Primera escena. Una mesa larga adentro de untinglado. Parados e inquietos, una veintena de chicos de entre tres y cincoaños untan dulce de leche y arman alfajorcitos de maicena. Se ríen, gritan y semanchan. Dos profesores corren como locos para organizar el caos. Después,meriendan.
Segunda escena. En una pileta semi-olímpica,40 chicos que tienen seis, siete y ocho años aprenden a nadar. Tienen dosinstructores que los guían, con técnicas pero también con juegos. Escuchan elgrito: es hora de salir de la pileta. Se quejan y piden por favor "un ratitomás.
Tercera escena. En un playón de cemento, unosveinte chicos de nueve y diez años se reparten entre los aros de básquet y losarcos que usan para practicar handball. Todos juegan y se divierten, pero lesda el sol y tienen calor. El llamado para la pileta es una noticia festejada alos gritos.
Cuarta escena. En una cancha de césped, de 50metros por 25, varones y chicas de más de diez años juegan al fútbol mezclados.Ninguno parece creer que ese es un deporte exclusivo para hombres: todos correnatrás de la pelota sin ningún prejuicio. Y festejan los goles con la alegríaque corresponde.
Esas cuatro secuencias se desarrollan duranteuna tarde cualquiera de verano en la colonia de vacaciones del Club DeportivoSan Vicente. El predio polideportivo ubicado en la calle Lavalle al 500 es elescenario en el que los chicos disfrutan del sol, el agua y las vacaciones, yhacen uso de la pileta semi-olímpica, la cancha de fútbol 11, el playón, lacancha de césped, la red de vóley, los quinchos y la placita.
"Los chicos llegan a partir de las 14.30 yreparten el día entre la pileta, y el deporte y los juegos en el predio,comenta la coordinadora de la colonia, la profesora de educación físicaCarolina García. Y agrega: "Hacen fútbol, vóley, handball, básquet y hastasoftball. Y también les preparamos actividades lúdicas con circuitos, aunquetambién están los clásicos, como la mancha y la escondida, que nunca pasan demoda.
A la colonia del Depo llegan cada día 150niños de entre 3 y 14 años. Y, según los profesores a cargo de los grupos, elmomento favorito de la gran mayoría está en la pileta. "Tenemos clases denatación, que las hacemos con juegos o de la forma tradicional, y también lesdamos ratos libres para que se diviertan como quieran, cuenta Carolina, de 24años.
Otro de los momentos cumbre del verano en lacolonia es el del tradicional campamento. "Hicimos dos campamentos, porque laidea era que si algún chico se iba de vacaciones tuviera la posibilidad deestar aunque sea en uno. Porque es el momento que ellos más esperan, aseguraCarolina. Y enumera las actividades que desarrollaron durante el acampe: "A las18, cuando empezamos, hicimos un juego para mezclarlos e integrarlos. Despuéscada grupo tuvo que confeccionar una bandera y así participaron de lasactividades. Hasta que llegó la cena y luego el fogón, donde hubo murga ytodos, desde los más chicos a los más grandes, estuvieron muy prendidos. Lapasamos muy bien y se fueron a dormir a cualquiera hora.
Acerca de las virtudes de la colonia del Depo,Carolina destaca que todos los "profes son jóvenes con experiencia en el tratocon niños y que han forjado buenas relaciones con el correr de las semanas. "Aveces uno se encariña con algún chico y lo extraña cuando se va de vacaciones,grafica.
Y, sobre la dinámica de la actividad, afirma:"La idea es que todos puedan hacer amigos y compartir. El que no se va devacaciones tiene la posibilidad de disfrutar a pleno del verano rodeado decompañeros y cuidado por gente responsable que hace todo lo posible para queellos la pasen bien.
En cuanto a su rol personal, comocoordinadora, Carolina dice que es "un desafío y una responsabilidad muygrande, pero destaca que "es una alegría enorme ver que los chicos la pasanbien.






