El barrio La Toma o La Nueva Esperanza, como sushabitantes prefieren que se lo llame, es, sin lugar a dudas, el más postergadode todo el Partido de San Vicente y el que más sufrió las últimas inundaciones.A más de diez días de la última lluvia, muchos de sus vecinos continúanautoevacuados y sus precarias casas de chapa, con 20 centímetros de aguaadentro.
La Toma nació el 26 de julio de 2012, cuando un grupo devecinos organizados provenientes de distintos barrios del Distrito usurparon unpredio de unas diez hectáreas ubicado en Alejandro Korn, entre los barriosVilla Coll y La Esperanza.
En esa zona, que otrora formó parte de una laguna yque consecuentemente es muy inundable, se instalaron, de un día para elotro, unas 270 familias, a las que el clima no les dio unabienvenida cálida. Las fuertes lluvias de agosto de aquel año sepultaron bajoel agua las flamantes casillas y los nuevos vecinos tuvieron que inaugurar lanefasta tradición de autoevacuarse.
Dentro de La Toma, funcionan dos merenderos y el Centro Cultural 29 de Julio, que hace las veces de centro formal del barrio. Su fundadora, la dirigente social Inés Benítez, que fue una de las principales organizadoras de la primera usurpación, dialogó con El Diario San Vicente. "Este barrio nació por la necesidad habitacional de los vecinos, primero de los de acá y después de otros lados, por eso tuvieron que venir a ocupar, explicó.
"Desde 2012 nosotros venimos luchando por que se nos aplique la Ley de Expropiación de Tierras. Eso lo hemos logrado y los terrenos están en proceso de legalizarse. Además queremos una obra hídrica para no seguir inundándonos, aseguró la referente y relató que la obra ya fue proyectada en una mesa de trabajo entre los vecinos del barrio y la Secretaría de Tierra y Vivienda.
"La obra, que ya está pensada y Nación se comprometió a hacerla, constaría de tres ramales que saquen el agua para que siga su curso natural. Costaría más de $ 35 millones, que es mucha plata pero para el Estado es un vuelto y para nosotros significaría salvar vidas, puntualizó Inés.
En referencia a la situación legal de los vecinos del asentamiento, la dirigente social afirmó: "Vos podés ir a preguntarle a cualquiera de esta gente si quiere pagar por su terreno para poder tener su propiedad legalmente y pagar sus impuestos, vas a ver que te van a responder que sí. Porque son todos laburantes y lo único que quieren es vivir en paz.
La mayoría de esos habitantes pioneros, que sufrieron laprimera inundación, vieron los riesgos de vivir en esos terrenos bajos ydecidieron entonces mudarse a unas pocas cuadras, donde el agua desagota algomás rápido. Otros, resignados, decidieron abandonar La Toma y volver a susbarrios.
Pero para cuando esos vecinos originales tomaron concienciade la locura que implicaba vivir en esa "olla, el orden ya había sidoquebrantado. El dato de la usurpación corrió subterráneamente entre parientes yamigos, y más familias carenciadas del Conurbano bonaerense vinieron hastaAlejandro Korn a concretar el sueño de tener su propio terreno.
En esa corrida,tampoco faltaron los negocios: según relatan los vecinos, más de un usurpadorprevio aprovechó la ocasión para vender las "propiedades a la gente quellegaba, en precios que rondaban los $ 5000.
Así, familias que se acercaron desde puntos variados del surdel Conurbano, como Florencio Varela, Quilmes o Lomas de Zamora, se instalaronen La Toma, que luego pasó a llamarse La Nueva Esperanza.
Lógicamente, lausurpación recibió una denuncia penal por parte de la empresa propietaria delos terrenos, y tres jueces federales ordenaron el desalojo del barrio, que seintentó hacer con la Policía en febrero del año pasado, pero que fue frustradopor la organización de los vecinos, quienes, otra vez inundados, decidieron, enaquella ocasión, quedarse en sus casillas "a aguantar.
En la actualidad, secalcula que viven en el barrio unas 560 familias, compuestas en gran parte por inmigrantesde países limítrofes, como el Paraguay. Otra de las características salientesde la población de La Nueva Esperanza, es la gran cantidad de parejas dejóvenes de menos de 20 años que viven en el barrio con sus hijos. La mayoría delos varones trabajan en la construcción como albañiles, y la porciónmayoritaria de las mujeres no trabaja.
Amelia, una de las vecinas del barrio, reflejó el dramasanitario que sufreLa Nueva Esperanza a raíz de la última inundación: "Sellenó de pibes con forúnculos, infecciones en la piel, ronchas y hongos. Ydespués hay mucha gente con neumonía y bronco espasmo, pero eso es todo el tiempo,porque acá gran parte del año estamos con agua y después, una vez que baja, nosqueda toda la humedad adentro. Los colchones casi siempre están mojados.
Mariana, que tiene 30 años y llego a "La Toma en 2012 desdeGlew con su marido y sus cuatro hijos, le contó su situación a El Diario SanVicente: "Perdí todo; no me quedó nada. Tengo medio metro de agua en mi casa.Ahora estoy viviendo en lo de mi hermana y dejé a mis hijos con mi mamá, perocuando baje el agua voy a volver para acá; otra no me queda.






