MUESTRA FOTOGRÁFICA

Enfocar con el ojo interior y hacer ‘click’ con una cámara

Esa es la propuesta que se plantea en el curso fotográfico dictado en nuestra localidad. Como muestra del trabajo de todo el año, realizaron un exposición abierta el público.
viernes, 19 de diciembre de 2014 · 12:18

Una vez más el arte ataca nuestra localidad y esto es más que positivo. De la mano de Graciela Puppo, el Centro Cultural La Casona contó entre sus atracciones con una muestra fotográfica organizada por las alumnas del taller que allí se dicta.

"Yo me dedico a la fotografía desde hace siete años de una forma no académica. De hecho yo he pasado por otras disciplinas también, en talleres literarios, estudié percusión desde el año 2008, asique mi propuesta era trabajar la expresión a través de la fotografía. Osea, no es que sólo vimos aspectos técnicos del medio fotográfico sino que lo ampliamos leyendo cuentos, siempre incentivando a que escriban sobre las fotos, recurriendo a otras fuentes como Kandinsky quien habla sobre el color y la sombra. También soy iluminadora teatral de la compañía "Jícara”, ex compañía Diario Mundo y se trabaja mucho la poesía, el teatro de abstracción, de manipulación de objetos, la iluminación, todo eso despertó como aspectos más poéticos, un contacto no tan técnico”, comienza a contar Graciela sobre todos los conocimientos que ha acumulado a lo largo del tiempo. "Todos esos elementos me impulsan a mí a trabajar en el taller, más allá de la fotografía, en la expresión interna a través de la misma. Qué es lo que querés decir y ahí ir a buscar la foto, como si eso fuera un reflejo de algo interior”, explica intensamente.

-¿Cuántos alumnos hay en el taller?

Finalmente quedaron tres mujeres que son las que expusieron: Victoria Elías de 16 años, Ana Borbelli que es una jubilada y Patricia García.

Para todos aquellos curiosos que quieran participar en algún momento de esta propuesta, ella nos cuenta más detalles: "el taller es para todas las edades; de hecho la más joven que después se mudó, tenía 14 años. Es muy bueno en el sentido de convivir las distintas visiones, condimentos que cada uno trae de su vida, los distintos contactos con la tecnología, con todo el hambre de la experimentación o la fe en sí misma. Por ahí la gente grande se queda mucho con ‘yo no puedo, ya estoy vieja’ y eso fue parte del pulimiento en el taller; esto es un oficio, hay que seguir buscando. La clave está en que si uno puede verbalizar internamente, lo puede plasmar en el exterior más fácilmente; ese era como un poco el lema del taller”.

-¿Cómo surgió la idea de la expo?

Yo más o menos en noviembre empecé a preguntar qué les parecía la idea de armar una muestra mostrando un poco todo el trabajo que realizamos. También hubo mucha labor de edición de fotos que ellas habían sacado antes y ahí empiezan a autocriticarse para bien, que forma parte también del progreso de un fotógrafo y se expusieron esas fotos de una forma más completa; pensando en una composición.

-¿El curso lo terminaron con esta muestra o siguen en el verano? La idea es continuar, justo ahora el espacio cerró por el verano, pero hay posibilidades de seguir en el Instituto Buscaglia, en la Biblioteca Mitre o un lugar en Korn que también me propusieron. La voluntad de continuarlo en el verano está, pero no sé exactamente en dónde.

La muestra que resultó del trabajo y el aprendizaje de todo el año estuvo montada desde el jueves 11 al jueves 18, bajo el lema que le da nombre al taller: ”La expresión fotográfica y uno”.

"La muestra también contó con una intervención musical, de la mano de Carolina Epíscopo, Sebastián Scrivano y mía. Estudio percusión desde el año 2008 en el taller El Alboroto Percusión (coord. por Matías Suárez) hoy localizado en Banfield. Además la tuve de profe a Carolina hace algunos años y con Sebastián empecé este año en un taller que había arrancado en La Casona, y luego seguió con clases particulares en su casa, y asistiendo a un taller que brindó en el Intituto Buscaglia de construcción de djembé (tambor africano) con pasta de aserrín y transmisión de toques de ese tambor y su cuerda”, detalla.


UN CUENTO PARA EMPEZAR

Para hacer partícipe al lector de cada detalle, Graciela comparte el cuento que inició el tallery que plantó las bases de las ideas que seguirían.


Este cuervo es vecino mío. Jamás le he hecho el menor daño, pero tiene buen cuidado en mantenerse en la copa de los árboles, volar alto y evitar la humanidad. Su mundo empieza donde se detiene mi débil vista.

Ahora bien, una mañana nuestros campos se hallaban sumidos en una niebla extraordinariamente espesa y yo caminaba a tientas hacia la estación. Bruscamente aparecieron a la altura de mis ojos dos alas negras y enormes, precedidas de un pico gigantesco y todo se alejó como una exhalación y con un grito de terror como espero no volver a oír otro en mi vida. Este grito me obsesionó toda la tarde. Llegué hasta el punto de mirarme al espejo, preguntándome qué habría en mí de espantoso.

Por fin comprendí. La frontera entre nuestros dos mundos se había borrado a causa de la niebla. El cuervo, que se imaginaba volar a su altura acostumbrada, vio de pronto un espectáculo sobrecogedor, contrario para él a las leyes de la Naturaleza. Había presenciado una manifestación de la rareza más absoluta que puede concebir un cuervo: para él, un hombre volador...

Ahora, cuando me ve desde arriba, lanza unos pequeños gritos, y yo descubro en ellos la incertidumbre de un espíritu cuyo universo se ha desquiciado. Ya no es, ya no volverá a ser como los otros cuervos. " ( Cuento anónimo )

 

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