Antonio López tiene en su cabeza una base de datos de grantamaño. De ahí salen nombres completos y direcciones exactas de vecinos de todoSan Vicente y Alejandro Korn. No se le escapa una. Por esa razón y por algunasotras, los amigos y compañeros que cosechó a lo largo de 49 años recorriendolas calles del distrito lo apodaron "El cartero loco. Desde que se jubiló,hace algunos meses atrás, muchos preguntan por él; lo extrañan.
López nació en Paraná, Entre Ríos, en 1950, y a los sieteaños se trasladó con su familia a Alejandro Korn. Desde los 14 empezó atrabajar como repartidor de diarios, hasta que a los 16, por intermedio de sumadre, logró entrar al Correo Argentino. Su primer puesto fue el de mensajero,en San Vicente. "En aquella época era un pueblo muy lindo y muy tranquilo.Todavía estaban las palmeras en la avenida Sarmiento. Yo repartía telegramas yencomiendas, recuerda sobre la década del 60.
Cuando se hizo mayor de edad, le llegó el momento delascenso. Así se convirtió en cartero, y lo asignaron a Alejandro Korn, elpueblo en el que se movería por los siguientes 45 años. Poco a poco se fuetransformando en una personalidad de la zona, un amigo querido por todos.Paraba a refrescarse en el bar Don Pepe ubicado frente al mástil- o en el deHilario Romagnoli, que quedaba frente a la plaza. Las señoras solían convidarleel almuerzo. Él, siempre en su bicicleta, andaba para todos lados.
Desde su puesto, vio losgrandes cambios que sufrió Alejandro Korn. "En 1971 éramos apenas siete milhabitantes, afirma López. Y empieza a reflejar esos tiempos en que "lostamberos iban a la estación a dejar la leche y después se quedaban tomando algoen los bares de enfrente. En su memoria ocupan un lugar privilegiado "laschicas que esperaban con mucha ansiedad las cartas de sus novios que estaban enla colimba. Y también las dos señoras a las que les devolvió grandes sumas dedinero que encontró.
En su rutina diaria, "el Loco salía a las nueve y media dela mañana y terminaba a las 15. En el medio, repartía entre 300 y 450 cartaspor día. Sus últimos tiempos los pasó recorriendo el centro de Korn y losbarrios Sargento Cabral, Los Amigos, Villa Coll, Villa Amelia, 17 de Octubre yEl Roll. Pero en años anteriores pasó por todo el pueblo. A veces llegabacansado a su casa, con dolor de piernas. En esos días nunca le faltaban losmasajes de su mujer, Mari.
"El cartero es el tipo que hace que el correo funcione,explica López, que fue delegado sindical. "La mejor parte de mi trabajo ha sidoel afecto de toda la gente. Y lo peor son los días de lluvia, porque aunque elclima esté horrible, hay que salir a repartir igual, sostiene. Entre muchosnombres, elige a dos jefes que siempre estuvieron con él a lo largo del tiempoen el correo: Néstor Fallesen y Gregorio Lemos.
Ya retirado, López pasa ahora sus días entre sus cinco hijosy sus cinco nietos. Y no se aburre: mantiene la quinta en su casa del barrio LaEstelita y sigue colaborando con el vivero El Mayoral, como hace 40 años. Detodas formas, confiesa: "Mi único hobby siempre fue ir a trabajar.






