Pocos sanvicentinos podrían mencionar sus apellidos, escierto, pero es indudable que FabiánIbarra, Rosario Neuman y José Fernández son tres de las personasmás conocidas de San Vicente y que sus nombres son, para todos, sinónimos delnoble oficio de las tijeras: la peluquería.
Entre risas, chistes cómplices y chicanas cruzadas, los trespeluqueros de varones más célebres de la ciudad dialogaron con ElDiario San Vicente en lo que fue un encuentro histórico que duró más de doshoras y se llevó consigo varios vasitos de café. "Nosotros para la gente somos psicólogos, confidentes, consultores,coincidieron.
Acerca de su historia con la peluquería, José, que tiene 51 años y es el mayorde los tres, relata: "Yo trabajaba con mi tío Pascal, en su negocio, y élquería que continuara con eso, pero desde antes de terminar la primaria yo yasabía que quería ser peluquero. "Me acuerdo que mi abuelo se afeitaba anavaja, la verdadera navaja, y llegó un momento en que ya no veía entonces leprohibieron que la use. Y ahí lo empecé a afeitar yo, y él también me pedía quele corte el pelo, y yo no sabía, entonces me daba una bronca bárbara, rememoraJosé, a lo que Fabián interrumpe: "Ah, pero seguís igual, sin saber cortar.(Risas)
"Como ya estaba seguro continúa José- busqué un lugar paraaprender y en el `86, con 21 años, pude abrir mi primera peluquería, que es enla que sigo hasta hoy, [Sobre la calle Bolívar, a una cuadra de la Iglesia], enla casa que era de mi tía. Empecé con un ropero, un espejo y una portátil. "Yahora seguís igual, toma de punto Rosario.
En el caso de Fabián,el encuentro con su oficio tiene algunos tintes de casualidad. "Había terminadola secundaria y estaba buscando laburo y no se conseguía; y si bien me gustabanunca había pensado en ser peluquero. Pero vi una academia en Avellaneda y memetí. Era el año `86 yo tenía 19 años- y ahí empecé a trabajar en distintaspeluquerías, como la de Daniel Delmónico, en Alejandro Korn, hasta que en el`94 abrí mi primer local en San Vicente, en la calle Rodríguez Peña, a ochentametros de la avenida. Después fui pasando por diferentes locales acá en SanVicente y ahora hace nueve años que tengo la peluquería adelante de mi casa [enJuan José Paso al 50], relata Fabián, de 49 años.
Por su parte, Rosario,que tiene 41 años, pareciera haber nacido con una tijera en la mano. "Tanto mipapá, Victor, como mi mamá, Nelly, son peluqueros, y también mi hermano, quefalleció. A los diez años me acuerdo que me animé y le dije a mi vieja `Dameque le corto el pelo a papá´ ya alguna noción tenía porque estaba todo el díaahí- y como me salió bastante bien, me llevaron a estudiar. Al principio no mequerían tomar pero después me evaluaron y me terminé quedando. Arranqué enmarzo del `85 y en ese mismo diciembre, con once años, ya estaba recibido. Ahíempecé a ayudar a mi vieja haciendo cortes y todo. Tuvimos varias peluqueríasen San Vicente y ahora, hace cuatro años, cuando Fabián se fue de acá [de lagalería comercial que queda sobre 9 de Julio al 50], me vine sólo, narraRosario.
-¿Cómo es serpeluquero en un pueblo como San Vicente?
-Fabián: Y, eslindo, es otro trato con la gente, es más familiar. A la mayoría los conocés detoda la vida entonces les preguntás por la familia, te cuentan, se sientencómodos. En otros lados a la gente quizá no le gusta hablar. Te das cuentacuando vienen de los countries, que son más parcos.
-Rosario: Sí, lestirás de la lengua y les cuesta, no están acostumbrados a ese tipo de trato
-Fabián: Porquenosotros somos psicólogos, confidentes
-Rosario:Consultores
-José: Podríamoshacer un libro. La cantidad de infidelidades que sabemos son impresionantes(risas).
-Fabián: Por ahí viene una mujer y te cuenta que le parece que elmarido es infiel y después cae el tipo y te cuenta con qué mina anda. Entoncesuno tiene que escuchar y tener contacto pero no decir nada.
-Rosario: O mismoviene gente triste, que se separó, y uno los tiene que contener, decirles queva a estar todo bien.
Los tres peluqueros, en su salsa, manejan la charla entrebromas y carcajadas con soltura y un claro código común que los une. A la horade las anécdotas, se luce Fabián, recordando al cliente varón que lo dejópasmado con un sentido "me gustás,o con el hombre mayor que buscaba establecer contacto físico con su peluquero ylo arengaba: "dale, no seas mañero;pero José, por su lado, no se queda atrás: "Vino un cliente y como tenía muchagente terminé de cortarle tarde. Me dijo que si volvía a esa hora la mujer nole iba a creer que estuvo cortándose el pelo y entonces, en broma, me pidió quele haga una especie de certificado. Al día siguiente volvió con la mujer a lapeluquería y tuve que atestiguarle que su marido efectivamente se había cortadoel pelo. Se separaron al tiempo. En sintonía, también Rosario aporta: "Vino untipo que era casado y me empezó a contar que estaba teniendo una relación consu secretaria. Pero tenía el celular en el bolsillo y se le activó una llamadaa la mujer, que escuchó todo. Cuando se dio cuenta cortó y al toque lo llamó lamujer para decirle que había escuchado y que no vaya a dormir a la casa esanoche.
Sobre el manejo deinformación propio de su profesión, Fabián reflexiona: "Nosotros no podemoscontar nada porque después, si se corre la bola, el cliente sabe que fuistevos. "Claro, es como el secreto profesional de los psicólogos, redondea José.
Consultados sobre la mayor satisfacción que les da suprofesión, los peluqueros apuntan: "Que los clientes vuelvan. Y después tambiéntraspasar las generaciones: que venga el hijo o hasta el nieto de un cliente detoda la vida. "Somos muy apasionados de esto asegura José- es lo que más nosgusta. Rosario suma: "Es algo muy lindo porque no es sólo limitarse a cortar,también está charlar con la gente que es una parte muy importante y divertidadel oficio.
Confesiones de peluqueros
Acerca del tiempo que lleva cada corte, Fabián, enexclusiva, revela: "Hay cortes, como el de algún señor medio pelado, que lospodés hacer en quince minutos. Entonces lo tenés que charlar un poco yestirarla para que se vaya en 20 o 25 minutos porque sino la gente se ofende ypiensa que le cortaste apurado. "Y después cuando te piden cosas que sabés quevan a quedar mal tenés que tratar de persuadir al cliente de que no se lo hagaporque después anda por la calle y te hace mala publicidad, confiesa, entrerisas, Fabián, con el apoyo de sus dos colegas.
Manuel Nieto








