Animales necesitados

Todos los perros van a lo de Ana

Un matrimonio vive con 40 perros en su casa y tiene a cargo otros 50 en una quinta. Junto a algunos voluntarios, llevan a delante “El Refugio de San Vicente”, una entidad que rescata perros de la calle para darlos en adopción.
martes, 14 de julio de 2015 · 11:48

En la casa de Ana María Bianchi viven dos personas y más de 40 perros. Es una vivienda digna, como la mayoría de las del barrio El Fortín –donde se encuentra ubicada- con un patio atrás y una galería adelante, pero con una particularidad: la de ostentar un potente olor a perro encerrado que roza lo nauseabundo. El amor casi patológico que Ana tiene por los animales es lo que posibilita que esta mujer casada, de unos 55 años, resigne su bienestar en pos de darle hogar y comida a perros enfermos, tullidos o simplemente abandonados.

Además de los 40 de su casa, Ana y su marido, Daniel, están a cargo del cuidado de otros 50 perros que tienen en una quinta que un familiar les presta. Junto a cuatro voluntarios y a otra mujer que tiene 70 perros más en su casa, conforman la institución "El Refugio San Vicente”, que busca atender perros abandonados y darlos en adopción.

"Yo siempre junté perros que me encontraba por la calle y que veía que estaban atropellados o con algún problema –relata Ana desde la galería de su casa, rodeada de unos 15 animales- Y bueno, en el barrio la gente ve que tenés tres perros adelante y entonces cuando no pueden tener alguno te lo traen, ya sea porque esté alzado, porque no le pueden dar de comer o simplemente porque no los quieren. Y yo no me puedo negar: si les digo que no, los bichos quedan tirados en la esquina y mueren de hambre o pisados por un coche”.

Ana asegura que, si bien nunca tuvo menos de veinte animales, el auge de su hogar como protector de canes comenzó hace cuatro años, cuando, tras una redada municipal contra los perros callejeros, las instalaciones de Zoonosis –la institución gubernamental encargada del control animal- quedaron saturadas. "Los cachorritos que agarraron no tenían chances de sobrevivir ahí, mezclados con los perros mordedores; así que yo, pensando que no me iban a dar bola, les dije que me podían traer algunos de los chiquitos”.

La inocente propuesta de Ana no sólo fue aceptada por Zoonosis, que comenzó a llevarle perros, sino que también fue avalada por el Municipio, que hasta hace unos meses le llevaba bolsas de alimento y bidones cloro. Ana y su marido llegaron a convivir con 80 perros en su casa. Actualmente, las cuatro decenas de animales se reparten entre el modesto patio del fondo, la galería y el interior de la casa. "Mi calidad de vida es espantosa”, reconoce Ana, sincera y altruista.

-Señora, usted está medio loca, eso lo sabe, ¿no?

-Ana: No, del todo loca. Mi hijo mismo me dijo que no va a venir más… Hace dos años que no viene.

-¿Y por qué hace esto?

-En primer lugar, no me puedo resistir a la mirada de los bichos cuando están tirados; siento que yo estoy mejor y ellos están mal y me hace pelota. Y en segundo lugar porque siento vergüenza ajena por las personas que miran y no ven, que dejan tirado a un perro, o maltratan un caballo, o tienen un chico en ojotas en pleno invierno. No puede existir todo este abandono y que a nadie le importe.

Es verdad que algunos perros en mi casa pueden llegar a estar peor. Aquellos –señala Ana- no tenían tanta sarna cuando vinieron, y algunos se agarraron moquillo acá, porque ya el hacinamiento no me permite aislarlos para curarlos; pero yo sé que si quedan en la calle, o los mata un auto o tienen una muerte horrible. Entonces apuesto a que tengan una posibilidad de salvación en un hogar con comida, y que puedan morir bien, no tirados en un zanjón sin que nadie los mire. Ojalá yo acá los pudiera tener mejor y hacer que sobrevivan más; hoy por hoy de diez que me traen a lo mejor se salvan dos.

Ana cuenta, además, que los casi 100 perros que se encarga de cuidar consumen –a razón de medio kilo cada uno- 50 kilos de alimento por día, que se complementan con las donaciones de sobras que dos restaurantes de San Vicente le acercan a diario. Sin embargo, el mayor gasto que su afición al salvataje canino le impone viene por el lado de los tres empleados a los que el matrimonio les paga por atender a los animales en la quinta de la calle Viamonte. "Son como $ 9 mil al mes, la mitad del sueldo de mi marido”.

Ana y Daniel no están del todo solos en su cruzada contra el abandono canino. Alicia Buscaglia, una maestra jubilada del pueblo, coopera encargándose de conseguir donaciones de alimento y organizando rifas. Y así, otros tres voluntarios colaboran en "El Refugio”, que además recibe los favores del veterinario Juan Ardohain.

Manuel Nieto

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