no pudiera cambiar. Y es que de hecho, durante los primeros minutos del complemento, Las Heras marcaba su primer try y amenazaba con seguir llegando.

Sin embargo, después de ese ‘tirón de oreja’, el equipo sanvicentino mostró un claro cambio de actitud y en su forma de encarar el rugby. Abriendo la cancha, haciendo un interesante juego de manos y, sobre todo, con un despliegue ofensivo avasallante, sacaba una luz de distancia en el marcador gracias los tries de Cáceres, Hermosilla, Garcés y Ramos. Los hermanos Juliá, por su parte, se destacaban en la lucha de la mitad del campo. Y la nota sobresaliente de la tarde ingresaba desde el banco de suplentes: Jonathan Farías, un jugador obediente y batallador, aportaba en los minutos finales del partido la dosis de fiereza que Porteño pedía a gritos.

Con todo, la matriz de los de azul y celeste –el intenso juego de ataque sostenido por un aceitado engranaje colectivo- no daba lugar a la elección de una figura excluyente: los quince jugadores que estuvieron en cancha tuvieron una importancia fundamental a lo largo de los 80 minutos.

Así, sobre el final, el encuentro se volvió un monólogo de los de San Vicente, que aplastaban a su rival de punta a punta y, buscando por los extremos, lo llenaban de tries. En ese sentido, hubo corridas conmovedoras y, además, en el contacto, Porteño prevaleció con contundencia y autoridad. Y aunque, es cierto, le faltó algo de tackle, en el cierre mostró una indudable solidez defensiva expresada en su mayor virtud: el juego en campo contrario.

 

 

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