El de los Peverelli es un negocio familiar, de padres ehijos. En la ferretería de la avenida Sarmiento al 1100, reciben a los clientesy charlan. "Muchos son amigos que vienen hace más de 20 años. Es una relaciónhermosa, cuenta Roberto, de 68, que fundó el comercio en 1992 junto a otrosdos socios, Virginia y Luis Iguain, quienes se abrieron al poco tiempo. Pero elnombre con las tres sílabas iniciales sobrevivió: Ro-Vi-Lu, toda una marcaregistrada.
Al poco tiempo de haber empezado la secundaria, Lucas, elhijo de Roberto, dejó los estudios y se dedicó de lleno a la ferretería. Ahoratiene 37 años y recuerda los comienzos: "Empezamos como bulonera. Pero SanVicente no daba para eso; no le vendíamos un bulón a nadie. Después fuimosincorporando otros rubros como sanitarios y electricidad, hasta que nosconsolidamos como ferretería.
Para instalarse, los Peverelli tuvieron un aliadofundamental: el barrio Eva Perón, que a mediados de los años 90 estaba en plenaetapa de construcción. "Muchos de los vecinos empezaron a comprarnos pararefaccionar sus casas y hacer mantenimiento. Algunos son clientes bárbaros, quevienen desde que se mudaron hasta ahora, relata Roberto. Y suma: "Ahora estazona creció muchísimo. Pero cuando arrancamos era más difícil.
En la tarea de todos los días, padre e hijo estánacompañados por la madre, Graciela, y el hermano menor, Tato. "Somos muyfamilieros; nos gusta trabajar juntos y no depender de nadie, reflexionan. Yagregan: "Lo malo de la ferretería es que es muy esclavo. Son 12 horas todoslos días y abrimos todos los domingos. Pero no nos quejamos porque elegimosesto.
Como todos en su rubro, lidian con la ignorancia de losclientes que tienen que solucionar problemas pero no saben cómo. "Hay que tenermucha paciencia y tratar de entender a la gente para ayudarla. Muchas veces teinventan lo que no hay. Te piden un caballo que vuela porque les dijo elplomero y vos le tenés que hacer entender que eso no existe, explica Roberto.Y cuenta que suelen prestarles herramientas a los amigos, y que mantienen unamuy buena relación con sus colegas ferreteros, con los que se compartenmercadería cuando es necesario.
Todos en la familia son hinchas de Independiente. Y tienenotra pasión, el Club Deportivo San Vicente. Lucas integró la comisión directivadesde los 18 años y llegó a ser vicepresidente. Roberto lo explica: "Cuando yojugaba al fútbol, me lo llevaba a él con nueve meses. El que quedaba desuplente lo cuidaba.






