¿A cuántos vecinos de Alejandro Korn les habrá cortado elpelo "Gaby Casares, peluquero en el pueblo hace 44 años? ¿A cuántos habráimpresionado con su sillón antiguo, que dice que es inglés? ¿A cuántos leshabrá caído simpático? ¿Cuántos se habrán enganchado con su forma tan expresivade contar anécdotas? ¿Cuántos lo habrán llamado exagerado y cuántos habrán preferido creerle? ¿Cuántos notaron que semueve por toda la peluquería interpretando personajes, hablándole a cada clientepara que se sienta incluido? ¿A alguno se le habrá cruzado por la cabeza laidea de que la verdadera pasión de Gaby quizás sea actuar y no cortar el pelo?
No existen estadísticas que puedan responder con certezaesas preguntas. Pero lo que Gaby recibe a diario en su peluquería de la calle Seguíal 200 es el cariño de sus tres generaciones de clientes. Es un lugar deencuentro. Charlan los que se conocen de toda la vida y los que se acaban deconocer. Gaby es una especie de conductor de TV que busca que todos se sientan cómodos.No pareciera ser una tarea fácil, pero le sale bien.
Sin embargo, el peluquero asegura que ya no es como antes."Cuando recién abrí, en la época en que en el pueblo había más carros que autos,la peluquería para la gente era como un boliche. Yo ponía la pava y ellos sesentaban a fumar y tomar mate. Los tipos se cortaban y después se quedaban unahora más charlando. Ahora vienen y se van enseguida. Y todavía se quejan sitenés mucha demora. Andan todos a mil, describe.
Gaby nació en Galicia y su familia vino a la Argentinacuando él era niño. Su juventud la vivió en La Matanza, donde estudió para sertornero. Pero conoció a un amigo peluquero y le dio por dedicarse a lastijeras. Su mujer, Ermitas, lo arrastró hasta Alejandro Korn en 1972. Y a los24 años fundó su negocio.
"Acá no había ninguna peluquería moderna en ese tiempo, quehicieran corte a navaja o modelado o baño de crema. Y la gente me decía que lomoderno no iba a funcionar. Pero yo veía que había jóvenes, entonces mearriesgué, relata. Y sigue: "Llegó a ser un boom. En un momento hacía 30 o 40cortes por día. Era tremendo.
Desde entonces no paró. Ya está jubilado, pero elige seguirtrabajando. Y si se va de vacaciones, a la semana ya empieza a extrañar yquiere volver a abrir. Entonces, ¿Cuál es la peor parte del trabajo? Duda. Yresponde: "Creo que cuando te toca algún cabello muy difícil. Después, hacealgo que le sale muy bien: graficar con un ejemplo. "Una vuelta vino un chinoque tenía los pelos durísimos. Yo intenté hacerle el corte que me pidió pero sele paraban los pelos y no lo podía emparejar. Tardé y me puse nervioso. Alfinal se lo mojé para dibujarlo un poco y se fue contento. El cabello de loschinos es como alambre, cuenta. A su alrededor, los clientes ríen.
Sin proponérselo, Gaby formó una familia de peluqueros. Suhijo Diego se especializó en mujeres y tiene su propio salón. Ermitas y el otrohijo, Daniel, abrieron la Academia Casares, donde forman futuros competidorespara el padre.
En busca de historias excéntricas, Gaby suma un clienteinfartado "que zafó y un joven que pidió "algo nuevo, que no tenga nadie. "Seme ocurrió dibujarle una pelota de fútbol en la cabeza, con los gajos. Leencantó al pibe, dice. También hay otro cliente que le llama la atención,porque viene desde que abrió y se hace siempre el mismo corte, pero nuncaquiere charlar con él.
¿Existe alguna clave para ser peluquero? "Sí, influye muchoel carácter. Yo siempre les enseñé a mis hijos que el 50 por ciento es laprofesión saber cortar el pelo y hacerlo bien- y el otro 50 por ciento es laatención que le das al cliente. Si uno tiene cara de perro o es inestable, a lagente no le gusta. Jamás hay que volcar los problemas de afuera adentro de lapeluquería.
Recuadro I (la foto de la familia completa cortándose entreellos)
Sin proponérselo, Gaby formó una familia de peluqueros. Suhijo Diego se especializó en mujeres y tiene su propio salón. Ermitas y el otrohijo, Daniel, abrieron la Academia Casares, donde forman futuros competidorespara el padre.







