Efemérides

¡Feliz día del peluquero!

El 25 de agosto se celebró el día del peluquero y El Diario San Vicente reunió a José, Rosario y Fabián, tres de los máximos exponentes de la profesión en el Distrito, quienes hablaron de eso que más les apasiona: cortar el pelo.
domingo, 30 de agosto de 2015 · 16:06

Pocos sanvicentinos podrían mencionar sus apellidos, es cierto, pero es indudable que Fabián Ibarra, Rosario Neuman y José Fernández son tres de las personas más conocidas de San Vicente y que sus nombres son, para todos, sinónimos del noble oficio de las tijeras: la peluquería.

Entre risas, chistes cómplices y chicanas cruzadas, los tres peluqueros de varones más célebres de la ciudad dialogaron con El Diario San Vicente en lo que fue un encuentro histórico que duró más de dos horas y se llevó consigo varios vasitos de café. "Nosotros para la gente somos psicólogos, confidentes, consultores”, coincidieron.

Acerca de su historia con la peluquería, José, que tiene 51 años y es el mayor de los tres, relata: "Yo trabajaba con mi tío Pascal, en su negocio, y él quería que continuara con eso, pero desde antes de terminar la primaria yo ya sabía que quería ser peluquero”. "Me acuerdo que mi abuelo se afeitaba a navaja, la verdadera navaja, y llegó un momento en que ya no veía entonces le prohibieron que la use. Y ahí lo empecé a afeitar yo, y él también me pedía que le corte el pelo, y yo no sabía, entonces me daba una bronca bárbara”, rememora José, a lo que Fabián interrumpe: "Ah, pero seguís igual, sin saber cortar”. (Risas)

"Como ya estaba seguro –continúa José- busqué un lugar para aprender y en el `86, con 21 años, pude abrir mi primera peluquería, que es en la que sigo hasta hoy, [Sobre la calle Bolívar, a una cuadra de la Iglesia], en la casa que era de mi tía. Empecé con un ropero, un espejo y una portátil”. "Y ahora seguís igual”, toma de punto Rosario.

En el caso de Fabián, el encuentro con su oficio tiene algunos tintes de casualidad. "Había terminado la secundaria y estaba buscando laburo y no se conseguía; y si bien me gustaba nunca había pensado en ser peluquero. Pero vi una academia en Avellaneda y me metí. Era el año `86 –yo tenía 19 años- y ahí empecé a trabajar en distintas peluquerías, como la de Daniel Delmónico, en Alejandro Korn, hasta que en el `94 abrí mi primer local en San Vicente, en la calle Rodríguez Peña, a ochenta metros de la avenida. Después fui pasando por diferentes locales acá en San Vicente y ahora hace nueve años que tengo la peluquería adelante de mi casa [en Juan José Paso al 50]”, relata Fabián, de 49 años.

Por su parte, Rosario, que tiene 41 años, pareciera haber nacido con una tijera en la mano. "Tanto mi papá, Victor, como mi mamá, Nelly, son peluqueros, y también mi hermano, que falleció. A los diez años me acuerdo que me animé y le dije a mi vieja `Dame que le corto el pelo a papá´ –ya alguna noción tenía porque estaba todo el día ahí- y como me salió bastante bien, me llevaron a estudiar. Al principio no me querían tomar pero después me evaluaron y me terminé quedando. Arranqué en marzo del `85 y en ese mismo diciembre, con once años, ya estaba recibido. Ahí empecé a ayudar a mi vieja haciendo cortes y todo. Tuvimos varias peluquerías en San Vicente y ahora, hace cuatro años, cuando Fabián se fue de acá [de la galería comercial que queda sobre 9 de Julio al 50], me vine sólo”, narra Rosario.

-¿Cómo es ser peluquero en un pueblo como San Vicente?

-Fabián: Y, es lindo, es otro trato con la gente, es más familiar. A la mayoría los conocés de toda la vida entonces les preguntás por la familia, te cuentan, se sienten cómodos. En otros lados a la gente quizá no le gusta hablar. Te das cuenta cuando vienen de los countries, que son más parcos.

-Rosario: Sí, les tirás de la lengua y les cuesta, no están acostumbrados a ese tipo de trato

-Fabián: Porque nosotros somos psicólogos, confidentes…

-Rosario: Consultores…

-José: Podríamos hacer un libro. La cantidad de infidelidades que sabemos son impresionantes (risas).

-Fabián: Por ahí viene una mujer y te cuenta que le parece que el marido es infiel y después cae el tipo y te cuenta con qué mina anda. Entonces uno tiene que escuchar y tener contacto pero no decir nada.

-Rosario: O mismo viene gente triste, que se separó, y uno los tiene que contener, decirles que va a estar todo bien.

Los tres peluqueros, en su salsa, manejan la charla entre bromas y carcajadas con soltura y un claro código común que los une. A la hora de las anécdotas, se luce Fabián, recordando al cliente varón que lo dejó pasmado con un sentido "me gustás”, o con el hombre mayor que buscaba establecer contacto físico con su peluquero y lo arengaba: "dale, no seas mañero”; pero José, por su lado, no se queda atrás: "Vino un cliente y como tenía mucha gente terminé de cortarle tarde. Me dijo que si volvía a esa hora la mujer no le iba a creer que estuvo cortándose el pelo y entonces, en broma, me pidió que le haga una especie de certificado. Al día siguiente volvió con la mujer a la peluquería y tuve que atestiguarle que su marido efectivamente se había cortado el pelo. Se separaron al tiempo”. En sintonía, también Rosario aporta: "Vino un tipo que era casado y me empezó a contar que estaba teniendo una relación con su secretaria. Pero tenía el celular en el bolsillo y se le activó una llamada a la mujer, que escuchó todo. Cuando se dio cuenta cortó y al toque lo llamó la mujer para decirle que había escuchado y que no vaya a dormir a la casa esa noche”.

Sobre el manejo de información propio de su profesión, Fabián reflexiona: "Nosotros no podemos contar nada porque después, si se corre la bola, el cliente sabe que fuiste vos”. "Claro, es como el secreto profesional de los psicólogos”, redondea José.

Consultados sobre la mayor satisfacción que les da su profesión, los peluqueros apuntan: "Que los clientes vuelvan. Y después también traspasar las generaciones: que venga el hijo o hasta el nieto de un cliente de toda la vida”. "Somos muy apasionados de esto –asegura José- es lo que más nos gusta”. Rosario suma: "Es algo muy lindo porque no es sólo limitarse a cortar, también está charlar con la gente que es una parte muy importante y divertida del oficio”.

Confesiones de peluqueros

Acerca del tiempo que lleva cada corte, Fabián, en exclusiva, revela: "Hay cortes, como el de algún señor medio pelado, que los podés hacer en quince minutos. Entonces lo tenés que charlar un poco y estirarla para que se vaya en 20 o 25 minutos porque sino la gente se ofende y piensa que le cortaste apurado”. "Y después cuando te piden cosas que sabés que van a quedar mal tenés que tratar de persuadir al cliente de que no se lo haga porque después anda por la calle y te hace mala publicidad”, confiesa, entre risas, Fabián, con el apoyo de sus dos colegas.

Manuel Nieto

Comentarios

Otras Noticias