Emergencia sanitaria

“La Toma”: el drama de vivir inundados

Estuvimos en “La Toma”, el asentamiento más carenciado de Alejandro Korn y el que más sufrió las inundaciones. Muchas casas continúan bajo el agua y los vecinos autoevacuados. Reclaman una obra hídrica.
jueves, 27 de agosto de 2015 · 02:30

El barrio La Toma o La Nueva Esperanza, como sus habitantes prefieren que se lo llame, es, sin lugar a dudas, el más postergado de todo el Partido de San Vicente y el que más sufrió las últimas inundaciones. A más de diez días de la última lluvia, muchos de sus vecinos continúan autoevacuados y sus precarias casas de chapa, con 20 centímetros de agua adentro.

La Toma nació el 26 de julio de 2012, cuando un grupo de vecinos organizados provenientes de distintos barrios del Distrito usurparon un predio de unas diez hectáreas ubicado en Alejandro Korn, entre los barrios Villa Coll y La Esperanza.

En esa zona, que otrora formó parte de una laguna y que consecuentemente es muy inundable, se instalaron, de un día para el otro, unas 270 familias, a las que el clima no les dio una bienvenida cálida. Las fuertes lluvias de agosto de aquel año sepultaron bajo el agua las flamantes casillas y los nuevos vecinos tuvieron que inaugurar la nefasta tradición de autoevacuarse.

Dentro de La Toma, funcionan dos merenderos y el Centro Cultural 29 de Julio, que hace las veces de centro formal del barrio. Su fundadora, la dirigente social Inés Benítez, que fue una de las principales organizadoras de la primera usurpación, dialogó con El Diario San Vicente. "Este barrio nació por la necesidad habitacional de los vecinos, primero de los de acá y después de otros lados, por eso tuvieron que venir a ocupar”, explicó.

"Desde 2012 nosotros venimos luchando por que se nos aplique la Ley de Expropiación de Tierras. Eso lo hemos logrado y los terrenos están en proceso de legalizarse. Además queremos una obra hídrica para no seguir inundándonos”, aseguró la referente y relató que la obra ya fue proyectada en una mesa de trabajo entre los vecinos del barrio y la Secretaría de Tierra y Vivienda.

"La obra, que ya está pensada y Nación se comprometió a hacerla, constaría de tres ramales que saquen el agua para que siga su curso natural. Costaría más de $ 35 millones, que es mucha plata pero para el Estado es un vuelto y para nosotros significaría salvar vidas”, puntualizó Inés.

En referencia a la situación legal de los vecinos del asentamiento, la dirigente social afirmó: "Vos podés ir a preguntarle a cualquiera de esta gente si quiere pagar por su terreno para poder tener su propiedad legalmente y pagar sus impuestos, vas a ver que te van a responder que sí. Porque son todos laburantes y lo único que quieren es vivir en paz”.

La mayoría de esos habitantes pioneros, que sufrieron la primera inundación, vieron los riesgos de vivir en esos terrenos bajos y decidieron entonces mudarse a unas pocas cuadras, donde el agua desagota algo más rápido. Otros, resignados, decidieron abandonar La Toma y volver a sus barrios.

Pero para cuando esos vecinos originales tomaron conciencia de la locura que implicaba vivir en esa "olla”, el orden ya había sido quebrantado. El dato de la usurpación corrió subterráneamente entre parientes y amigos, y más familias carenciadas del Conurbano bonaerense vinieron hasta Alejandro Korn a concretar el sueño de tener su propio terreno.

En esa corrida, tampoco faltaron los negocios: según relatan los vecinos, más de un usurpador previo aprovechó la ocasión para vender las "propiedades” a la gente que llegaba, en precios que rondaban los $ 5000.

Así, familias que se acercaron desde puntos variados del sur del Conurbano, como Florencio Varela, Quilmes o Lomas de Zamora, se instalaron en La Toma, que luego pasó a llamarse La Nueva Esperanza.

Lógicamente, la usurpación recibió una denuncia penal por parte de la empresa propietaria de los terrenos, y tres jueces federales ordenaron el desalojo del barrio, que se intentó hacer con la Policía en febrero del año pasado, pero que fue frustrado por la organización de los vecinos, quienes, otra vez inundados, decidieron, en aquella ocasión, quedarse en sus casillas "a aguantar”.

En la actualidad, se calcula que viven en el barrio unas 560 familias, compuestas en gran parte por inmigrantes de países limítrofes, como el Paraguay. Otra de las características salientes de la población de La Nueva Esperanza, es la gran cantidad de parejas de jóvenes de menos de 20 años que viven en el barrio con sus hijos. La mayoría de los varones trabajan en la construcción como albañiles, y la porción mayoritaria de las mujeres no trabaja.

Amelia, una de las vecinas del barrio, reflejó el drama sanitario que sufreLa Nueva Esperanza a raíz de la última inundación: "Se llenó de pibes con forúnculos, infecciones en la piel, ronchas y hongos. Y después hay mucha gente con neumonía y bronco espasmo, pero eso es todo el tiempo, porque acá gran parte del año estamos con agua y después, una vez que baja, nos queda toda la humedad adentro. Los colchones casi siempre están mojados”.

Mariana, que tiene 30 años y llego a "La Toma” en 2012 desde Glew con su marido y sus cuatro hijos, le contó su situación a El Diario San Vicente: "Perdí todo; no me quedó nada. Tengo medio metro de agua en mi casa. Ahora estoy viviendo en lo de mi hermana y dejé a mis hijos con mi mamá, pero cuando baje el agua voy a volver para acá; otra no me queda”.

 

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