San Vicente

Casa Martini, la ferretería de los pescadores

Funciona en el pueblo hace 36 años. “Nenucho”, su dueño, siente satisfacción cuando ayuda a los clientes a solucionar un problema doméstico. Y nunca deja de lado su hobby: la pesca.

Casa Martini, la ferretería de los pescadores
El Diario Sur

"Siempre fui medio habilidoso; bah, de meter la mano entodos lados. Y así aprendí”, cuenta Carlos "Nenucho” Martini, uno de losferreteros históricos de San Vicente. Tiene 73 años y dice que está jubilado,pero la realidad es que cada tarde se lo ve atrás del mostrador de su negocio,aconsejando a los clientes, buscando el repuesto justo, encontrando la mejorboya para sacar una tarucha en la laguna de Chascomús.

Desde 2002, Casa Martini –ferretería y tienda de artículos parapesca- está ubicada en Sarmiento 235. Antes estuvo sobre la misma avenida, enla esquina de 9 de Julio. Allí abrió el negocio "Nenucho” en 1980. Y sucedió alalmacén de ramos generales de la familia Vílchez, que había funcionado en ellugar por alrededor de 100 años.

"Me había cansado de mi trabajo y quise emprender algo pormi cuenta”, relata Marini, que en aquel momento tenía 37 años y se desempeñabacomo tesorero en la empresa eléctrica SADE. "Renuncié un viernes y el sábadocompré el local. Si bien no tenía experiencia en el rubro, tenía conocimientode herramientas porque mi padre había sido albañil”, recuerda.

Por esos años, había en San Vicente solo tres ferreterías.Martini resalta su buena relación con Víctor Elso, que le hizo establecercontactos con algunos de sus primeros proveedores, y se ufana de haber sido"pionero” en abrir el negocio los domingos a la mañana. "Sobre todo en aquellaépoca, la gente del pueblo viajaba para ir a trabajar, y quizás también teníaocupados los sábados. Entonces los domingos era el único día libre en el que podíanarreglar cosas en sus casas. Fue muy útil para los clientes y para nosotros,porque se trabaja bien”, reflexiona.

La ferretería tiene sus particularidades, como lainabarcable cantidad de productos que se trabajan, o la ignorancia de losclientes con respecto a los productos que van a comprar. En ese punto, Marinive la mayor luz de su oficio: "Es muy lindo porque el 90 % de la gente queentra al negocio no tiene idea de lo que quiere ni cómo se llama; entonces esuna satisfacción adivinar lo que precisan y poder asesorarlos”.

En tanto, como la peor parte, el ferretero rememora "épocasfinancieramente muy malas, como al final del gobierno de Memem, cuandoestuvimos a punto de fundirnos”. "Después fuimos repuntando –explica-. Lo quepasa es que a nosotros nos perjudican mucho los cambios de precios, porquemanejamos muchos artículos y proveedores, y todo se vuelve caótico”.

De a poco, Martini prefiere ir dejando paso en sunegocio, a tal punto que hoy la titular es su hija. Además tiene otro hijo,tres nietos y un hobby indispensable: la pesca. A la hora de las anécdotas,recuerda una máquina para armar cartuchos de escopeta que le quedó "de clavo”en el local anterior de la ferretería. "No tenía ni idea de cuánto valía nicómo usarla, así que la usé de adorno. Hasta que un día vino un amigo del campoy me la quiso comprar. Se la terminé cambiando por un cordero”, ríe.